¿Cómo afrontar en el ámbito familiar el consumo de drogas?

14/10/2022     

Autoría: Proyecto Hombre Madrid

Óscar Garrido, psicólogo del Programa Soporte, de atención a adolescentes, jóvenes y familias de Proyecto Hombre Madrid. Psicólogo del Servicio de Apoyo Postadoptivo y de búsqueda de orígenes (Servicio de la Comunidad de Madrid gestionado por Proyecto Hombre Madrid).

Elisa Rodríguez, psicóloga del Programa Soporte, de atención a adolescentes, jóvenes y familias de Proyecto Hombre Madrid. Monitora de ocio/psicóloga del Centro de día de adolescentes y jóvenes (Servicio del Ayuntamiento de Madrid, gestionado por Proyecto Hombre Madrid). Psicóloga del Servicio de Apoyo Postadoptivo y de búsqueda de orígenes (Servicio de la Comunidad de Madrid gestionado por Proyecto Hombre Madrid).

Adolescencia e incierta actualidad

Actualmente, vivimos en una época de incertidumbre, a causa de la pandemia por COVID, el confinamiento, la crisis económica actual y las guerras cercanas. Estas situaciones obligan a la población a adaptarse a las nuevas circunstancias lo que produce un aumento del estrés en las familias y un cambio en las exigencias familiares y sociales. Los más jóvenes (generación Z) son los que han mostrado mayor índice de malestar emocional (Vall-Roqué, H., Andrés, A., Saldaña, C., 2021) en los últimos años, la causa principal de este aumento del malestar está asociado con el confinamiento.

En estos últimos años, sobretodo, tras el inicio de la pandemia por COVID, la salud mental de los niños y adolescentes se está deteriorando. En concreto, los adolescentes son los que presentan un incremento de los síntomas depresivos, autolesiones y conductas suicidas (Asociación española de pediatría, 2022). Dada estas circunstancias se puede observar que mientras el consumo de drogas de una manera recreativa y esporádica a disminuido a causa del cierre de bares y discotecas y las limitaciones horarias en los años 2020 y 2021, el consumo problemático de cannabis ha aumentado con respecto a estudios de años anteriores según la encuesta ESTUDES 2021.

Los síntomas depresivos están ocasionados por múltiples problemas emocionales, familiares, sociales y ambientales como los mencionados anteriormente, en muchas ocasiones desencadenan comportamientos de escape como es el consumo de sustancias psicoactivas. Es común observar que los adolescentes que presentan riesgo asociado al consumo de alcohol y tabaco presentan una relación significativa con sintomatología de ansiedad y de depresión (Ortega, N.M,.Gualacata, M., Gualoto, V., Guayasamín, D., Carranza, A., 2021). Las familias de estos adolescentes se muestran preocupados y desconcertados por esta nueva situación y en muchos casos sin recursos para poder hacer frente y ayudar correctamente a sus hijos. El consumo de drogas suele generar mucho miedo y sentimientos de culpa en los padres, que generalmente no saben como afrontar el problema ni como hablar de él.

El consumo de drogas suele generar mucho miedo y sentimientos de culpa en los padres, que generalmente no saben como afrontar el problema ni como hablar de él.

Datos de interés

Para contextualizar el problema del consumo de drogas en nuestro país nos apoyaremos en los datos del Plan Nacional sobre Drogas en la encuesta ESTUES (2021) sobre los estudiantes de secundaria de 14 a 18 años. Según esta encuesta la droga más consumida por nuestros adolescentes es el alcohol (73,9% lo ha consumido alguna vez en su vida, 53,6% en el último mes), le sigue el tabaco (38,2% y 23,9%), en tercer lugar, se sitúa el cannabis siendo la sustancia ilegal más consumida entre los adolescentes (28,6% y 14,9%). La edad media de inicio de consumo de alcohol y tabaco ronda los 14 años. Sin embargo, la edad de consumo semanal de alcohol aumenta hasta los 15,2 años. La edad de inicio de cannabis se encuentra, por término medio, antes de cumplir los 15 años.

A medida que aumenta la edad de los adolescentes también aumenta la prevalencia del consumo. Se encuentran algunas diferencias según el sexo en las sustancias consumidas. Entre las chicas el consumo de alcohol, tabaco e hipnosedantes es más alto que en chicos tanto el consumo alguna vez en la vida, como en los últimos 12 meses y en el último mes. Las sustancias ilegales, registran mayor prevalencia entre los chicos.

Si hablamos de las intoxicaciones agudas etílicas (borracheras), aproximadamente el 40% afirman haberse emborrachado en los últimos 12 meses y el 23,2% en el último mes. Esta prevalencia de intoxicaciones etílicas agudas alcanza un 71% entre los jóvenes de 18 años.

El consumo de cannabis en 2021 rompe la tendencia ascendente iniciada en 2016, con una prevalencia de consumo de 28,6%. A pesar de que el consumo es mayor entre los chicos, se observa que en el año en que se realizó la encuesta 155.800 estudiantes se iniciaron en el consumo de cannabis, siendo mayor el número de mujeres. El consumo de cannabis aumenta a su vez el riesgo de consumir otras drogas y generar otras adicciones, así como los problemas de salud mental (ansiedad y problemas de atención), también aumenta el riesgo de padecer trastornos de comportamiento y psicosis.

Si bien, el consumo de cannabis de este año no ha sido mayor que en años anteriores, los estudiantes que han contestado con más de 4 puntos en la escala CAST (posible consumo problemático) ha aumentado comparado con años anteriores, experimentando una subida superior a dos puntos porcentuales en el porcentaje de alumnos que presentan un consumo problemático de cannabis, situándose como el dato más alto de la serie histórica.

En las correlaciones entre el consumo problemático de cannabis y la prevalencia de las borracheras podemos observar como 3 de cada 4 alumnos con consumo problemático de cannabis se ha emborrachado en el último mes, lo cual triplica a la proporción registrada en el total de alumnos. El 75,2% de los consumidores problemáticos de cannabis ha consumido alcohol por atracón en el último mes.

¿Dónde puedo acudir?

Proyecto Hombre Madrid y desde el Área de Menores/jóvenes atiende las necesidades de las familias que viven problemáticas disruptivas con sus hijos a través del Programa Soporte. Servicio de prevención indicada donde se interviene en situaciones de gravedad, pero también en otras de menor dificultad o de inicio de la problemática. Para la atención de las demandas familiares se ofrecen servicios específicos de información, asesoramiento familiar, acompañamiento y tratamiento psicológico/ psiquiátrico. También se ponen en marcha actividades y servicios que responden a las necesidades de cada paciente, siendo habitual la orientación y motivación en el área formativo/ laboral.

Además el equipo cuenta con un departamento especializado en familias adoptivas o en proceso de adopción y menores/ jóvenes adoptados.

El objetivo del servicio es favorecer la maduración psicosocial de los jóvenes/ menores que presentan o son vulnerables a presentar dificultades y problemas que puedan interferir o estén interfiriendo en su desarrollo. Por otro lado, se busca fortalecer las competencias parentales y factores de protección en los jóvenes/ menores que faciliten abordar las dificultades y resolver los problemas. El servicio cuenta con un equipo profesional de Psicólogos y Médico / psiquiatras especialistas todos ellos en jóvenes, menores y familias y de forma específica en adopción.

Durante el año 2021, el Programa de atención a jóvenes/ menores y familias atendió 371 demandas de información y asesoramiento a familiares. Desde el Programa Soporte de Atención a Jóvenes/menores y sus familias se trabajó con 201 familias y con 107 jóvenes y menores. Desde el Servicio especializado en adopción se intervino con 134 familias y 72 jóvenes y menores, 98 si contamos con sus hermanos también adoptados

¿Cómo afrontar la situación?

En los años de experiencia trabajando con adolescentes y jóvenes hemos ido observando como en la mayoría de los casos son las familias quienes contactan en un primer momento e impulsan el cambio de sus hijos. Los adolescentes y jóvenes consumidores de sustancias no suelen ver el riesgo que corren ni son conscientes de las dificultades asociadas, por lo tanto, en general, no suelen querer dejar de consumir o realizar cambios. Por ello, es imprescindible el papel de las familias en este primer momento. Una familia que se implica, que trabaja en propiciar sus propios cambios y va integrando las pautas terapéuticas, suelen tener un impacto muy positivo en el cambio de sus hijos.

 El trabajo con las familias ayuda a ampliar el foco, ya que en muchos de los casos los adolescentes se sienten muy presionados y observados. La culpa y los conflictos siempre recaen sobre ellos y esto no facilita el cambio. Cuando las familias son reconocedoras de las dinámicas que se establecen más allá del consumo de su hijo y hacen cambios para aumentar el respeto, el cuidado de la salud física y mental de todos los miembros de la familia, disminuyen los conflictos y se establecen límites adecuados, proporcionales y claros,  es más probable que los adolescentes y jóvenes con problemas de adicción se dejen ayudar, se planteen otro estilo de vida y quieran colaborar con el tratamiento para su mejoría.

Entre las dificultades familiares más habituales encontramos las familias reconstituidas donde hay padres separados o divorciados con una mala relación entre ellos, o aquellas donde existe un alto grado de conflictividad marital. Para que todo lo anterior se pueda cumplir y se establezcan límites claros y concisos, consecuencias proporcionales y naturales y disminuyan los conflictos y la violencia es imprescindible la unión de la estructura parental. Ambos padres deben trabajar para ponerse de acuerdo en aquellas dificultades que le preocupan de sus hijos y como van a abordarlo. Para evitar que cada uno marque límites y consecuencias diferentes y se establezcan roles que faciliten que los adolescentes sigan su patrón de conducta perjudicial y se cronifiquen las situaciones de consumo y malestar. El cerebro adolescente aún está desarrollándose y no son capaces de valorar las consecuencias a largo plazo como lo haría un adulto, en el caso de un adolescente consumidor de sustancias esto es aún más difícil de conseguir. Por esto, aunque no les guste tener límites los necesitan, ya que es probable que sin ellos tomen decisiones perjudiciales para su salud y desarrollo.

Otra dificultad que encontramos en las familias es el manejo de los propios miedos y conflictos internos de los padres. En muchos casos cuando un hijo o hija está atravesando una mala etapa donde existen comportamientos disruptivos, consumo de sustancias u otras dificultades es habitual que los padres sientan miedo o se estanquen en la culpa y repasen una y otra vez situaciones pasadas donde aparecen pensamientos negativos acerca de lo que pudimos hacer y no hicimos y un sinfín de dudas. Cuando sentimos miedo las personas actuamos desde la huida, el ataque o la paralización, si esto nos ocurre en una situación de conflicto con nuestro hijo o hija es poco probable que se establezcan límites firmes manteniendo la calma y el respeto con lo que la situación será desbordante y escalará la agresividad o aumentará el consumo y las conductas evitativas del adolescente. Es importante trabajar sobre estas sensaciones de miedo y culpa en los padres para que se puedan sentir fuertes y seguros a la hora de interactuar con sus hijos. Ya que estos necesitan que alguien les pare, les ponga límites sin sentirse mal tratados o humillados.

El respeto, la calma y el tiempo de calidad con los hijos juntos con unos límites firmes, claros y consistentes favorecen el desarrollo adecuado y por lo tanto, la disminución del consumo y conductas de riesgo de los jóvenes y adolescentes.

Aunque ya se ha señalado, queremos destacar la importancia de fomentar el respeto en toda la intervención familiar. La situación que vive la familia, junto al miedo, la culpa y demás factores influyentes, hacen que tanto padres como adolescentes se sientan incomprendidos. Las discusiones y conflictos generan agresividad y violencia y sea cual sea la dirección de esta, debe ser eliminada. El trabajo en habilidades comunicativas, asertividad, escucha activa y empática, así como lo ya destacado en afectividad y reorganización de las normas y limites son tareas clave con los padres para el incremento del respeto y la buena convivencia. Los hijos aún siendo conflictivos o estar sufriendo un mal momento personal suelen mostrarse leales a sus adultos referentes y agradecen rápidamente los cambios que perciben en ellos. Esto facilita su capacidad de introspección y de responsabilidad de sus comportamientos.