Día Mundial Sin Alcohol
Autoría: Julio Nuño, Proyecto Hombre Castilla La Mancha.

Esta fecha establecida por la Organización Mundial de la Salud (OMS) busca concienciar e informar sobre los daños físicos y psicológicos que produce el consumo de alcohol a nivel individual, pero también reflexionar sobre el efecto social.
Cuando, en los centros de la Asociación Proyecto Hombre descolgamos el teléfono para escuchar las palabras al otro lado, solemos encontramos con reticencia, con necesidad, con cierta desconfianza también, con deseo y con temor entremezclado, con angustia, con alivio a veces.
Mientras nos desgranan su relato nos hacemos un mapa somero, muy superficial, de una situación siempre difícil, sufriente y dolorosa.
Nos pueden hablar de una relación insostenible, de un ir y venir por recursos (públicos o privados) o de ser la primera vez que se ven en un brete similar. Sentimos la necesidad que tienen de ser atendidas y recogidas, al fin y al cabo comprendidas en una paradoja rocambolesca y quizás esquizofrénica que padece su familiar o la amistad que los une, y a veces también, la misma persona protagonista que se encuentra con el estigma de la adicción. La de verse agarrados hasta ahogarse por una práctica que realizan gran parte de las personas que los rodean sin aparente problema, pues quién no está en las celebraciones de efemérides o en reuniones sociales o en un uso individual para distensión del ajetreo diario con alguna sustancia psicoactiva de curso legal (vaya por delante que estas disquisiciones para la salud creo que de poco nos valen, aunque sean parte de nuestra realidad), es decir para el caso de este artículo el alcohol con motivo del Día Mundial contra el consumo del mismo que la OMS celebra el 15 de noviembre.
Quién no se plantea cuando llama solicitando información para recuperar su vida que nuestra sociedad más cercana está imbuida con la cultura permisiva y hasta alentadora de beber alcohol que se encuentra en parte de la problemática que lleva a una persona a convertirse en adicta, en nuestro artículo alcohólica, palabra denostada y “peyoratizada” con un peso insoportable para los parámetros de una vida digna.
Podría parecer que acentúo la responsabilidad social de este asunto en la alta permisividad social que existe sobre el consumo de alcohol, la alta disponibilidad de alcohol para la población incluida la franja adolescente, y la escasa sensación de riesgo que rodea al consumo de alcohol a pesar de una legión de cifras que nos demuestran lo contrario, tanto en relación con las muertes por accidente de tráfico, como por su alta incidencia en el entorno laboral y las bajas que se producen no solo durante el tiempo de trabajo sino también en el tiempo libre previo (bajas producidas en los primeros días de la semana por exceso en consumo de alcohol durante el fin de semana), de abusos, de violencia (el consumo excesivo de alcohol causa un 5% de la morbilidad mundial según refiere la ONU).
Y nada más lejos de la intención de este artículo pues desde la perspectiva de la Asociación Proyecto Hombre, las personas nos componemos de una mezcla homogénea con tres ingredientes básicos, imposibles de separar: biológico, psicológico y social (modelo bio-psico-social).
No entender cómo el entorno nos afecta es no entender al fin y al cabo. Y lo que no entendemos no sabemos cómo enfrentarlo.
José Antonio Marina lo explica magistralmente: “la droga –el alcohol en nuestro caso- no es el problema, la droga es la mala solución que le doy a mis problemas” y es mala solución porque en realidad no los resuelve, sino que los agranda y magnifica, añadiendo más callejones sin salida.
Cuando una persona nos llama para solicitar ayuda por sus problemáticas adictivas, gran parte de las veces por abuso o dependencia al alcohol (desde el observatorio de Proyecto Hombre en su informe de 2022 vemos como el 38,3% para la sustancia cocaína el 27,4% para alcohol es la sustancia principal por la que se acude a tratamiento para varones.
Las mujeres representan el 18,6%, siendo el alcohol la sustancia principal por encima de cualquier otra y proponemos un itinerario, desde una intervención grupal en la mayoría de la veces, en su modalidad ambulatoria o de comunidad terapéutica, que pretende descubrir que ha ocurrido en la vida de la persona para que se instale una estructura adictiva, es decir toda incorporación de un placer inmediato pero que causa problemas reseñables en la vida de la persona, y conocer que otras estrategias puede poner en juego para enfrentar dichas problemáticas (bio-psico-sociales) al margen de las adictivas.
No buscamos culpables de una u otra índole, buscamos las soluciones adecuadas para manejar el sufrimiento en la vida de esa persona, y más específicamente que ella misma encuentre las herramientas propias (toma de decisiones, gestión emocional, habilidades sociales, valores, responsabilidad a medio y largo plazo), que ahonde en sus potencialidades, en las capacidades que hagan frente a sus circunstancias, sean estas las que sean.
Nuestra labor, junto a compañeros y compañeras de los múltiples equipos terapéuticos multidisciplinares, la realizamos tanto en el campo de la prevención escolar y laboral buscando atender la dimensión social como en el de tratamiento para dar respuesta a las necesidades individuales.
En mi caso, organizo la semana llevando a cabo sesiones de prevención en los institutos con chicos y chicas de 14 a 17 años de Guadalajara y Azuqueca de Henares, como con intervenciones de índole terapéutica en una comunidad residencial para personas con problemática alcohólica y la realización de grupos de autoayuda en régimen ambulatorio donde el consumo de alcohol es también principal.
Me encuentro siempre la disyuntiva, muy extendida en nuestra sociedad, de confundir la incorporación de sensaciones placenteras como un buen modo de vida en esta cultura del entretenimiento y la distracción en vez de una propuesta que de sentido a nuestra vida, donde pueda hacerse presente la máxima de Mahatma Gandhi: “quieres cambiar el mundo, cámbiate a ti mism@”.
Una propuesta eficaz para romper la paradoja referida al principio.
Esta es la labor que manejamos día a día en los centros de Proyecto Hombre, o cuando acudimos a los espacios donde se encuentran adolescentes o a los centros de trabajo que nos lo solicitan, la de ofrecer información veraz sobre lo que supone el impacto del consumo de alcohol en nuestras vidas, en las vidas de las personas que están al otro lado del teléfono para ofrecer una alternativa válida y compatible con una vida plena.