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27 junio, 2019

VOCES EXPERTAS: PROGRAMA PARA EL DESARROLLO DE COMPETENCIAS EMOCIONALES EN EL ÁMBITO PENITENCIARIO

Autora: Marta Roldán Morillas

 

ADICCIÓN, EMOCIÓN, PRISIÓN

El uso y/o abuso de drogas aún hoy, constituye un importante problema de índole social.  Esta realidad es visible en contextos penitenciarios donde las cuestiones relacionadas con la adicción siguen siendo una de las principales preocupaciones. Los últimos datos publicados en la Encuesta sobre Salud y Consumo de Drogas en Internados en Instituciones Penitenciarias 2016, indica que el 75.3% de internos/as que cumplen condena en nuestro país, consumen drogas legales durante su estancia en prisión, y el 20.6% del total de internados/as consume drogas ilegales. La sustancia ilegal más consumida en el entorno penitenciario es el cannabis con un 19,4% de prevalencia. El 49.2% de los internos/as consumían drogas ilegales un mes antes de su entrada en prisión y el 67.8% consumía drogas legales 30 días antes de su ingreso en la cárcel.  Las sustancias más consumidas por los internos/as un mes antes del ingreso son: alcohol 64.9%; cannabis 37.8%; cocaína 24.8%; tranquilizantes 13.5%; heroína 12.2%.

La estancia en prisión constituye una oportunidad clara para la reducción de consumos problemáticos y la participación de los internos/as en intervenciones de carácter terapéutico. En esta línea, cabe destacar el convenio marco de colaboración en materia de drogodependencia entre la Asociación Proyecto Hombre y la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias. En base al compromiso por el trabajo en el medio penitenciario, Proyecto Hombre implementa programas de acogida y motivación para el tratamiento en módulos terapéuticos, gestiona comunidades terapéuticas intrapenitenciarias en algunas cárceles españolas y desempeña determinadas acciones específicas relacionadas con penas y medidas alternativas al internamiento en el centro penitenciario (Proyecto Hombre, 2018).

JUSTIFICACIÓN

La relación existente entre los procesos emocionales y el uso de drogas es incuestionable, la adicción a determinadas sustancias tóxicas repercute de manera directa en las vivencias emocionales, produciéndose alteraciones en la experimentación y/o percepción de determinadas emociones (Pérez García, 2013).

Por otro lado, una gestión emocional inadecuada y la incapacidad para reparar estados emocionales negativos influyen en el inicio y mantenimiento del consumo de sustancias, siendo en algunas ocasiones, la conducta adictiva una respuesta ante esta situación de malestar o descontrol (Limonero, Fernández-Castro, Tomás y Aradilla, 2009; Martínez López, 2016).

Existen multitud de investigaciones empíricas que evidencian como la respuesta emocional en personas drogodependientes es distinta a la de la población no consumidora (Brackett, Mayer y Warner, 2004; Ruiz, Cabello, Salguero, Castillo y González, 2009; Trinidad y Johnson, 2002).

Cabe destacar la revisión sistemática realizada en el año 2010 por los autores Kun y Demetrovics, en la que concluyen que el nivel de inteligencia emocional es más bajo en personas que consumen tabaco, alcohol y/o drogas ilegales, mostrando mayor resistencia en las competencias de descodificación y diferenciación de las emociones, además de en la regulación de éstas.

En relación al cannabis, Limonero, Gómez Romero, Fernández Castro y Tomás Sábado (2013) analizaron como el consumo de esta sustancia correlacionaba con niveles más bajos en reparación emocional. Comprobaron como las personas consumidoras de cannabis atienden menos a sus emociones, además, tienen menor capacidad que las personas que no consumen drogas para comprender y reparar sus experiencias emocionales.

Un estudio realizado en Massachusetts con una muestra total de 199 personas demuestra correlación entre como manejamos y percibimos, no solo emociones propias, sino también de otros, y el uso de alcohol y marihuana. Los resultados manifiestan que puntuaciones bajas de inteligencia emocional correlacionan con el uso y abuso de alcohol. Por otro lado, la regulación y gestión emocional deficitaria se relaciona con el uso de la marihuana (Manoj, 2012).

En cuanto al consumo de cocaína y la relación de éste con la inteligencia emocional, se confirma que las personas dependientes de esta sustancia muestran déficit en inteligencia emocional. En concreto, manifiestan peores puntuaciones en las dimensiones de emotividad, eficacia y rigidez. Además, tienen dificultades para reconocer expresiones faciales emocionales, especialmente la emoción de asco (Fernández-Serrano, Moreno-López, Pérez-García y Verdejo-García, 2012).

Por lo que refiere a consumos múltiples, las personas policonsumidoras muestran niveles más altos de alexitimia y amplificación somatosensorial. Además, se demuestra la relación entre el policonsumo y una mayor dificultad para identificar la tristeza, el miedo y el asco. Todo ello implica peor funcionamiento emocional y rendimiento neuropsicológico en comparación con el grupo no consumidor (Villalba y Verdejo, 2012).

Un mayor nivel de inteligencia emocional correlaciona positivamente con la adhesión al tratamiento, la motivación y el mantenimiento de la abstinencia a medio plazo de personas dependientes de cocaína (Morcillo, 2015).

Por otro lado, cabe destacar, la influencia del contexto penitenciario y las singularidades de éste, en el desarrollo emocional del interno/a. El proceso de adaptación, o también denominado proceso de prisionización, que experimenta la persona que ingresa en la cárcel, produce distorsiones emocionales, cognitivas, afectivas y perceptivas (Altamirano, 2013).

En relación a ello, se ha demostrado como las personas con perfil delictivo condenadas a prisión muestran niveles más bajos de inteligencia emocional obteniendo menores puntuaciones en los dominios de conciencia de las emociones a nivel intrapersonal e interpersonal y gestión emocional intrapersonal e interpersonal (García-Sancho, Salguero y Fernández-Berrocal, 2014).

Flur in einer Justizvollzugsanstalt

LA INTELIGENCIA EMOCIONAL COMO MARCO TEÓRICO

Según Fernández Berrocal y Ramos (2002, p.20) la inteligencia emocional es: “la capacidad para reconocer, comprender y regular nuestras emociones y las de los demás”. Desde esta perspectiva  la inteligencia emocional conlleva tres procesos:

  1. Percibir y reconocer las emociones, identificando de esta forma que sentimos.
  2. Comprender nuestros sentimientos y cambios emocionales
  3. Regular de manera eficaz las emociones.

Dada la difusión del concepto de Inteligencia Emocional a lo largo de estos años se han desarrollado multitud de modelos teóricos los cuales se agrupan en dos categorías generales, modelos de capacidad o modelos mixtos. Por un lado, los modelos de habilidad o capacidad contemplan la idea de que las habilidades emocionales son aprendidas y desarrolladas a lo largo de nuestras vidas. Entre los diferentes modelos de habilidad destaca el modelo de Mayer y Salovey (1997). Por otro lado, los modelos mixtos incluyen rasgos y dimensiones de personalidad estables en el tiempo, además de las habilidades de regulación emocional. Los modelos mixtos más relevantes son el modelo de Bar-On (1997) y la propuesta de Goleman (1995) (Lizerette, 2012).

PROPUESTA DE INTERVENCIÓN 

OBJETIVO GENERAL: Desarrollar competencias emocionales básicas en los usuarios del programa de deshabituación de Proyecto Hombre Granada para internos e internas drogodependientes en el Centro Penitenciario de Albolote.

OBJETIVOS ESPECÍFICOS:

  • Fomentar la identificación y expresión emocional.
  • Aumentar el grado de comprensión de emociones propias y de otros.
  • Favorecer la regulación de los estados emocionales.

DISEÑO DE INTERVENCIÓN

La finalidad de la propuesta de intervención es el desarrollo de competencias emocionales básicas, entendiendo competencia emocional como “el conjunto de conocimientos, capacidades, habilidades y actitudes necesarias para comprender, expresar y regular de forma apropiada los fenómenos emocionales” (Bisquerra, 2003, p.22).

El programa plantea la posibilidad de trabajar las habilidades de atención, claridad y reparación emocional a nivel grupal e individual, compaginando sesiones grupales y acciones a nivel particular con los/as participantes.

La metodología a seguir para la implementación de este proyecto ha de ajustarse a las características específicas del entorno, por ello ésta ha de ser flexible, dinámica y participativa.

 

PRUEBA PILOTO, RESULTADOS DE EVALUACIÓN 

Tras la fase de diseño del programa de intervención, se ha llevado a cabo la implementación de una prueba piloto de éste, en el módulo terapéutico del Centro Penitenciario de Albolote.

El objetivo fundamental de este pilotaje fue evaluar la puesta en marcha del programa, tratando con ello de comprobar la consecución de objetivos, valorar la idoneidad del contenido, actividades y herramientas y, además, optimizar el desarrollo del programa, modificando las deficiencias localizadas.

Las dimensiones evaluadas fueron las competencias emocionales de atención, claridad y regulación emocional. Para ello, se utilizó el cuestionarioTMM-S24 (Fernández-Berrocal; Extremera y Ramos, 2005) basado en TheTrait Meta- MoodScale (TMMS) del grupo de investigación de Salovey y Mayer. También se valoró el grado de satisfacción de los/as participantes en las sesiones impartidas con un cuestionario de satisfacción.

Los resultados obtenidos en la fase pre – test y post – test de esta práctica piloto se detallan en las siguientes figuras.

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A falta del análisis estadístico de los datos utilizando el análisis comparativo T de Student para muestras relacionadas, y tras una primera valoración de los cuestionarios pre- test y post- test obtenidos en la prueba piloto, se observan mejoras en las puntuaciones de atención, claridad y regulación emocional de la muestra, después de la implementación de las sesiones del programa.

En concreto, en la dimensión de atención emocional un 66,6% ha mejorado sus puntuaciones, en claridad emocional se observa una mejora del 46.66% y, por último, en la competencia de reparación emocional un 79.99% del total obtiene puntuaciones mejores en comparación a las medidas pre – test.

Esta primera valoración permite considerar la eficacia del programa de intervención en la práctica. Aun así, es necesario un análisis de resultados más riguroso que permita concluir si existen diferencias significativas en la muestra, respecto a la aplicación del programa y con ello, comprobar el alcance de los objetivos iníciales.

Por otro lado, fue fundamental estudiar el grado de satisfacción de los usuarios respecto a su participación en el programa. De esta forma, se realizó un análisis porcentual de los datos obtenidos. En la siguiente figura se exponen los porcentajes obtenidos en cada ítem.

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El análisis de los datos recogidos permite concluir que la mayoría de los/as participantes consideran adecuados los contenidos del programa, la organización de éste y el desarrollo de actividades. Aun así, sería adecuado revisar algunos conceptos teóricos abordados durante las sesiones y ampliar el número total de éstas.

DISCUSIÓN Y CONCLUSIONES

El abuso de sustancias, unido a la estancia en prisión, guarda una vinculación directa con las experiencias y estados emocionales de personas drogodependientes privadas de libertad.

El fomento de competencias emocionales constituye un gran reto terapéutico, por ello, es fundamental el abordaje de la gestión emocional dentro del proceso de tratamiento de las adicciones.

La puesta en marcha de propuestas como la que se plantea a lo largo de estas líneas, conlleva, sin lugar a dudas, una serie de limitaciones a tener en cuenta. Entre otras,  destacan la ausencia de programas y/o acciones de atención emocional en el medio penitenciario, los obstáculos propios del espacio carcelario o la imposibilidad de haber puesto en marcha el programa con grupos mixtos o grupos de mujeres.

Aun hoy, la invisibilidad de las mujeres en prisión, la cultura penitenciaria masculina, la diferenciación por sexos y la insuficiencia de recursos terapéuticos destinados a las mujeres condenadas hace difícil integrar la perspectiva de género en el diseño y desarrollo de programas de tratamiento.

La posibilidad de realizar en un futuro el programa con mujeres o grupos mixtos en el contexto penitenciario ha de ser uno de los propósitos próximos. Ello dará muestra de igualdad de oportunidades en cuanto al tratamiento de drogodependencias en prisión.

 

 

BIBLIOGRAFÍA 

Altamirano, Z. (2013). El bienestar psicológico en prisión: antecedentes y consecuencias. (Tesis doctoral). Universidad Autónoma de Madrid, España.

Bisquerra, R. (2003). Educación emocional y competencias básicas para la vida.

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Brackett, M., Mayer, J.  y Warner,  M. (2004). Emotionalintelligence and itsrelationtoeverydaybehaviour. Personality and Individual differences, 36(6), 1387-1402.

Fernández-Berrocal, P. y Ramos, N. (2002).Corazón y razón. En P. Fernández-

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Fernández-Berrocal, P., Extremera, N. y Ramos, N. (2004). Validity and reliabilityoftheSpanishmodifiedversionoftheTrait-Meta MoodScale. PsychologicalReport, 94, 751-755.

Fernández-Serrano, M., Perales-López, J., Moreno-López, L., Santos-Ruiz, A., PérezGarcía, M. y Verdejo-García, A. (2012). Impulsividad y compulsividad en individuos dependientes de cocaína. Adicciones, 24(2), 105-114. doi:http://dx.doi.org/10.20882/adicciones.102

García-Sancho, E., Salguero, J. y Fernández-Berrocal, P. (2014). Relation ship between emotional intelligence and aggression: A systematic review. Aggression and violentbehavior, 19(5), 584-591.

Kun, B. y Demetrovics, Z. (2010). Emotional intelligence and addictions: a systematicreview. Substance use and misuse, 45(7-8), (1131-1160).doi:

10.3109/10826080903567855.

Limonero, J., Fernández-Castro, J. y Aradilla, A. (2009). Relación entre inteligencia emocional percibida, estrategias de afrontamiento y felicidad. I Congreso de Inteligencia Emocional, España. Fundación Marcelino Botín, (267-283).

Limonero, J., Gómez-Romero, M. J., Fernández-Castro, J. y Tomás-Sábado, J. (2013). Influencia de la inteligencia emocional percibida y la impulsividad en el abuso de cánnabis en jóvenes. Ansiedad y Estrés, 19 (2-3), 223-234.

Lizeretti, N. (2012). La inteligencia emocional: una guía para el trabajo con las emociones en psicoterapia. En N.P. Lizeretti (Ed.), Terapia basada en inteligencia emocional: manual de tratamiento. Barcelona: Milenio.

Manoj, M. (2012). The relation ship between emotional intelligence and abuse of alcohol, marijuana, and tobacco among college students. Journalof Alcohol and DrugEducation, 56(1), 8.

Martínez López, A. (2016). Importancia de la resiliencia e inteligencia emocional en el consumo de cocaína. (Tesis doctoral). Universidad de Castilla la Mancha, España.

Morcillo, M. (2015). Inteligencia emocional y prevención de recaídas en pacientes en tratamiento por dependencia a la cocaína. (Tesis doctoral). Universidad Miguel Hernández de Elche, España.

Pérez, M. (2013). Alteraciones emocionales en pacientes drogodependientes. Revista de la Asociación Proyecto Hombre, 81, 13.

Plan Nacional Sobre Drogas. (2016). Encuesta sobre salud y consumo de drogas en internados en instituciones penitenciarias. Madrid: Ministerio de Sanidad,

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Proyectohombre.es (2018). Asociación Proyecto Hombre prevención y tratamiento de las drogodependencias y otras adicciones. Recuperado de http://proyectohombre.es/programas-existentes/

Ruiz, D., Cabello, R., Salguero, J., Castillo, R. y González, V. (2009). Inteligencia emocional y el consumo de cocaína en adolescentes. En Avances en el estudio de la inteligencia emocional (pp. 367-372). Fundación Marcelino Botín.

Trinidad, D. y Johnson, A. (2002). The association between emotional intelligence and early adolescent tobacco and alcohol use. Personality and Individual Differences, 32 (1), 95-105.

Villalba, E. y Verdejo, A. (2012). Procesamiento emocional, interocepción y funciones ejecutivas en policonsumidores de drogas en tratamiento. Trastornos adictivos, 14(1), 10-20. doi: 10.1016/S1575-0973(12)70038-7.

 

 

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