DOSSIER: Covid-19 y adicciones, una revisión de las evidencias disponibles

19/08/2021     

Por Alba González-Rozy Roberto Secades-Villa

COVID-19 y adicciones

Con motivo de la pandemia del COVID-19, a partir del mes de marzo de 2020 empezaron a entrar en vigor en todo el mundo una serie de medidas sanitarias para el control y la prevención de la misma, entre ellas el confinamiento y el distanciamiento físico. Sin embargo, estas estrategias, que han demostrado ser altamente eficaces en la reducción de la infección, pueden, al mismo tiempo constituir estresores agudos de carácter continuado para la población que se ve afectada. El impacto psicosocial de estas medidas ya se ha documentado en estudios de revisión y metaanálisis. Aproximadamente, el 53% de la población estima que la pandemia ha tenido un impacto negativo en su salud mental, incluyendo uso de alcohol, otras drogas, juego, o sobreingesta, como formas de afrontamiento o regulación del malestar emocional (Avena et al., 2021). Entre la población general y clínica, las reacciones psicológicas más frecuentes han sido los síntomas de ansiedad (31%), seguidos de la depresión (16-29%), y estrés (8%) (Turna et al., 2021). Entre las demandas de tratamiento más habituales, se ha documentado el consumo de sustancias, problemas adaptativos y la consulta por problemas asociados al trastorno bipolar o del espectro psicótico.

Las personas con problemas de adicción constituyen un grupo poblacional de elevado riesgo para el desarrollo de problemas físicos asociados a la COVID-19 (Wang et al., 2021). La interrupción de los servicios asistenciales ha representado un factor de riesgo significativo para la recaída como se ha evidenciado en distintos estudios realizados en personas a tratamiento por estos trastornos. La magnitud del impacto de la COVID-19 en las conductas adictivas se refleja en el creciente número de estudios de revisión que se han publicado en revistas científicas durante el período 2020-2021. La base de datos PUBMED, una de las centrales en la investigación en el ámbito de la salud, ya registra a fecha de esta publicación 67 artículos de revisión, revisión sistemática o metaanálisis con los términos de búsqueda: “COVID-19 AND addictions”. Se presenta a continuación una revisión selectiva de las principales evidencias obtenidas hasta la fecha.

Incidencia de las conductas adictivas durante la COVID-19

El inicio o recaída en el uso de sustancias se ha evaluado en distintos estudios epidemiológicos. En España, la DGPNSD (2021) ha informado de un descenso generalizado en el uso de sustancias y participación en conductas adictivas entre la población general. En sentido contrario, un estudio clínico realizado en España con personas en recuperación por el consumo de alcohol informó de un incremento de aproximadamente el doble en la tasa de positividad en el consumo de alcohol durante la pandemia (Barrio et al., 2021).

En el contexto internacional, a partir de una muestra de jugadores habituales, se estimó que el 17,3% de los hombres y el 16,5% de las mujeres inició una nueva actividad de juego durante la pandemia (Wardle et al., 2021). Mientras que un 5,5% de la población ha abandonado o reducido su consumo de tabaco, un 9% ha iniciado, recaído o incrementado la intensidad del hábito de fumar (Carreras et al., 2021). Entre las personas con diagnóstico de trastorno mental grave (i.e., trastornos psicóticos o bipolares), la prevalencia de consumo de tabaco parece ser mayor que en la población general (Peckham et al., 2021). En estas personas, el inicio en el consumo de esta sustancia durante la pandemia se estima en un 5,9%.

El impacto psicosocial de la pandemia parece ser mayor en las personas con problemas de adicción preexistentes. El abuso de alcohol (23%) y de otras drogas (16%) es frecuente en personas en proceso de recuperación por adicciones (Taylor et al., 2021). Hochstatter et al. (2021) informaron de un consumo de alcohol y marihuana continuado en personas que recibían una intervención preventiva para el consumo de opioides, así como de un incremento en 2,09 veces en el riesgo de usar drogas ilegales durante la pandemia (heroína, opioides, cocaína, metanfetamina o sedantes). Igualmente, en San Francisco (USA), se ha informado de un incremento del 50% en el número de sobredosis por cocaína durante el confinamiento (Appa et al., 2021).

Respecto a las nuevas tendencias de uso de sustancias, distintos trabajos han alertado de un incremento potencial en las prácticas sexuales de riesgo, conocidas ya como “chemsex”, que incluyen habitualmente el uso de drogas ilegales para mantener relaciones sexuales. Este incremento se ha observado sobre todo en hombres. En un estudio realizado en Brasil y Portugal a partir de una muestra de 2,361 hombres que tienen sexo con hombres, un 38,9% informó de la práctica del chemsex durante la COVID-19 (Sousa et al., 2020). En Amsterdam, se ha informado de cifras similares que rondan el 38%, incluso a pesar de las medidas restrictivas y de distanciamiento físico.

Factores de riesgo asociados a las conductas adictivas

La investigación relacionada con la COVID se ha centrado en mayor medida en el estudio de los factores de riesgo individuales asociados al consumo de sustancias y uso problemático de Internet (ver Tabla 1). De forma consistente, niveles elevados de sintomatología depresiva, estrés y ansiedad se han identificado como factores de riesgo para el uso de sustancias y otras conductas problemáticas, como el uso excesivo del teléfono móvil, de Internet y participación en videojuegos. El miedo y la preocupación relacionada con la enfermedad juegan un papel importante a la hora de explicar por qué las personas se inician o recaen en el uso de sustancias. Este hecho se encuentra bien representado en la hipótesis de la automedicación en la que participan procesos psicológicos de reforzamiento negativo que darían cuenta del inicio y mantenimiento de las conductas adictivas.

Representa un precedente el estudio longitudinal realizado en los veteranos de la guerra de Vietnam en la década de los 70 (ver para una excelente revisión: Becoña, 2018). En el trabajo mencionado se pone de manifiesto no solo la naturaleza biopsicosocial de las adicciones, sino también la influencia de la deprivación de reforzadores naturales alternativos y el contexto estresante en el uso de sustancias. En la situación de pandemia actual, se presupone que la restricción en los movimientos y confinamientos decretados han supuesto factores de vulnerabilidad para las personas a tratamiento por adicciones, por la imposibilidad de acceder a fuentes de activación (ej., ejercicio físico) y de reforzamiento natural (ej., interacciones sociales). 

En adolescentes (edad media = 19,17), la desregulación emocional se ha vinculado con el uso de alcohol durante la pandemia (Essau & de la Torre-Luque, 2021). El uso de alcohol en solitario (49,3%) y con iguales (haciendo uso de la tecnología) (31,6%) parecen ser los patrones más predominantes de uso en la población adolescente (Dumas et al., 2020). Igualmente, en jóvenes adultos (edad media =23,3), el aislamiento, la soledad y el consumo como forma de afrontamiento de la depresión parecen ser factores determinantes a la hora de explicar el consumo de cannabis.

En comparación con los hombres, las mujeres muestran una progresión más rápida en el desarrollo de una adicción. En parte, se debe a la elevada co-ocurrencia de trastornos psicológicos que apoyan la hipótesis de la automedicación. A pesar de que la literatura es aún limitada, distintos trabajos de revisión han alertado de una mayor vulnerabilidad en el caso de las mujeres para el desarrollo de problemas de adicción durante la pandemia, entre ellos: el fortalecimiento de los roles de género (al ejercer como cuidadoras), dificultades de conciliación, desempleo y menor demanda de tratamiento debido en parte a un incremento del estigma asociado al uso de sustancias (Connor et al., 2020)

Conclusiones: implicaciones para la evaluación e intervención en adicciones

Las personas con problemas de adicciones constituyen uno de los principales grupos de riesgo en las situaciones de pandemia como la del COVID-19. Desde una perspectiva contextual, las conductas adictivas se entienden como una forma de evitación experiencial* condicionada por la experimentación de estresores físicos (de tipo externo) o emocionales (como la rumiación). Es muy probable que el impacto psicosocial ocasionado por la COVID-19 (pérdida de seres queridos y recursos económicos, distanciamiento social, etc.) haya incrementado este tipo de estresores.

Los sistemas de evaluación deberían incorporar instrumentos de evaluación válidos y fiables para poder examinar estos procesos psicológicos, implicados en el inicio y mantenimiento de distintas conductas adictivas. En el terreno del tratamiento, la teleasistencia ha sido una de las formas más habituales de apoyo durante este periodo. Un ejemplo documentado es el servicio telefónico SMARTline que, basado en los principios de la terapia cognitivo-conductual, ofrece apoyo social para facilitar la abstinencia y derivación a recursos comunitarios o a grupos de autoyuda (Liese & Monley, 2021). El uso de las videollamadas parece ser bien aceptado y ofrece resultados positivos en términos de salud mental. Este mismo formato de intervención para el tratamiento del trastorno por uso de opioides se asocia a una mayor retención en comparación con el tratamiento cara a cara. A pesar de representar una alternativa factible, los recursos económicos comprometen el acceso a la tecnología entre las personas con problemas de adicciones. Resulta prometedora la tecnología denominada (m-health), accesible a través de un dispositivo móvil y consistente en el uso de mensajes de texto o aplicaciones instalables.

 Las intervenciones psicológicas o de tipo contextual (como “ACT”, aceptación y compromiso y “AC”, activación conductual) también resultan prometedoras en este contexto. No obstante, hasta el momento, la evidencia empírica sobre la eficacia de estas terapias para el abordaje de la adicción y el impacto psicosocial asociado a la COVID-19 no está disponible y será preciso evaluar su efectividad en un futuro próximo.

*La evitación experiencial consiste en la evitación de pensamientos, sensaciones y emociones desagradables, con la intención de no experimentarlos.


Referencias Bibliográficas:

  • Alba González-Roz y Roberto Secades-Villa
  • Departamento de Psicología/Instituto Universitario de Investigación en Ciencias de la Salud (IUNICS) – Universidad de las Islas Baleares, Mallorca
  • Grupo de Conductas Adictivas (GCA) – Departamento de Psicología – Universidad de Oviedo, Oviedo