Adicción y salud mental: más allá del diagnóstico - Proyecto Hombre

Adicción y salud mental: más allá del diagnóstico

Autor: Asociación Proyecto Hombre 22/04/2026     

Pedro Pedrero Lanero. Presidente de la Comisión de Tratamiento de la Asociación Proyecto Hombre

Hablar de salud mental nunca es un acto neutral. Tampoco lo es hablar de adicciones. Cada vez que intentamos comprender el sufrimiento humano entramos inevitablemente en un terreno donde se cruzan biografía, vínculos, condiciones sociales, cultura y desigualdad. Por eso, reducir la salud mental —y particularmente las adicciones— a un problema exclusivamente médico resulta insuficiente. No solo porque simplifica una realidad compleja, sino porque corre el riesgo de invisibilizar las condiciones que generan y sostienen ese sufrimiento.

Durante décadas, el modelo biomédico ha aportado herramientas valiosas para comprender determinados aspectos de los trastornos mentales. Sin embargo, cuando ese enfoque se convierte en el único marco interpretativo, la experiencia humana queda reducida a un diagnóstico. La persona desaparece detrás de la etiqueta clínica y el contexto se diluye en la explicación biológica.

Frente a ello, desde Proyecto Hombre defendemos una mirada biopsicosocial. Un enfoque que entiende que la salud mental y las adicciones no pueden separarse de las condiciones de vida de las personas: de sus relaciones, de su historia, de las oportunidades que han tenido o de las que les han sido negadas.

Habitar el mundo no es igual para todos. La desigualdad social, la precariedad, la violencia, el aislamiento o la falta de redes de apoyo son factores que atraviesan profundamente la salud mental. También lo hacen las desigualdades de género, que siguen marcando de manera significativa la forma en que muchas personas viven el miedo, la carga de cuidados o la exposición a la violencia cotidiana. Ignorar estas realidades supone interpretar el sufrimiento individual como un problema exclusivamente interno, cuando con frecuencia es también la expresión de un entorno que genera dolor.

Por eso, abordar la salud mental de una manera justa exige humanizar el vínculo terapéutico. Significa reconocer que quienes acuden a nuestros recursos no son únicamente portadores de un síntoma, sino personas con historias, capacidades y saberes sobre su propia vida. Significa también abandonar la falsa neutralidad que a veces ha acompañado a la intervención profesional.

Escuchar, comprender y acompañar implica situar a la persona por delante del protocolo, priorizar el encuentro humano por encima del sobrediagnóstico y construir procesos terapéuticos basados en la confianza, la palabra y la empatía.

Los profesionales de la intervención social y sanitaria contamos con conocimientos técnicos indispensables, pero esos conocimientos no nos sitúan por encima de la experiencia de quienes sufren. Al contrario: el verdadero trabajo terapéutico comienza cuando esos saberes dialogan con la vida concreta de cada persona.

Las jornadas que presenta este número de Revista Proyecto nacen precisamente de esa convicción. La necesidad de seguir reflexionando colectivamente sobre modelos de intervención que integren lo biológico, lo psicológico y lo social; que comprendan las adicciones no  como enfermedad, sino  como respuesta a contextos vitales complejos.

Porque cuidar la salud mental exige mirar más allá del síntoma. Exige mirar a la persona. Y también al mundo que habita.

Revista Proyecto 120 [Mayo 2026]

Proyecto Hombre
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