Confiando en la confianza
Por José María Gasalla. Escuela de Otoño de Voluntariado.
La realidad percibida en los escenarios actuales «Un hombre vivía al lado de una calle en donde vendía perritos calientes.
Se ocupaba de la propaganda del negocio y colocaba carteles por la calle, ofrecía su producto en voz alta y los transeúntes
compraban.
Las ventas fueron aumentando y cada vez compraba mejor pan y mejores salchichas.
Tuvo que comprar también un fogón mayor para poder atender un creciente nº de clientes, y el negocio prosperaba…sus perritos calientes eran los mejores de todo el barrio. Triunfador, consiguió pagar una buena escuela para el hijo, el niño creció y fue a estudiar economía en una de las mejores Universidades del país. Finalmente, el hijo ya formado, volvió a
casa, notó que el padre continuaba con la vida de siempre y decidió tener una conversación seria con él:
-Padre, ¿Vd. no oye la radio? ¿No ve la televisión ni lee los periódicos? -Hay una gran crisis en el mundo. La situación de nuestro país es crítica. Todo está muy mal. El país va a quebrar.
Después de oír las consideraciones de su hijo doctor, el padre pensó: si mi hijo que estudió economía lee los periódicos, ve la TV, cree esto, seguro que tiene razón.
Con miedo a la crisis, el padre buscó un proveedor de pan más barato (y claro, peor) y comenzó a comprar salchichas más baratas (que eran también, peores). Para economizar dejó de hacer carteles de propaganda en la calle.
Desanimado por las noticias de la crisis ya ni siquiera ofrecía su producto en voz alta. Tomadas todas estas «providencias» las ventas comenzaron a caer y fueron disminuyendo hasta niveles insoportables para el negocio del viejo, que antes generaba recursos incluso para pagar los estudios de economía del hijo, y al final quebró.
El padre, triste, entonces habló con el hijo: «estabas en lo cierto, hijo mío, estamos en medio de una gran crisis».
Y comentaba con los amigos, orgulloso: «bendita la hora en que animé a mi hijo a que estudiase economía, así me pudo avisar de la crisis…»
¿Os acordáis de esta historia? ¿Conocéis a alguien que pueda estar en peligro de que le pase algo parecido? ¿Es real la realidad?, se preguntaba ya hace muchos años Paul Watzlawick. ¿Cómo sabemos lo que creemos saber?
Cada día, desde que aparentemente (ya no me atrevo a asegurar casi nada) terminó la pandemia y comenzó la guerra de
Ucrania, aparecen noticias nada agradables sobre la posible recesión económica y en su supuesta machacona realidad, nos van sumiendo en un estado de ánimo cercano a la depresión. Y cada día peor…y parece que son los prolegómenos de los momentos peores que acontecerán en 2023.
Y las quiebras aumentan y, lo que es peor, sus consecuentes despidos…y cada vez más familias que no llegan a fin de mes.
¿Hasta que punto nosotros mismos somos víctimas de «profecías que se auto cumplen»? se pregunta Watzlawick. Con
nuestros pensamientos, nuestras expectativas vamos condicionando nuestros estados de ánimo y estos condicionan nuestra actitud, comportamientos y decisiones.
Y es cierto que no podemos dejar de considerar datos objetivos como la inflación, la carestía de la vida o las dificultades que
existen para el abastecimiento de energía.
Pero…seamos realistas y no nos dejemos arrastrar por el negativismo que nos envuelve.
Seguramente será tiempo de comenzar a hacer cosas que no hacíamos. Lo primero, CONFIAR…en nosotros mismos, en los otros y en un futuro que tenemos que crear entre todos y que aún no existe.
El mensaje está claro: si la realidad es mala, no la empeoremos.
Pongámonos en marcha. Y abramos nuestro corazón y nuestras manos a otros más que nunca cosa que desde Proyecto
Hombre estamos acostumbrados a hacerlo.