El impacto de la tecnología para los adolescentes oportunidades y retos: Por un uso equilibrado de las tric - Proyecto Hombre

El impacto de la tecnología para los adolescentes oportunidades y retos: Por un uso equilibrado de las tric

Autor: Asociación Proyecto Hombre 28/09/2023     

Autoría: Belén Andrade Pérez. Especialista en Derechos Digitales de la infancia.  UNICEF España.

Los niños y adolescentes señalaron que las tecnologías digitales son esenciales para su vida actual y para su futuro: “Por medio de la tecnología digital, podemos obtener información de todas partes del mundo”; “[La tecnología digital] me permitió conocer aspectos importantes de mi propia identificación personal”; “Cuando estás triste, Internet puede ayudarte a ver cosas que te alegran”. Observación general núm. 25 (2021) relativa a los derechos de los niños en relación con el entorno digital.

La llegada del móvil

Los avances tecnológicos nos permiten acceder a través del móvil y de otros dispositivos digitales, a una cantidad infinita de contenidos e información. Niños y niñas desde edades muy tempranas cuentan ya con su móvil de uso personal. Sabemos que esto está ocurriendo en España entre los 10 y los 11 años, de media. Seguramente la negociación para conseguirlo empezó mucho antes. Repetir insistentemente que todos sus amigos, compañeros y familiares ya lo tenían y que se sentían excluidos, también. A partir de este momento, inician una seria de negociaciones por conseguir una “buena convivencia” con la tecnología, tanto dentro como fuera de casa.

Y así, el móvil pasa a convertirse en una extensión de su cuerpo y les abre la puerta a un mundo de contenidos, contactos y relaciones, que forman parte de las vidas y experiencias diarias para niños y adolescentes.

De las TIC a las TRIC

Conscientes de estos cambios y con el fin de profundizar en el impacto que está teniendo la tecnología en el día a día de niños y adolescentes, desde UNICEF España nos hemos propuesto aportar al debate un diagnóstico riguroso que permita la reflexión informada sobre el impacto de la tecnología en la infancia. Así, junto a la Universidad de Santiago de Compostela y el Consejo General de Colegios de Ingeniería Informática, realizamos un estudio en el que participaron más de 50.000 chicos y chicas de todo el estado (Andrade et alt, 2021).

Gracias al abordaje y enfoque sobre la importancia del Factor Relacional, que hace necesario el cambio de paradigma de las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) hacia las Tecnologías de la Relación, la Información y la Comunicación (TRIC) (Marta-Lazo y Gabelas Barroso, 2016), con una relevancia notable en momentos clave del desarrollo de la identidad y la personalidad como son la infancia y la adolescencia, hemos podido abordar a partir de este estudio el estado de la situación desde una perspectiva más comprehensiva, incluyendo aspectos relacionales, así como las implicaciones sobre su desarrollo, bienestar y salud mental.

Las relaciones y el grupo de iguales

De la consulta realizada a los adolescentes podemos comprobar que el contacto con los amigos, la sensación de conexión con los demás, la búsqueda de apoyo, comprensión y diversión, figuran entre las primeras razones a las que acuden a internet y las redes sociales.

Refieren de forma mayoritaria que Internet y las redes sociales les ayudan a: hacer amigos (58%), a no sentirse solos (44 %), a mostrarse tal y como son (33%), a ser aceptados por los demás (27%) y a ser populares (27%).

El uso de las pantallas supone un aporte trascendental e innegociable en la adolescencia, tanto a nivel social como emocional. Encuentran a través de ellas alegría, diversión, placer, apoyo, comprensión y bienestar emocional, en resumen, se convierten en un surtidor de afectos y experiencias en las que predominan las emociones positivas y sin el que hoy parecería difícil vivir.

Riesgos

Una vez comprendidas las motivaciones para participar del mundo digital es necesario ser conscientes de forma precisa de lo que ocurre en este espacio. Familiarizarnos con los distintos riesgos nos situará en mejor condición para desarrollar actividades preventivas y educativas. Hagamos un recorrido por algunas de estas cuestiones.

Sexting

Práctica cada vez más generalizada, especialmente entre adolescentes, que consiste en el envío por medios digitales de contenidos personales de carácter erótico o sexual (fotografías o vídeos producidos por el propio remitente). Suele distinguirse entre sexting activo (es la persona la que envía el vídeo o imagen de sí mismo) y sexting pasivo (es quien lo recibe). Aunque no deben considerarse como prácticas necesariamente negativas, pueden llegar a ser motivo de conflicto cuando los contenidos son reenviados a terceros sin consentimiento, dando lugar incluso a un nuevo tipo de delito (art. 197 del Código Penal). Pueden además estar en la base de presiones, intentos de chantaje o sextorsión e incluso de ciberacoso.

Se han detectado conductas constitutivas de sexting con tasas realmente preocupantes: el 8% manifiesta haber enviado fotos o vídeos personales de carácter erótico o sexual y más del triple (el 26,8%) manifiesta haberlos recibido.

Consumo de pornografía

El 35% de los adolescentes reconoce consumir pornografía de forma habitual. En un análisis por género, las cifras alcanzan al 50% de los chicos y al 20% de las chicas. La falta de una adecuada formación afectivo-sexual puede dejarles sin argumentos a la hora de enfrentarse a estos contenidos.

Contacto con desconocidos

Se puede definir como una serie de prácticas llevadas a cabo por personas adultas en Internet para ganarse la confianza de menores con fines sexuales, fingiendo empatía y adaptándose a su lenguaje. El caso más común consiste en crear un perfil falso en una red social, aplicación o videojuego, haciéndose pasar por menores con la intención de ganarse en poco tiempo su confianza y tener un contacto sexual. Esta práctica constituye un nuevo tipo delictivo, recogido en artículo 183 del Código Penal.

El contacto con desconocidos supone un caldo de cultivo para el grooming: el 57,2% ha aceptado alguna vez a un desconocido en una red social, el 21,5% llegó a quedar en persona con gente que conoció exclusivamente a través de Internet y 1 de cada 10 adolescentes recibió una proposición sexual por parte de un adulto en Internet. Se aprecian, además, algunas diferencias de interés por género: las chicas son objeto de proposiciones sexuales por parte de adultos dos veces más que los chicos.

Dark web

También conocida con otros nombres (Dark Net o Deep Web), Internet esconde niveles de navegación más profundos y peligrosos para cualquier internauta, pero especialmente en la adolescencia, etapa en la que la curiosidad y las conductas de riesgo están premiadas socialmente entre iguales. Hacen referencia a toda aquella porción de Internet que no se encuentra desde los buscadores habituales y a los que solo es posible acceder a través de buscadores específicos. El acceso a información para acceder es relativamente sencillo de encontrar en tutoriales y páginas web. Gracias a su carácter anónimo, estas otras redes o capas han llegado a convertirse en el canal idóneo para todo tipo de delitos.

Acoso escolar y ciberacoso

La violencia escolar o school bullying, entendida como acto agresivo e intencionalmente dañino, que generalmente se repite en el tiempo y es llevado a cabo por uno o más menores hacia otro que no puede defenderse fácilmente, constituye una de las formas más comunes de victimización durante la infancia y la adolescencia, que afecta a un tercio de los niños y niñas de todo el mundo, también en nuestro país.

El uso cada vez más extendido de la tecnología ha provocado un aumento de las conductas de acoso en entornos digitales, fenómeno que se conoce como ciberacoso o cyberbullying que habitualmente tiene un reflejo en el mundo físico, pudiendo considerarse el ciberacoso una extensión del acoso escolar.

Videojuegos y Juego Online

Videojuegos

El teléfono es el dispositivo mayoritario a la hora de jugar, por encima de la consola.  Jugar a videojuegos constituye una de las principales fuentes de ocio, especialmente entre los adolescentes más jóvenes. Por término medio, dedican siete horas por semana, aunque un 4,4% dedica más de treinta.

Para un 16,7% de los adolescentes el uso de videojuegos estaría suponiendo un problema y un 3,1% adicional presentaría síntomas de una posible adicción. Estas cifras ascenderían al 37,7% y al 8,1% entre quienes juegan todos los días.

Respecto a la idoneidad de los juegos según edad, el 54,7% de los adolescentes que juega habitualmente lo hace a videojuegos designados por la Pan European Game Information (PEGI) como no adecuado para menores de 18 años.

Un uso intensivo y sin supervisión de videojuegos no recomendados para su edad, puede tener importantes implicaciones a nivel de salud mental y de convivencia.

Juego on-line

El porcentaje de adolescentes que ha apostado o jugado dinero online alguna vez en su vida es del 3,6%. Un 1,6% lo hace de manera habitual (al menos una vez al mes). Las apuestas deportivas es la modalidad que más aceptación tiene entre los estudiantes de secundaria.

El aumento en las cifras de adolescentes que han comenzado a apostar o jugar dinero online, multiplica también el riesgo de desarrollar a medio o largo plazo, una ludopatía. El carácter social del juego y la creencia relativamente asentada entre adolescentes que juegan online de que es bastante o muy probable ganar dinero (43,1%), son dos elementos motivadores, que debemos “desmontar”.

Uso problemático o posible adicción

Desde un punto de vista estricto, no podemos hablar de adicción a Internet o a las pantallas puesto que la comunidad científica, reconociendo que es necesaria más evidencia, maneja la expresión de uso problemático de Internet. Sin embargo, en el caso de los videojuegos y el juego online, la OMS los reconoce como las dos únicas Adicciones Sin Sustancia.  Cuando se habla de uso problemático, esta denominación contempla la conexión diaria de más de cinco horas que interfiere de forma notoria en otras conductas clave para el desarrollo infanto-juvenil, como pueden ser dormir, estudiar, relacionarse con su familia, leer o hacer deporte, entre otras. Esta interferencia clara en su día a día, podría desencadenar otros problemas de salud, por lo que es importante generar unas normas claras y prácticas de uso, que vayan generando una buena higiene digital, disminuyendo el desarrollo de problemas relacionados con el uso inadecuado de la tecnología.

Salud mental

En España un tercio de los adolescentes estaría haciendo este uso problemático y en ellos encontramos un peor bienestar emocional, una más baja integración social y una menor satisfacción con su vida, siendo las tasas de depresión hasta tres veces más altas en este grupo. En definitiva, sin establecer correlación entre el uso de la tecnología y esta situación, nos encontramos ante una afectación notable de la salud mental, que desde una mirada de salud pública nos urge a desplegar políticas, recursos y acciones concretas preventivas.

El rol de las familias

“El mejor software de acompañamiento parental es la educación”

Se ha constado a través de este estudio, que la educación en casa y las pautas de uso de los móviles inciden directamente en la relación de los niños y adolescentes con la tecnología. Debemos trabajar en desarrollar capacidades en el ámbito familiar que contribuyan a configurar un entorno digital seguro y en el que niños, niñas y adolescentes puedan adquirir las competencias necesarias para ejercer su ciudadanía digital y desarrollarse, asentando unos hábitos de higiene digital respetuosos con sus ritmos y necesidades. Desde sus primeros contactos con la tecnología, es fundamental estar informados y dispuestos a acompañar, aconsejar y escuchar los intereses, necesidades de niños y adolescentes. Esta escucha activa nos permitirá, darles unas pautas esenciales en el campo relacional, que aplican también al espacio digital. Chicos y chicas irán construyendo su identidad digital, para lo cual necesitan estar informados, preparados y conocer los riesgos, las ventajas y los mecanismos para pedir ayuda en caso de necesitarla.

Incidir desde la educación

Como hemos podido intuir en la Encuesta sobre brecha digital, el grupo de edad entre los 16 y 25 años se autopercibe más competente en el ámbito digital que otros tramos etarios, a lo que une el sentimiento de una mayor inmersión provocada por los hábitos desarrollados durante la pandemia y sus confinamientos. Esta mayor exposición debería acarrear un mayor dominio del entorno y una mejor predisposición a la hora de acompañar o guiar a sus descendientes. Sin embargo, los datos indican un amplio margen de mejora con respecto a los riesgos a los que se enfrentan los adolescentes hoy y nos ponen en alerta ante los nuevos retos que se apuntan en el futuro inmediato: inteligencia artificial, metaverso, ética de los algoritmos, etc.

Desde la educación podemos incidir en ampliar la visión sobre las habilidades y capacidades digitales que niños y adolescentes deben ir desarrollando de forma que puedan aprovechar de las ventajas de los avances tecnológicos y estar mejor preparados. Se trata de capacidades que van más allá del conocimiento y uso de herramientas informáticas, como, por ejemplo: las habilidades para la búsqueda de información, valoración y selección de la misma; saber interactuar en redes sociales y plataformas digitales, colaborar y compartir, teniendo en cuenta ciertas pautas y claves de respeto, tolerancia, aceptación de otras opiniones; así como promover una participación saludable en el mundo digital.

Los derechos de la infancia. Una guía también en el entono digital

Los cambios se suceden muy rápido, sobre todo en el entorno digital y por ello, para poder garantizar que niños y adolescentes puedan estar protegidos, preparados, y que cuenten con las garantías necesarias también en este espacio, es fundamental tener el paraguas de la Convención sobre los derechos del niño (CDN), el tratado internacional más ratificado en el mundo, y que supone una hoja de ruta y un consenso para guiar las propuestas, desarrollos y acciones que buscan mejorar la vida de niños y adolescentes en su relación con la Tecnología. Ratificada en el año 1989, la CDN no contemplaba en sus artículos, el entorno digital y así, el Comité de Derechos del Niño ha publicado recientemente la Observación General número 25 (2021) para incorporar los derechos de la infancia en el espacio digital. Considera en su introducción que “el entorno digital reviste una creciente importancia para casi todos los aspectos de la vida de los niños, entre otras situaciones en tiempos de crisis, puesto que las funciones sociales, como la educación, los servicios gubernamentales y el comercio, dependen cada vez más de las tecnologías digitales “. Alerta además de que “los derechos de todos los niños deben respetarse, protegerse y hacerse efectivos en el entorno digital.

Esta es una tarea compartida

Al igual que otras generaciones han tenido que afrontar a la hora de educar a sus descendientes las circunstancias de su tiempo, las familias contemporáneas se encuentran con el reto que ofrece la dimensión digital de nuestras vidas. Un entorno tan dinámico y cambiante nos exigirá una atención que nos permita orientar y acompañar a a los y adolescentes de la mejor manera posible. Para ello, diálogo, comprensión, empatía y habilidades para pedir ayuda serán fundamentales.

En este sentido, desde Unicef España hemos desarrollado acciones de sensibilización dirigidas a las familias, para promover el acompañamiento a sus hijos desde los primeros contactos con la tecnología y entre todos, desarrollar un entorno seguro, donde niños, adolescentes y sus familias conocen las ventajas y los riesgos; y cuentan con información útil que favorezca el uso equilibrado de las TRIC.

Evidentemente esta tarea no puede recaer exclusivamente en las familias. Será necesaria una prevención comunitaria que debe apoyarse en varios pilares:

  • Políticas públicas que apoyen a las familias más vulnerables en las brechas de acceso, acompañamiento y desarrollo digital.
  • Desarrollo de competencias digitales y ciudadanas de niños, niñas y adolescentes para que puedan disfrutar de sus derechos y sean responsables en sus contribuciones sociales.
  • Actualización de los marcos normativos para garantizar la no discriminación, la protección y el desarrollo de los menores en el entorno digital.
  • Exigencia hacia las industrias tecnológicas de los más altos estándares éticos a la hora de desarrollar sus productos y servicios.
  • Acceso a servicios de ayuda y de salud mental adecuados a la hora de actuaciones de urgencia.

Revista Proyecto 112 [Septiembre 2023]