Derecho a hablar de lo que nos asusta - Proyecto Hombre

Derecho a hablar de lo que nos asusta

Autor: Asociación Proyecto Hombre 14/10/2022     

Autoría: Fundación ANAR

En demasiadas ocasiones los seres humanos ponemos la atención en los problemas, pero no en las causas que tejen el contexto social y cultural que los propicia. Ocurre con las cifras sobre el consumo de alcohol en menores de edad. Y de ese modo, ¿cómo atajarlo?

Como explica Graciela Sánchez, responsable del programa de formación y prevención en centros escolares de la Fundación ANAR, “si fuéramos capaces -entre todos- de construir un mundo donde la expresión del miedo, de la duda, del malestar estuviera permitida, estaríamos previniendo el consumo del alcohol y otras sustancias”.

Los adolescentes tienen pánico a exponerse ante los demás y sentir que los rechazan. Expresar sus sentimientos es considerado por el grupo de iguales como un signo de debilidad, incompatible con una sociedad que da tanto valor a los éxitos, en la que hay que demostrar a todas horas que todo nos va bien. Ocurre cuando tienen que ligar por primera vez: “Sienten miedos y vergüenza de que el otro note su inexperiencia, pero lo ocultan. Tienen que aparentar que está todo bajo control. Por eso prefieren hacerlo bajo los efectos del alcohol”.

Para prevenir –explica Diana Díaz, directora de las Líneas de Ayuda ANAR– es clave “estar siempre disponibles como padres y atentos a sus comportamientos desde las primeras etapas”. Promover el diálogo en cualquier circunstancia transmite, a su juicio, un mensaje claro: “Que en la familia podemos hablar de todos los temas, y que nuestros hijos e hijas pueden identificar cuál es nuestra posición como familia ante las conductas de riesgo”.

A medida que crecen, los adolescentes se van a ir encontrando situaciones en las que tomar decisiones y enfrentarse a desafíos, por lo que resulta necesario que manejen información adecuada en relación a riesgos y sus consecuencias: “Por ejemplo –explica Díaz–, las drogas son impredecibles, nunca se puede asegurar que no nos va a pasar nada si las consumimos, pues pueden producir reacciones muy adversas. Procurar que reciban información adecuada y profesional es clave, porque los adolescentes suelen moverse en torno a mitos o ideas distorsionadas que les impulsan a asumir riesgos”.

En las Líneas de Ayuda ANAR escuchamos los motivos que llevan a los jóvenes a caer en el consumo: evasión, diversión, aceptación, experiencia… “Así –recomienda Díaz– si observo que mi hijo o hija se evade, tendré que preguntarme: ¿de qué necesita evadirse? Igualmente si está teniendo un comportamiento más impulsivo de la cuenta. Hacernos estas preguntas puede evitar otras situaciones indeseables a futuro”.

Aparte de un entorno afectuoso y seguro, “debemos procurarles apoyo psicológico si muestran dificultades a la hora de relacionarse con normalidad, o tienen problemas de autoestima o con el manejo de las frustraciones”. Se trata de educar en responsabilidad transmitiéndoles seguridad, concluye Diana Díaz. Más allá de las medidas concretas, ambas expertas coinciden en la idea de construir una sociedad en la que podamos hablar de lo que nos asusta, pensar sobre ello con otras y otros, y aprender. Quizás entonces el consumo de alcohol dejará de

Revista Proyecto 109 [Septiembre 2022]