«Banalizar, ironizar o utilizar juegos de palabras más o menos acertados o graciosos alrededor del fenómeno de las drogas y su consumo no es algo que deba hacerse desde ninguna televisión y menos la pública».
Entrevista: Rosa María Mollo, ex – defensora de la Audiencia de Televisión Española. Directora de informativos 24 horas Radio Nacional de España.
“Los medios de comunicación son una herramienta esencial en la transmisión de valores, creencias sociales y normativas en la población. Pueden llegar a ser un factor de protección para la prevención del consumo de drogas y otros comportamientos, creando contenidos e informando desde una perspectiva de promoción de la salud que genere cambios significativos en la sociedad”. (Comisión de Expertos de Prevención Asociación Proyecto Hombre)
P: La preocupación de la población española hacia las drogas ha sufrido un gran descenso en las últimas décadas, pasando de ser considerado el segundo mayor problema a finales de la década del 80, a prácticamente desaparecer a partir de 2010, con menos del 1% (CIS, 2020). ¿Qué papel cree que tienen los medios de comunicación en relación con este dato?
R: Desafortunadamente la presencia de las drogas en nuestra sociedad se ha normalizado demasiado. En los años 80 y 90 los medios hablábamos prácticamente a diario de drogas por la presión política que se estaba ejerciendo sobre los clanes gallegos de la droga y por todo el drama y activismo social que se organizó en la zona. Ahora, Galicia sigue siendo punto de entrada, con el poderoso Clan de los Balcanes dominando la situación, y de la zona del estrecho y gaditana únicamente se habla cuando hay algún altercado directo con la guardia civil o se incauta un gran alijo. Ha dejado de ser noticia. En paralelo, el papel de las redes sociales en la normalización recreativa de su consumo ha hecho el resto. Cuando no se habla de una cosa es como si no existiera y aunque siga siendo una tragedia para muchas familias, que lo viven en silencio por temor a la estigmatización, actualmente se habla, se informa más de otro tipo de drogas como el alcohol, el tabaco, incluso los cigarrillos electrónicos o las bebidas energéticas que de lo que conocemos como drogas duras. De ahí los datos del CIS. Es así de triste.
P: La preocupación frente a las drogas como una problemática social se reduce, y el consumo de drogas aumenta, desde su experiencia, ¿los mensajes e informaciones que se emiten en los medios de comunicación pueden contribuir a prevenir consumos?
R:Claro que pueden. Pueden contribuir a prevenir y a evitar consumos de la misma manera que no hacerlo contribuye de forma pasiva a lo contrario. Además, muchas veces, cuando se hace, se ofrece perfiles de consumidores marginales, cuando esa es una foto incompleta de la realidad que no distingue de zonas, barrios, ciudades o clases sociales. También pienso que no deberíamos centrarnos sólo en los consumidores sino hacer más hincapié en el negocio en sí mismo, en las tramas, métodos de transporte, distribución y venta que siempre van muy por delante de las fuerzas de seguridad, y todos los intereses económicos relacionados con el tráfico de drogas. Poner cara a los capos de los clanes ayudó mucho a la lucha contra la droga en los años 80. Hemos dejado de hacerlo y al despersonalizar el negocio hemos contribuido a deshumanizarlo y a ofrecer esa idea etérea de que no va con nosotros.
P: En su papel dedefensora de la audiencia en Televisión Española ha tenido que enfrentarse a quejas de espectadores por cómo se ha hecho un tratamiento humorístico sobre el consumo de drogas o con “Proyecto Hombre” en programas como “La Revuelta”, ¿qué reflexión le ha dejado este debate?
R:De mucha frustración. Esta fue precisamente mi primera acción como Defensora y tuve que hacerlo varias veces y contestar preguntas a lo largo de mi mandato. No actué únicamente porque llegaban quejas de familias o incluso de personas que habían superado la adicción y se sentían agredidas con las bromas. No es que fueran muchísimas quejas, quiero dejar eso también claro, pero las suficientes como para obligarnos a parar y reflexionar. Se inició un debate interesante entre nosotros. Como Defensora de la Audiencia solicité que limitaran el uso de esos comentarios y los juegos de palabras que pudieran ser interpretadas, aunque fuera erróneamente, como una incitación o como una banalización al consumo, y cumplieron. Se redujeron mucho, aunque se seguían haciendo. Debió hacerse más esfuerzo. Tomar una decisión más consciente.
Nunca se hizo apología, eso también hay que remarcarlo, pero dio pie a que algunos grupos quisieron utilizar e instrumentalizar esas bromas poco acertadas. Y todo junto distorsiona, ensucia el debate y no ayuda a la reflexión.
De todas formas, como explicaba a las personas que se quejaban, hay que tener en cuenta el contexto, la hora, el tipo de programa, los límites y no límites del humor y que Grison, que es quien más “bromitas” hace sobre drogas –aunque no el único- es una persona que interpreta un personaje al que le han dado -con mayor o menor acierto- ese perfil.
Las drogas son un problema de salud pública importante, que afecta a muchas familias que viven su dolor en silencio por temor a la estigmatización y al rechazo. Por eso debemos actuar con escrupuloso respeto y cautela. La radiotelevisión pública ha de actuar en consecuencia y de forma responsable también desde el humor. Banalizar, ironizar o utilizar juegos de palabras más o menos acertados o graciosos alrededor del fenómeno de las drogas y su consumo no es algo que deba hacerse desde ninguna televisión y menos la pública. Aunque reconozco que frenaron, personalmente lo viví como un fracaso y sentí que estaba fallando en mis funciones a todas esas familias que me contactaban manifestando su desespero.
P: Juegos de palabras, dobles sentidos, códigos del lenguaje televisivo, polisemia… ¿Y la responsabilidad social de los medios de comunicación y las personas que comunican en qué momento entran dentro de esa narrativa?
R:La responsabilidad social de los medios de comunicación y las personas que comunican debe estar presente en todo momento en el proceso narrativo. Hay que actuar en consecuencia y acorde a lo que se espera de nosotros. No hacerlo, y lo peor, no hacerlo conscientemente, y buscar argumentos para justificar ese comportamiento, a mi modo de ver, es incumplir los códigos profesionales y éticos a los que como medio público, pero aplicaría a todos, también los privados, estamos sometidos y lo único que se hace es ahondar el dedo en la llaga, generar un daño innecesario, y decir esas normas no van conmigo. Eso, desde mi punto de vista, es irresponsable y no está bien.
P: Sabemos la teoría: los medios de comunicación son capaces de crear o potenciar hábitos, creencias, conductas, a través del enfoque, la terminología, o el tratamiento que se hace de un hecho. ¿Cómo lo llevamos a la práctica? ¿Y cómo pueden colaborar las organizaciones como Proyecto Hombre frente a este desafío?
R:No dándose nunca por vencido. Buscando maneras nuevas para transmitir el mensaje. Generando complicidades y aliados. Visibilizando y no ocultando el problema. Denunciando. Normalizándolo, banalizándolo o instrumentalizándolo es el camino opuesto.
P: Las adicciones no solo afectan a la persona que las padece, sino también a su familia y al conjunto de la sociedad. Ante esta realidad, ¿consideras que quienes comunican sobre este tema deben asumir un compromiso ético?
R:¡Por supuesto! Eso es imprescindible. De ahí la frustración de la que te hablaba antes.
P: En muchas series y películas se banaliza el consumo de drogas, un mensaje que llega a toda la sociedad, especialmente a la juventud. ¿Crees que la televisión pública debería liderar el compromiso con una comunicación socialmente responsable?
R:Yo creo que ya lo está haciendo. Independientemente de la polémica que hubo con La Revuelta en su momento, en la que como ya he explicado, también hubo una parte de instrumentalización interesada muy importante que lo agrandó todo más, los programas e informativos de RTVE tienen muy claro ese compromiso inquebrantable por una comunicación responsable y la influencia de nuestro trabajo en la sociedad. Los ciudadanos pueden estar tranquilos en ese sentido.