5 de diciembre: Día Internacional del Voluntariado

Autor: Asociacion Proyecto Hombre      03/12/2020     

Entrevista a Cristina, voluntaria de Proyecto Hombre Cantabria

Mi nombre es Cristina. Tengo 46 años y hace casi 5 que soy voluntaria en Proyecto Hombre Cantabria.

Mi labor:

Actualmente, mi labor consiste en acompañar a las personas que se encuentran en Comunidad Terapéutica en sus salidas de ocio.

En las salidas que hacemos cada lunes, hablamos del tiempo, de trucos de pesca, sobre la última edición de los “10000 del Soplao” o de lo que surja. De vez en cuando, hacemos alguna visita cultural: museos, exposiciones…

Algunas veces bajamos la guardia y nos contamos penas y preocupaciones, pero lo que más nos gusta es compartir nuestras alegrías y proyectos.

Nada especial para el común de los mortales, en realidad. Pero unas horas únicas para quienes la mayoría de las veces habían perdido las ganas y la ilusión por las cosas más cotidianas.

¿Por qué?

A menudo me preguntan por qué soy voluntaria. Y la realidad es que ni siquiera yo lo tengo muy claro.

Podría decir que es porque creo firmemente en la solidaridad como una de los cimientos del bien común. Y también podría decir que lo hago porque espero encontrar quien me ayude si algún día yo misma lo necesito.

Ambas cosas son verdad, pero se me quedan un poco cortas. Lo único que sé a ciencia cierta es que nunca he sido capaz de mantenerme indiferente ante los problemas y el sufrimiento ajenos; hoy por hoy el voluntariado es mi respuesta natural ante la inquietud que me provocan.

Sí tengo claro, en cambio, por qué en Proyecto Hombre. Y es que yo crecí en San Blas, un barrio de Madrid muy golpeado por la droga en los años en que fui adolescente.

Conviví con los estragos que la heroína causó en vecinos y conocidos. Sin embargo, fui muy afortunada y no cayó nadie en mi entorno más cercano. Pero solo fue cuestión de suerte.

Hay mucha gente capaz de sentir empatía por quienes lo estan pasando mal. Pero con frecuencia escucho afirmar que las adicciones responden a una elección propia…

Hay mucha gente capaz de sentir empatía por quienes lo están pasando mal. Pero con frecuencia escucho afirmar o sugerir que las adicciones responden a una elección propia, por lo que quien las padece no parece ser merecedor de ayuda (una opinión tan simplista que nunca dejará de sorprenderme).

A mi alrededor veo constantemente chavales haciendo botellón en el parque hasta vomitar, adolescentes que pasan las tardes encerrados en sus cuartos hablando con “amigos” a través de las redes sociales o jugando a videojuegos en red, señoras y señores que bajan cada día al bar a tomarse un cafelito y de paso echar unos euros a la máquina.

El consumo de porros está bastante tolerado y también el volver a casa dando tumbos después de una cena de empresa. Sabemos que las pastillas y otras drogas de diseño circulan por las discotecas que frecuentan nuestros hijos.

Y aún así, muchos piensan que eso a ellos nunca les pasaría; que perder el control es una elección propia. Yo tengo claro que no lo es.

¿Qué me aporta?

Mi colaboración en Proyecto Hombre me aporta muchas cosas y calma en cierta medida la inquietud de la que hablaba antes.

Principalmente me aporta alegría, optimismo y esperanza. 

Me siento parte importante de un equipo muy especial que incluye a usuarios, personal y voluntarios; un eslabón en el proceso de recuperación de las personas a las que acompaño.

Se trata en realidad de un intercambio. Una terapia de ida y vuelta.

Por mi parte me importa que sientan que no están solos, que además de sus familias hay gente que está dispuesta a aceptarles de igual a igual y darles la oportunidad de recuperar sus vidas.

Ellos a cambio me hacen ver que casi siempre hay luz al final del túnel. No puedo más que admirar la fuerza y el empeño que ponen cada día para seguir adelante y la ilusión con que se enfrentan a nuevos planes y objetivos.

Cada historia con final feliz supone para mí una alegría y una satisfacción tan grandes que no puedo explicarlas con palabras.

A día de hoy, no concibo mi vida sin los paseos de los lunes.