Jóvenes y redes sociales: regular es necesario, acompañar es imprescindible
En los últimos meses, distintos países han comenzado a tomar decisiones firmes sobre el acceso de menores de edad a las redes sociales. España estudia sumarse a esta tendencia que ya se ha materializado en Australia y Francia, y que también avanza en Dinamarca, Portugal, Noruega, Italia o Alemania.Australia fue pionera al prohibir el acceso a redes sociales a menores de 16 años. En los primeros días de aplicación de la ley se bloquearon millones de cuentas. Francia por su parte ha fijado el límite en los 15 años el pasado 27 de enero. Dinamarca ha alcanzado un acuerdo parlamentario para suprimir el acceso hasta los 15, permitiéndolo desde los 13 con consentimiento parental. Portugal ha presentado un proyecto de ley que fija la “mayoría de edad digital” en los 16 años y obliga a las plataformas a incorporar sistemas de verificación de edad. Reino Unido, Noruega, Italia y Alemania también están inmersos en el debate.
En la Unión Europea, el Parlamento ha respaldado limitar el acceso hasta los 16 años, con posibilidad de uso desde los 13 bajo control parental, además de impulsar herramientas comunes de verificación de edad.
Detrás de estas decisiones hay una preocupación compartida: la exposición temprana a entornos digitales diseñados para captar atención, influir en el comportamiento y, en ocasiones, exponer a niños, niñas y adolescentes a contenidos y dinámicas que superan su capacidad de gestión emocional.
El debate es necesario pero la pregunta de fondo no es solo a qué edad niños, niñas y adolescentes se puede abrir una cuenta. La pregunta es cómo estamos acompañando a nuestros jóvenes en su vida digital.
Más allá de la prohibición: ¿Qué está en juego?
Las pantallas forman parte de la vida cotidiana. No solo son un canal de ocio, sino también de socialización, aprendizaje e información. El problema no son las pantallas en sí mismas, sino cómo se usan, cuánto espacio ocupa y qué impacto tienen, especialmente en una etapa de desarrollo tan sensible como la adolescencia.
Desde Proyecto Hombre, con décadas de experiencia en prevención y tratamiento de adicciones, observamos que la cuestión es más profunda: hablamos de salud emocional, de construcción de identidad, de presión social constante y de entornos digitales diseñados para captar y retener atención.
Una realidad que transforma la socialización
Las experiencias de ocio en la adolescencia tienen un peso determinante en la configuración del estilo de vida. Y actualmente, el entorno digital se posiciona como la opción de ocio más prevalente.
Según los últimos datos que lanzó UNICEF, la presencia de adolescentes en redes sociales es hoy prácticamente generalizada. Más de 9 de cada 10 chicos y chicas están registrados en al menos una plataforma, y 3 de cada 4 participan activamente en tres o más redes diferentes. El entorno digital se ha convertido así en uno de los principales espacios de socialización, pertenencia y construcción de identidad.
El tiempo de conexión también refleja esta centralidad. Entre semana, casi 1 de cada 10 adolescentes supera las cinco horas diarias de uso, y durante el fin de semana esa proporción aumenta de manera significativa, situándose en torno a uno de cada cinco.
Más allá del tiempo invertido, distintos estudios señalan que alrededor de 6 de cada 100 jóvenes presentan indicadores compatibles con un uso problemático de las redes sociales. Esta cifra se incrementa en etapas educativas superiores, acercándose a 8 de cada 100 en Bachillerato, y muestra diferencias de género relevantes, con mayor afectación entre las chicas.
Estos datos no solo hablan de intensidad de uso, sino de una realidad que atraviesa el ocio, las relaciones, la autoestima y la forma en que niños, niñas y adolescentes se vinculan con el mundo. Por eso, más que centrarnos únicamente en la cantidad de horas, resulta imprescindible comprender qué lugar ocupan las redes sociales en su vida cotidiana y qué necesidades están cubriendo.
Lo que hemos aprendido desde la prevención
En Proyecto Hombre llevamos décadas trabajando en el ámbito preventivo. Nuestra trayectoria comenzó centrada en la prevención del consumo problemático de sustancias, pero el contacto constante con las necesidades emergentes y una sensibilidad institucional atenta a los cambios sociales nos impulsaron a ampliar la mirada.
Así nacieron programas propios que, con el tiempo, incorporaron nuevos retos como el uso problemático de pantallas, redes sociales, videojuegos e Internet. Entendimos que la prevención no puede quedarse anclada en realidades pasadas: debe adaptarse a las transformaciones culturales que afectan a las nuevas generaciones.
Desde esta experiencia sabemos que:
Como en otras conductas adictivas, lo digital puede convertirse en una forma de regulación emocional cuando faltan otras herramientas. Por eso, nuestra mirada no se centra únicamente en el síntoma, sino en el contexto.
De la precaución al cuidado
Es comprensible que como sociedad reaccionemos desde la alarma. Pero educar no es solo restringir. Prevenir no es asustar.
La regulación puede establecer límites necesarios. Sin embargo, ninguna ley sustituye la presencia adulta, la coherencia y el acompañamiento cotidiano.
La prevención digital implica comprender cómo viven los jóvenes su experiencia online, fortalecer su capacidad crítica y promover entornos que sostengan su desarrollo integral. No se trata de demonizar la tecnología, sino de integrarla en una vida equilibrada.
Claves para un acompañamiento saludable
- No demonizar la tecnología: Lo digital forma parte de la realidad. El reto es educar en un uso consciente.
- Acompañar, no solo vigilar: Escuchar, interesarse y generar espacios de diálogo favorece la autorregulación.
- Fomentar alternativas enriquecedoras: Naturaleza, deporte, lectura y encuentros presenciales fortalecen vínculos y bienestar.
- Ser coherentes como adultos: Nuestra relación con las pantallas también educa.
- Incorporar una ética del cuidado digital: Hablar de respeto, derechos, privacidad y convivencia en línea.
Un desafío compartido
Las iniciativas legislativas abren un debate necesario. Pero, además, la prevención se construye en el día a día: en la familia, en la escuela, en la comunidad.
En Proyecto Hombre entendemos la prevención digital como una tarea de cuidado colectivo. No se trata de tener miedo a lo digital, sino de aprender a convivir con ello de forma saludable, consciente y humana.
Porque proteger no es aislar. Es acompañar.


