Día Internacional de la Mujer: las “malas” no existen, el estigma sí
Visibilizar también es acompañar
La relación entre género y adicciones requiere un análisis específico. Las condiciones sociales, culturales y relacionales que atraviesan la vida de las mujeres influyen tanto en la forma en que se manifiestan los consumos problemáticos como en el acceso, la permanencia y los resultados del tratamiento.
Durante años, los problemas de adicción han sido interpretados mayoritariamente desde parámetros masculinos, invisibilizando las experiencias específicas de las mujeres y las barreras añadidas que enfrentan. Entre ellas, el estigma social, la doble penalización moral y la presión de los mandatos de género que cuestionan su rol como madres, hijas o cuidadoras.
Desde Proyecto Hombre, este 8 de marzo abordamos esta realidad desde la evidencia. A través de los datos de nuestro Observatorio y de la experiencia acumulada en nuestros centros, visibilizamos las barreras que retrasan la solicitud de ayuda y la necesidad de integrar de manera transversal la perspectiva de género en la intervención.
Porque visibilizar también es acompañar, y acompañar exige comprender, adaptar y transformar.
Una realidad que los datos confirman
Desde 2013 la presencia de mujeres atendidas en Proyecto Hombre ha ido creciendo de forma lenta pero sostenida. En 2024 el 19,1% de las personas usuarias han sido mujeres, frente al 80,9% de hombres. Este aumento no responde necesariamente a un incremento del consumo problemático entre mujeres, sino a una mayor disposición a pedir ayuda, pese a las barreras estructurales que aún persisten.
El perfil que muestran los datos del Observatorio 2024 nos habla de una realidad compleja:
- La edad media de las mujeres que acuden a tratamiento es de 41/42 años, más de 2 años superior a la de los hombres (39.4)
- El alcohol adquiere mayor protagonismo como sustancia principal (47,3%) y el consumo de benzodiacepinas y otros sedantes sigue siendo comparativamente superior entre las mujeres (1.3%) frente a los hombres (0.3%)
- El 54,3% de mujeres trabajan a tiempo completo siendo menor que el de los hombres (71.6%).
- La precariedad es mayor en las mujeres, tanto en la situación de desempleo como de empleo a tiempo parcial (con horario regular/irregular o temporal) el porcentaje es mayor que el de los hombres.
- La segunda fuente principal de ingresos en las mujeres es la pensión o la seguridad social, mientras que en los hombres es la ayuda de compañeros, familiares y amigos.
Las barreras que retrasan el acceso al tratamiento
Las mujeres con problemas de adicción enfrentan una doble penalización social y moral que retrasa su acceso a los tratamientos. El estigma, tanto en el ámbito privado como profesional, genera miedo al juicio, a la discriminación y a no ser bien recibidas, incluso por parte de profesionales de la salud. En muchos casos, la familia minimiza el problema o lo vive con vergüenza, lo que refuerza el silencio y la ocultación. Este temor se intensifica especialmente entre aquellas que tienen hijos menores, por el miedo a perder su custodia si reconocen públicamente su situación.
A estas barreras se suman factores estructurales como la dependencia económica, la precariedad laboral o las dificultades geográficas para acceder a los recursos. Muchas mujeres priorizan el cuidado de los demás por encima del suyo propio, mientras que otras arrastran experiencias traumáticas como violencia de género, abusos, entre otras situaciones, que condicionan su proceso terapéutico.
Una mirada de perspectiva de género en nuestros programas
Como señala Elena Presencio, Directora General de Proyecto Hombre: «Desde la organización hemos hecho un esfuerzo para tener una mirada de perspectiva de género en nuestros programas de atención y de prevención también. (…) Lo que se necesita es formación, se necesitan estudios, como los que tenemos en el observatorio y se necesita también una sensibilización, como la que trabajamos con nuestras campañas específicas con el tema de mujeres y adicciones.».
Desde Proyecto Hombre trabajamos cada día para seguir promoviendo:
- Programas de prevención, tratamiento, evaluación y reinserción sociolaboral con enfoque de género teniendo en cuenta la diversidad de situaciones en las que se encuentra una mujer que acude a nuestros centros.
- Formación continua en perspectiva de género y nuevas masculinidades dirigida a profesionales para lograr un abordaje completo de la problemática de las adicciones.
- Estudios y datos que orienten las decisiones y campañas de comunicación que conciencien a la sociedad.
Mª Paz de la Puente Martín, Directora Proyecto Hombre Valladolid, recuerda que durante décadas la perspectiva en el tratamiento ha sido esencialmente masculina lo que dificultó el acceso y la adherencia de las mujeres. Por su parte, Leticia Aranda Alda, Coordinadora de Comunidad Terapéutica de Proyecto Hombre Castellón lo explica con claridad: «Cuando una mujer siente que está en el lugar adecuado y que sus necesidades concretas son reconocidas, permanece más tiempo en tratamiento y mejora en todas las áreas de su vida.»
La perspectiva de género es sin dudas una condición para una mejor intervención
Programas y recursos de Proyecto Hombre para mujeres
En los 28 centros de Proyecto Hombre se desarrollan programas que abordan las necesidades específicas de hombres y mujeres, ya sea Programas y recursos de atención específicos para mujeres, Programas específicos para hombres que abordan la coeducación en la igualdad de género, construcción de nuevas masculinidades, violencia de género, entre otras cuestiones, y Programas mixtos que trabajan la prevención de violencia y relaciones de dependencia afectiva por ejemplo.
Vivimos en una sociedad que muchas veces mira con miedo, con rechazo o con distancia. Y para que estas mujeres puedan rearmar su proyecto de vida necesitan otra mirada. Una mirada que no juzgue. Una mirada que reconozca su dignidad.
Volvemos a repetir: las “malas” no existen. El estigma sí. Y frente al estigma, nuestra respuesta es clara: visibilizar también es acompañar.