Bebidas energéticas y menores: regulación, riesgos y prevención
El Ministerio de Derechos Sociales, Consumo y Agenda 2030 ha anunciado una nueva normativa que plantea prohibir la venta de bebidas energéticas a menores de 16 años. Además, la restricción se ampliaría hasta los 18 años en el caso de aquellas bebidas que superen los 32 miligramos de cafeína por cada 100 mililitros.
La medida llega en un contexto de alta prevalencia de consumo. Según la última Encuesta ESTUDES del Ministerio de Sanidad, un 38,4% de los estudiantes de 14 a 18 años reconoce haber consumido bebidas energéticas en el último mes. Los datos confirman que no se trata de un consumo puntual, sino de un hábito extendido entre adolescentes.
En España, Asturias y Galicia ya se adelantaron en 2025 prohibiendo la venta a menores de 16 años, y otros países europeos como Reino Unido, Alemania o Polonia han adoptado o estudian medidas similares.
Un producto normalizado entre adolescentes
Las bebidas “energéticas” se han integrado en el ocio juvenil. Su marketing las vincula con el deporte, el rendimiento o la diversión, cuando en realidad su efecto principal se debe a su alto contenido en cafeína y azúcares simples.
Hace un tiempo publicamos en nuestra web una entrevista de la Dra. Rosaura Leis, coordinadora del Comité de Nutrición y Lactancia Materna de la Asociación Española de Pediatría, ha sido clara: no deberían ser consumidas en ningún caso por menores de 18 años.
Muchas de estas bebidas se comercializan en envases de medio litro que pueden contener una cantidad de cafeína equivalente a más de dos cafés expresos. Una dosis desproporcionada para un organismo en desarrollo.
Además, el consumo combinado con alcohol incrementa el riesgo, ya que la cafeína enmascara los efectos del alcohol y favorece una mayor ingesta y conductas de riesgo.
Más allá de la cafeína: un problema de hábitos
Desde Proyecto Hombre, abordamos esta cuestión desde la prevención y la educación en estilos de vida saludables. Las bebidas energéticas no son un fenómeno aislado: forman parte de un modelo de consumo asociado a inmediatez, rendimiento y normalización de sustancias estimulantes.
Los riesgos más frecuentes del consumo habitual incluyen:
- Irritabilidad, ansiedad e insomnio.
- Cefaleas y dificultad de concentración.
- Alteraciones cardiovasculares como taquicardia o aumento de la presión arterial.
- Desarrollo de tolerancia y dependencia
Además, distintos estudios señalan que el consumo de estas bebidas se asocia con otros hábitos de riesgo, actuando en ocasiones como puerta de entrada a otras sustancias.
Por eso, la regulación es un marco necesario, pero debe ir acompañada de información clara, etiquetado adecuado, limitación de la publicidad dirigida a menores y educación en hábitos saludables desde edades tempranas.
Como señala la Asociación Española de Pediatría, los estilos de vida saludables adquiridos en la edad pediátrica son un seguro de salud durante todo el ciclo vital.
Preguntas frecuentes sobre bebidas energéticas y menores
1. ¿Son realmente “energéticas”?
El término puede resultar engañoso. Se denominan así por su contenido en azúcar, pero sus efectos principales no provienen de un aporte saludable de energía, sino de su alto contenido en sustancias estimulantes, especialmente cafeína. No son refrescos convencionales ni bebidas deportivas.
2. ¿Tienen algún beneficio si el adolescente practica deporte?
No. El rendimiento físico debe apoyarse en entrenamiento adecuado, descanso y una correcta hidratación, cuyo pilar fundamental es el agua. Las bebidas para deportistas son diferentes en composición y solo deberían utilizarse en situaciones concretas y bajo recomendación profesional. Las bebidas estimulantes no están indicadas para menores de 18 años.
3. ¿Pueden generar dependencia?
Sí. El consumo habitual puede producir tolerancia y dependencia. La cafeína es una sustancia potencialmente adictiva cuando se consume con frecuencia y en grandes cantidades. El azúcar también refuerza conductas de repetición. Con el tiempo, el adolescente puede sentir que necesita la bebida para rendir, concentrarse o mantenerse activo.
Una responsabilidad compartida
La accesibilidad y la publicidad influyen de forma decisiva en los hábitos de consumo, especialmente en población vulnerable como niños y adolescentes. Por eso, la regulación es una herramienta relevante y la prevención requiere también implicación de familias, profesionales sanitarios, educadores y entidades sociales.
En Proyecto Hombre seguiremos trabajando desde la información rigurosa, la educación crítica y la promoción de estilos de vida saludables. Porque prevenir no es alarmar: es cuidar.

Si quieres conocer más, te invitamos a leer la entrevista completa que le hicimos a la Dra. Rosaura Leis, coordinadora del Comité de Nutrición y Lactancia Materna de la Asociación Española de Pediatría.