DOSSIER: Adicciones y violencia de género

Autor: Asociacion Proyecto Hombre      20/03/2020     

Mercedes Muñoz FernándezTécnico de ProyectosProyecto Hombre Madrid.

La Asamblea de Naciones Unidas, en 1993, definió la Violencia de Género (VG) como aquella que tiene lugar por pertenecer al sexo mujer. Pese a las medidas adoptadas en nuestro país, continúa siendo un problema de gran envergadura. En 2018, según el Consejo General del Poder Judicial, el total de denuncias por esa causa fue de 166.961. En marzo de 2019, Instituciones Penitenciarias cifraba en 4.544 los recluidos por delitos y faltas por VG, siendo ésta la tercera causa de ingreso en prisión desde 2017.

Los esfuerzos, como recuerda Corsi (2015), se han concentrado en visibilizar el problema,  atender y proteger a las víctimas, legislar, y crear organismos encargados del seguimiento, al mismo tiempo que insiste en la necesidad de dar “un paso más” y abordar el problema en varones.

En el marco de estrategias de intervención precoz, el CES Proyecto Hombre Madrid ha realizado una primera investigación sobre el maltrato por parte de los varones a sus parejas, con antelación al inicio del tratamiento de sus problemas del consumo de sustancias. Este artículo forma parte del estudio descriptivo acerca del maltrato a la mujer practicado por los varones atendidos en el centro ambulatorio para deshabituación de sustancias, ocurrido con antelación al inicio del tratamiento. La indagación se realiza desde cuatro perspectivas: creencias, actitudes hacia la mujer, y conductas de maltrato, manifestadas por sus parejas, y aquellas admitidas por el paciente.

PREMISAS PARA LA INDAGACIÓN Y METODOLOGÍA

Teniendo en cuenta que la VG está tipificada como delito en nuestra legislación, y que además se considera socialmente como una conducta vergonzante, resulta espinoso que las personas declaren su práctica. Por ello, la indagación se efectúo mediante cuestionario.  

Los siguientes aspectos fueron objeto de indagación:

-Características sociodemográficas para conocer quiénes eran las personas estudiadas.

-Opinión de los usuarios sobre conductas consideradas como abuso, maltrato, y VG; preguntas que cuentan con cierta tradición, pues fueron formuladas en 2012 por el Observatorio de VG.

-Recuerdos de reproche de la pareja por practicar dichas conductas o conductas muy parecidas.

-Estudio de los pensamientos sobre la mujer, violencia y sexismo: escalas IPDMUV-R y ASI

-Indagación de la práctica de conductas de abuso y/o maltrato con sus parejas. Resolución de los conflictos creados y explicación sobre ello.

-Conciencia de problema de VG.

Se excluyeron de la población objeto de estudio a las personas atendidas con Trastorno Mental Grave y/o Trastorno Mental Orgánico.

PRINCIPALES RESULTADOS DEL ESTUDIO Y DISCUSIÓN

Se presenta solo una parte de los resultados, dada la extensión del estudio realizado.

¿Quienes participaron en el estudio?

El estudio se realizó en marzo del 2019, participando 104 varones de los 120 posibles (86,66%).

El 87,4% son de origen español y nacionalidad española (92,2%), con una edad media de 40,8 años (d: 10), con hijos/a (54,8%), y con formación de tercer nivel (80,5%).

Un dato llamativo es el alto porcentaje de universitarios (34,8%). En esta categoría se incluyeron tanto a los que habían finalizado el grado y/o licenciatura como aquellos que iniciándolo no lo finalizaron, siendo la proporción de estos últimos del 12,9% respecto del total. 

Casi todos (95,3%) han tenido pareja, manteniendo actualmente una relación (60,6%). Las parejas, en su mayoría no han sido consumidoras de sustancias (63,5%), siendo la duración media de la relación de 11,25 años.

La población en tratamiento considera su droga principal los psicoestimulantes (62,7%) y el alcohol  lo es para el 24,5%. La cronicidad del problema es elevada (media 17,1 años): el 40 % con más de 20 años.

El 12,5 % declara haber estado en prisión alguna vez, si bien el promedio de meses recluido (36,95) no es representativo, pues la desviación típica supera el valor de la media (38 puntos).

Aproximación a las creencias sobre las relaciones de pareja y violencia de género

En el cuestionario se formularon las siguientes preguntas:

El 62,1% considera todas las conductas propuestas como inaceptables.

La trascendencia de estos resultados es que la influencia grupal para el cambio de conductas es decisiva. La lucha contra la VG y en favor de la igualdad incluye no solo a los que maltratan, sino y también, como indica Lozoya (2009), a los que consideran razonable aprovecharse de las mujeres en lo doméstico o lo sexual, a los que también son comprensivos con el maltrato en determinadas circunstancias, a los indiferentes, y aquellos que conociendo su existencia la aceptan. Es decir, y como indica en su cita textual: “todos ellos se convierten, aún sin quererlo, en cómplices que toleran la violencia” (ibíd. p.92).

Por ello, al menos el 37,9 % de los varones en tratamiento de su adicción en nuestro centro ambulatorio,  se beneficiarían de la deconstrucción de las racionalizaciones que contribuyen a justificar la conducta de abuso y/o violenta hacia la mujer.

Creencias sobre la mujer y uso de la violencia

Las escalas IPDMUV-R, y la Escala ASI, proporcionan información imprescindible para determinar si la violencia ejercida es por razón de género o no, pues es requisito para ser considerada como VG.

Según criterios de puntuación del IPDMUV-R, el porcentaje de casos con puntuaciones superiores a 8 es del 10,57 %, por lo que según criterios del test,  esta sería la cifra de posibles maltratadores.

La escala ASI reveló que el 38,5% mostraba un sexismo ambivalente medio/alto, un 2,9% presentaba sexismo hostil medio/alto, y el 2% mostraba un sexismo benevolente medio/alto. Con niveles de sexismo bajo se cuantificó al 25 % de los estudiados. Y por debajo de rango, el 27,9%.

Se sopesó al inicio del estudio incorporar una evaluación sobre la deseabilidad social balanceando su pertinencia con su penalización, pues suponía incorporar al cuestionario 30 ítems más. Al tratarse de un estudio de aproximación a la problemática, que no de diagnóstico, la información recogida debe ser interpretada en términos “de al menos…” es decir, las cifras pueden incluso mayores.

El sexismo ambivalente, con los matices de intensidad, sugiere la existencia de actitudes positivas hacia la mujer, basadas en la necesidad  y dependencia que el varón tiene de ella, que se advierte en “conductas  prosociales y de búsqueda de intimidad”, pero que invisibiliza el estrechamiento vital que significa para la mujer reducir su vida solo a ciertos roles (Expósito et al., 1998 p.167).

Las conductas de maltrato,se estudiaron desde dos perspectivas diferentes:

  1. Desde la perspectiva de la pareja: indicador indirecto de maltrato (tabla nº 2)

Las estrategias de abuso psicológico comienzan con el control de la relación (aislamiento y limitación de la red de relaciones, control y manipulación de la información, de la economía, ocupación del tiempo,..etc.), el abuso emocional mediante amenazas, coacciones, menosprecio, la imposición del propio pensamiento y exigencia de un rol servil (Boira, 2010. p. 69).

Los celos y actitudes posesivas no siempre evidentes en agresores son para Sonkin (1985),”indicador significativo de su potencial homicida” (en Dohmen, 1996 p.120).

El 30,4 % de las parejas ha verbalizado al usuario que estaba asustada por cómo usted [el usuario] se comportaba (su mirada, romper cosas, gritos…). Reconocimiento que espeja  el amedrentamiento que sufren algunas mujeres, evidenciando uno de los mitos y creencias en los que se sustenta la masculinidad hegemónica, según el cual el éxito supone la subordinación de la mujer a través del poder y del control de la relación.

En los análisis de los problemas suele subrayarse la dependencia de la mujer, mostrando su fragilidad, olvidando que la misma es mutua; el varón es también dependiente de la mujer a la que maltrata, razón por la que no es posible la ruptura ni tampoco la subversión del orden establecido.

  1. Reconocimiento de conductas de maltrato por parte del paciente (tabla nº 3)

Al comparar las manifestaciones de la pareja y el maltrato reconocido por el varón, se observa que la violencia psicológica reconocida por el paciente es mayor que los valores que se registran desde la perspectiva de la pareja. Respecto al control de la pareja, los pacientes manifiestan haber ejercido menor control que el que recuerdan que sus parejas le han manifestado, y respecto de la violencia económica la variante advertida es el mayor número de pacientes cuyas respuestas reconocen violencia de intensidad grave pero también el de aquellos que piensan que no la han ejercido.

El 16,3% reconoce episodios de maltrato físico, con las matizaciones de intensidad que recoge la tabla 3. El 8,7% admite violencia sexual.

En la tabla que se muestra a continuación (nº4) figuran las causas del maltrato según el usuario :

No se puede obviar que algunas de las justificaciones que con frecuencia presentan las personas que maltratan a sus parejas son la defensa propia ante las agresiones de la mujer, así como los problemas psíquicos de aquella. En ocasiones, es cierto que existe violencia por parte de la mujer, aunque como argumenta Dohmen (1995, p.89), se trata de un accionar en defensa propia, que en palabras de Perrone y Nanini (1992) suponen una simetría en la relación violenta. Argumentaciones que le valen al varón agresor para eximirse de su propia responsabilidad, ilustrando “su ceguera selectiva”.

Es cuando menos preocupante, que el 47,5% manifieste que las conductas son  cuestiones sin importancia (minimización) y asunto privado. Es este uno de los principales argumentos a combatir en todo programa de intervención en VG con personas que abusan y/o maltratan a la mujer. El abordaje grupal de las conductas de maltrato practicadas o la justificación de las mismas supone de facto su visibilización, objetivo prioritario de todo  tratamiento de intervención en VG.

Las respuestas recabadas parecen desvelar, lo que también se advierte en el tratamiento de la adicción, respecto a la incapacidad para la resolución del conflicto mediante el diálogo y la comunicación, dificultad en el control de impulsos (mi carácter, agresivo, etc.), los celos que revelan la posesividad a ultranza y el miedo a la pérdida y control de la relación.

Los celos (20%), se relacionan con la falta de autoestima y el bajo autoconcepto, problemática habitual en personas consumidoras de sustancias.

Y finalmente, y una vez más, se advierte la influencia de la educación y la cultura (“de esta forma se reacciona en mi familia y yo hago lo mismo”). Es decir, su «naturalización«.

Tabla 5: Resolución de los conflictos.

Para Walker (2012) el ciclo de la agresión discurre en fases diferenciadas: una de acumulación de tensión, otra de agresión, y finalmente una tercera etapa de arrepentimiento.

Como se comprueba, la acumulación de tensión (“no se lo perdonaba, y se la guardaba”) se produce en el 32% de los casos. Y el arrepentimiento teóricamente en el 75% de los atendidos. Este último no supone ni mucho menos que haya una reflexión honesta y de afrontamiento de las causas que lo desencadenan, hecho que se advierte cuando el 68% “esperaba a que el tiempo pasase sin hacer nada”, e incluso para el 53% “que la víctima pidiese perdón”.

En este sentido, Echeburúa (2018) insiste en que el sufrimiento de la mujer no suscita la empatía y no despierta compasión, operando como estímulo favorecedor para la continuidad de la agresión.

Tabla 6. Grado de violencia según frecuencia de conductas. Aproximación según Instrumento. UNICEF

El 9,61% de la población estudiada declara que cree tener un problema de violencia de género

Recopilando todos los datos

Al estudiar individualmente todos estos aspectos (creencias, actitudes, conductas manifestadas por la pareja y las conductas reconocidas por el paciente), se encontraron diferentes situaciones:

  1. Evidencia fuerte de problema de violencia de género: los usuarios que declaran tener un problema de violencia de género o que proporcionan información de:
    1. Conductas de maltrato hacia la pareja y/o recriminaciones de parejas por conductas de maltrato en niveles medio/elevado (2 y 3).
    1. Y, además, puntúan en ASI con niveles medios o elevados, o en Echeburua >=8, o consideran inevitables o aceptables conductas de maltrato.
    1. Evidencia de violencia hacia la mujer (manifestaciones del paciente y/o reproches de la pareja), pero sin indicios de sexismo elevado o moderado: violentos en general.
    1. Sexismo sin violencia: Hay evidencia de sexismo moderado o elevado pero sin registro de conductas violentas hacia la pareja, ya sea expresada por la pareja o manifestada por el paciente.
    1. Sin evidencia de problemas de sexismo, ni tampoco de violencia hacia la pareja.

La cuantificación según estos criterios fue la siguiente:

  • El 54,8% de la población estudiada muestra fuerte evidencia de VG
  • Existe una proporción importante de personas que han agredido a su mujer, pero para las que  no consta un problema de sexismo(22,1%). Este grupo sería el de personas que posiblemente (y esto es conjetura pues no se ha verificado en el estudio) maltrataron a su pareja como lo hacían con otras personas, a los animales, etc., y por tanto violentos en general.
  • No violentos pero con valores de ASI en rango medios/altos, son el 9,6%, guarismo que refleja a aquellos que sustentan sus relaciones de pareja desde una perspectiva de desigualdad.
  • Y un 13,5 % en los que no existe indicio de problemática sexista y violenta.

CONCLUSIONES

  1. Las personas que acuden a tratamiento de su adicción al centro ambulatorio son conscientes del problema con las sustancias, pero parecen no serlo respecto a sus creencias y conductas sexistas hacia la mujer.
  2. “El tratamiento específico para abordar el consumo de drogas sin un tratamiento específico de la conducta de maltrato no pondrá freno a la conducta agresiva” (Walker (2012, p.337).
  3. La atención de hombres en programas de deshabituación de su adicción constituye una ventana de oportunidad estratégica para abordar el problema de la violencia de género y del sexismo sin violencia, en ausencia de condena judicial. 
  4. El abordaje del problema debe contemplar los diferentes matices revelados, pues hay varones sexistas sin paso al acto, violentos por razón de género, y violentos en general.
  5. Parece recomendable implementar estrategias de intervención precoz. Definidas por la OMS (2008) para el caso de las drogas, como estrategias proactivas, incluso antes de que la persona sea consciente de su problema o admita como problemáticas ciertas conductas.
  6. En el caso de VG la intervención precoz, desde nuestro punto de vista, podrían orientarse a:
    • Visibilizar el problema mediante su cuantificación.
      • Sensibilizar a la población atendida sobre el maltrato, y sus consecuencias en las víctimas.
      • Profundizar en sus causas, y refutar los pensamientos distorsionados que los amparan.
      • Motivar para el tratamiento específico a las personas que lo necesiten.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

  • Boira, S. 2010. Hombres Maltratadores. Historias de violencia masculina. Prensas Universitarias de Zaragoza. Zaragoza
  • Consejo General del Poder Judicial. 2018. Violencia sobre la mujer. Informe anual 2018.
  • Corsi, J. 2015. Violencia familiar y violencia de género. Violencia masculina en la pareja. Actualizaciones conceptuales. CPSIA
  • Dohmem,L. 1996. Aspectos interacciónales. En Violencia Masculina en la pareja. Una aproximación al diagnóstico y a los modelos de intervención.
  • Echeburúa,E; Muñoz,J.M. 2017.Limites entre la violencia psicológica y la relación de  pareja meramente disfuncional: implicaciones psicológicas  forenses. A. de psicología, 33 (1) pp18-25
  • Expósito, F; Moya, C; Glick, P. 1998. Sexismo ambivalente: medición y correlatos. Revista de Psicología Social, 13 (2) pp 159-169.
  • Instituciones Penitenciarias. 2019.
  • Lozoya, J.A. (2009). Los Hombres frente a la violencia contra las mujeres. Gizonduz. Emakunde. p 92
  • Perrone, R; Nanini, M. 1992. Violencia y abusos sexuales en la familia. Una visión sistémica de las conductas sociales violentas. Paidos. Buenos Aires
  • Ravazzola, M.C. (1996). Historias infames: los malos tratos en las relaciones. Ed. Paidos. Buenos Aires.
  • UNICEF (2007). Manual para la detección y orientación de la violencia intrafamiliar. Cuestionario de screening Violencia contra la mujer.
  • Walker, L. 2012. El síndrome de la mujer maltratada. Desclée de Brouver.