AVANCES: La Terapia de Aceptación y Compromiso como alternativa en el tratamiento de las adicciones

Autor: Asociacion Proyecto Hombre      20/03/2020     

José Manuel Molinero Roldán. Psicólogo Clínico y Profesor Asociado de la Universidad de Málaga

“Aunque el efecto sólo resulte parcial y pasajero, engañoso, aunque nada sea gratis, la posibilidad de afectar el ánimo con un trozo de cosa tangible asegura ampliamente su propia perpetuación. La cuerda que sirve al alpinista para escalar una cima sirve al suicida para ahorcarse, y al marino para que sus velas recojan el viento… una conducta irreflexiva acabará haciéndonos tan insensibles a lo buscado como inermes ante aquello de lo que huíamos”. Antonio Escohotado, Historia General de las Drogas, 1998

Todos los seres humanos buscamos lo mismo: sentirnos bien y evitar el sufrimiento. En esa lucha permanecemos mientras estamos vivos. A priori parece una fórmula simple pero nada más lejos de la realidad. Lo sería si no existieran tantas formas de conseguirlo como seres humanos pueblan la tierra y si paradójicamente los intentos de evitar el sufrimiento a corto plazo no supusieran mayores niveles del mismo a la larga. Este hecho existencial nos “condena” a conflictos continuos con los demás y con nosotros mismos y ello nos lleva a una brega constante por controlar o manipular el contexto, tanto externo como interno, en el que vivimos.

Así, en esa búsqueda de la felicidad y de la evitación del sufrimiento cada uno de nosotros habrá aprendido diferentes formas o fórmulas para ello, de tal manera que puede darse que la aparición de determinados eventos privados (por ejemplo, ansiedad, tristeza, frustración, recuerdos dolorosos, etc.) funcionen como un antecedente (evento discriminativo) para comportamientos de una clase que llamamos abuso de sustancias con el fin de escapar o evitar de alguna manera ese estado emocional. Al consumir, estaríamos controlando o aliviando de alguna forma ese sufrimiento al mismo tiempo que actuaríamos de acuerdo a la regla o creencia de que hay que evitar el sufrimiento para poder vivir, aumentando así la coherencia del consumo.

Eso que se ha dado en llamar drogodependencia o consumo desajustado de sustancias no dejaría de ser un ejemplo de lo comentado anteriormente. Pero si esto, efectivamente, es así, ¿cómo se afrontaría desde las Terapias Contextuales y en concreto desde la Terapia de Aceptación y Compromiso? y ¿por qué utilizarla frente a otras formas de abordar el problema? A lo largo de este escrito vamos a dar respuesta, limitada por la extensión de la que disponemos, a estas cuestiones.

La Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) es una terapia contextual (Hayes, 2.004) enraizada en la filosofía del Contextualismo Funcional (Hayes, Hayes y Reese, 1988), y basada en los datos obtenidos por el análisis funcional de la conducta y la visión contextual del lenguaje desde la Teoría de los Marcos Relacionales, RFT (Hayes, Barnes-Holmes y Roche, 2001). Tiene como objetivo la flexibilidad psicológica y esto es así como resultado del desarrollo de la misma desde que surgiera allá en el año 1999 (Hayes, Strosahl y Wilson, 1999). Estos años de investigación y experiencia en su aplicación han venido a corroborar que el patrón de inflexibilidad psicológica es un patrón común a múltiples problemas psicológicos que pueden presentar los humanos, bajo formas aparentemente distintas (véase Hayes, Luoma, Bond, Masuda y Lillis, 2006). Desde esta perspectiva un abuso de sustancias vendría a ser una forma rígida de búsqueda de la felicidad y de evitación del malestar de tal forma que, aunque se produjera cierto “bienestar” a corto plazo, la forma de hacerlo terminará por producir mayor malestar a largo, fenómeno que habría sido descrito como un patrón de evitación experiencial destructivo (Hayes, Wilson, Gifford, Follette y Strosahl, 1996; Luciano y Hayes, 2001). Es decir, la persona terminaría “enredada” en una forma de actuar que si bien le libraría de sufrimiento de forma inmediata terminaría por mantenerle o incluso en incrementar sus padecimientos a lo largo de su ciclo vital manteniendo un patrón rígido de comportamiento del que cada vez sería más difícil salir. De esta forma, la persona tendría mayores dificultades para poder contactar con las consecuencias de su propio comportamiento a lo largo de su vida y, por tanto, con mayores dificultades para poder vivir la vida que realmente quisiera vivir, plena y cargada de sentido vital.

Pues bien, ACT intentaría “rescatar” a las personas de semejante inflexibilidad, entendida como una clase de respuestas de evitación rígida ante pensamientos, sensaciones, sentimientos, etc., a través de tres mecanismos básicos (Törneke, Luciano, Barnes-Holmes y Bond, 2015). En primer lugar, ayudando a las personas a que contacten experiencialmente con las consecuencias de sus actos, a corto y largo plazo. Es decir, ayudando a que las personas discriminen el análisis funcional de su propio comportamiento. Qué placer obtengo y de qué displacer escapo en el momento en el que, por ejemplo, consumo determinadas sustancias, qué sentimientos y pensamientos vienen con ello, qué he hecho y qué hago para solucionarlo, qué he intentado en el pasado y ahora para dejar de hacerlo y cuáles han sido y son las consecuencias a lo largo de mi vida de semejante rigidez. En segundo, trabajar en dirección a que la persona aclare qué cosas son importantes en su vida, cuáles  son las renuncias por no alcanzarlas y cómo sería su vida si sus actos les llevaran a contactar con esas cosas, evaluar cómo es la vida sin actos en esa dirección y cómo lo sería si los actos siguieran ese camino y a llevar a cabo esas acciones con sentido, en diferentes y variados contextos. Es decir, evaluar y trabajar en valores. Y, por último, trabajando con la aceptación y el autodistanciamiento de los sentimientos, pensamientos, sensaciones corporales, etc.. que conlleva nuestra historia personal, ayudando a que la persona discrimine la continuidad del yo frente a ellos. Es decir, trabajar con la defusión de los contenidos verbales derivados de nuestra propia historia social-verbal. Estos tres mecanismo serían como los vértices que se conectan para formar el triángulo de la flexibilidad. De esta forma cuándo se trabaja con uno de estos vértices se estaría trabajando con los demás ya que están interconectados.

«La terapia de aceptación y compromiso está específicamente diseñada para ir minando la inflexibilidad y así permitir que la persona abandone los patrones rígidos antiguos y los sustituya por otros que puedan estar al servicio de una vida más flexible y valiosa»

Así pues, el desarrollo de flexibilidad psicológica en drogodependencias o adicciones consistiría en que la persona no respondería de forma rígida ante el malestar dependiente de la abstinencia que experimente ni ante las “ganas” de consumir que esté teniendo en ese momento, sino de lo que sea importante para esa persona en ese instante y en relación a sus valores personales. Por ejemplo, pasar tiempo con un amigo en lugar de ir a consumir para reducir su ansiedad ante una discusión con su pareja, consumir para poder continuar estudiando a pesar de las sensaciones de aburrimiento, tedio y para sentir más ánimo al hacerlo o consumir para olvidar las sensaciones y pensamientos dolorosos de los abusos sexuales acontecidos en la infancia y así poder mantener relaciones sexuales. De esta forma, la persona desarrollaría diferentes habilidades para gestionar o lidiar con sus circunstancias personales y con los sentimientos, pensamientos, etc. derivados de esas circunstancias de una forma más acorde con la vida que deseara vivir.

El último tema que se plantea sería las razones por las cuales deberíamos de utilizar este tipo de terapia y no otra. Este hecho no deja de ser controvertido ya que son varios aspectos los que han de ser tenidos en cuenta. Entre ellos podemos considerar la validez y la eficacia. Dentro de esta última podríamos detenernos en la especificidad, intensidad, plazo, duración a corto y largo plazo, costes, etc.

Con respecto a la validez, como indica López (2004) la Terapia de Aceptación y Compromiso está comprometida con la evaluación clínica de la utilidad para abordar los problemas de adicción. De esta forma ACT se ha incluido como tratamiento empíricamente validado por parte de la agencia norteamericana (The United States Substance Abuse and Mental Health Services Administration (SAMHSA), 2011), como parte de su Registro Nacional de Prácticas y Programas basados en la Evidencia. Con respecto a la eficacia, ACT se ha mostrado en igualdad de condiciones que los tratamientos farmacológicos, terapia de los 12 pasos o CBT pero, sin embargo, en los seguimientos a largo plazo ha mostrado mayor efectividad que los tratamientos anteriores. Este hecho adquiere mayor relevancia en una problemática en la que el mantenimiento de los logros a largo plazo sigue siendo un reto para las intervenciones en este ámbito. Siguiendo a López (2004):

“Este hecho puede ser significativo, puesto que ACT produce cambios en direcciones diferentes a las terapias habituales. Donde los tratamientos al uso buscan la reducción sintomatológica y del deseo de consumo como vía para lograr la abstinencia (tratamiento con sustitutivos opiáceos, terapia sustitutiva de nicotina, CBT), desde ACT el objetivo es que el sujeto se relacione de forma distinta con esos eventos privados, como vía para mejorar su calidad de vida”.

En la múltiple literatura sobre el tema se muestra que en la base de la conducta adictiva la evitación experiencial o rigidez juega un papel relevante (Wilson y Byrd, 2004; Luciano et al., 2010). La Terapia de Aceptación y Compromiso está específicamente diseñada para ir minando la inflexibilidad y así permitir que la persona abandone los patrones rígidos antiguos y los sustituya por otros que puedan estar al servicio de una vida más flexible y valiosa. 

BIBLIOGRAFÍA:

  • Gaudiano, BA (2011). Una revisión de la terapia de aceptación y compromiso (ACT) y recomendaciones para el avance científico continuo. The Scientific Review of Mental Health Practice, 8 , 5-22.
  • Hayes, S.C. (2.004). Acceptance and commitment therapy, relational frame theory and the third wave of behavioral and cognitive therapies. Behavior Therapy, 44, 1-25.
  • Hayes, S.C., Barnes-Holmes, D. y Roche, B. (2001). Relational Frame Theory. A post-skinnerian account of human language and cognition. New York: Kluwer Academic.
  • Hayes, S.C., Hayes, L.J. y Reese, H.W. (1988). Finding the philosophical core: a review of Stephen C. Pepper’s World Hypotheses. Journal of the Experimental Analysis of Behavior, 50, 91-111.
  • Hayes, S.C., Luoma, J., Bond, F., Masuda, A., y Lillis, J. (2006). Acceptance and commitment therapy: Model, processes and outcomes. Behavior Research and Therapy, 44, 1-25.
  • Hayes, S.C., Strosahl, K.D., y Wilson, K.G. (1999). Acceptance and commitment therapy. Nueva York: The Guilford Press.
  • Hayes, S.C., Wilson, K.G., Gifford, E.V., Follette, V.M., y Strosahl, K. (1996). Experiential avoidance and behavior disorder: A functional dimensional approach to diagnosis and treatment. Journal of Consulting and Clinical Psychology, 64, 1152-1168.
  • López, M. (2.014). Estado actual de la Terapia de Aceptación y Compromiso en adicciones. Health and Addictions. 14 (2), 99-108.
  • Luciano, M.C., y Hayes, S. C. (2001). Trastorno de evitación experiencial. Revista Internacional de Psicología Clínica y de la Salud, 1, 109-157.
  • Luciano, C., Páez, M. y Valdivia, S. (2010). La Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) en el consumo de sustancias como estrategia de Evitación Experiencial. International Journal of Clinical and Health Psychology, 10(1), 141-165.
  • Wilson, K. G. Y Byrd, M.R. (2004). Terapia de aceptación y compromiso para el abuso de sustancias y la dependencia. En SC Hayes & K. Strosahl (Eds.), Una guía práctica para la terapia de aceptación y compromiso (pp. 153-184). Nueva York: Springer Press