Formas de reencontrarnos

22/12/2021     

Por Inmaculada Merino, Responsable Voluntariado y Coordinadora de Solidaridad. Unidad Territorial I, Provincia San Juan de Dios.

Conferencia inaugural XVIII Escuela de Otoño. San Lorenzo del Escorial 22-24 de octubre de 2021

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Reencontrarnos.

Según la RAE: volver a encontrar. Y encontrar es “dar con alguien o algo que se busca”.

Reencontrarnos fue el eje central de la XVIII edición de la Escuela de Otoño y la conferencia inaugural giró en torno a este tema.

Porque el impacto de la pandemia nos ha afectado individual y socialmente y está provocando cambios en cada uno de nosotros y en las estructuras de nuestro mundo.

Hablar de reencuentro es hablar de volvernos a encontrar. De volver a recobrar cualidades, facultades y hábitos que habíamos perdido.

La experiencia de pérdida, de distanciamiento social, ha sido el elemento nuclear de esta experiencia.

No estamos preparados para estar separados mucho tiempo de las personas que amamos.

Muchos aspectos de nuestras vidas que dimos por sentados se han visto profundamente alterados por la pandemia.

Creo que ese “dimos por sentado” tiene mucho que ver con el sufrimiento generado.

Y probablemente donde más lo sentimos fue en la ausencia de los abrazos.

Quizás…no éramos conscientes de este tesoro hasta que tuvimos que dejar de abrazarnos.

El reencuentro con los abrazos probablemente ha sido algo por lo que ha valido un poco la pena perderse.

Los abrazos de ahora nos están ayudado no solo a reencontrarnos con las personas que queremos, sino también a reencontrarnos con nosotros mismos, con lo que somos en esencia.  

En este sentido reflexionamos en torno a 4 aspectos:

EL PARÓN

  • Que ha sido obligado ante la grave pandemia que no sólo ha sido biológica sino social. 
  • Que ha supuesto un desafío en el que todos nos lo jugamos todo al mismo tiempo.
  • Que ha conllevado asumir cambios enormes, constantes y demasiado rápidos de entender.
  • Que ha revelado nuestra vulnerabilidad, pero también nuestra enorme fortaleca cuando estamos unidos.
  • Que ha sacado a la luz otros “virus”, el de la soledad, la mezquindad, las injusticias, la pobreza y la marginación de nuestro mundo.
  • Que ha puesto de manifiesto graves dilemas éticos, políticos y también sanitarios de dónde invertir los esfuerzos socio-económicos y hasta qué punto cuidar o descuidar a ese grupo social de “sumergidos”, de “cuasi-invisibles”.
  • Ha constatado la necesidad de las relaciones humanas la necesidad de encontrarnos: quizás sería bueno reconocer que este parón inimaginable, al menos nos está dando la oportunidad de eso de parar, de enterarnos, de constatar que no hay lugar donde escapar de nosotros mismos.

No nos ha quedado más remedio que parar y darnos cuenta de que ese “hacer por hacer” al que estamos sometidos en nuestra sociedad basada en la producción no nos da la posibilidad de sentirnos y descubrir lo que escondemos lo que aún no hemos puesto en juego.

NUESTRA EXPERIENCIA

El voluntariado en general ha estado confinado, la solidaridad no.

El voluntariado es sinónimo de compromiso y de entrega en sus diferentes expresiones y significados especialmente en los contextos de mayor vulnerabilidad. El voluntariado pone el foco en:

¿Cómo puedo mejorar tu vida?,

¿Cómo puedo acompañarte para que sientas que no estás solo?,

¿Cómo puedo contribuir a que vivas plenamente?

Al inicio de la pandemia cuando en medio de la incertidumbre y el miedo no escuché a los voluntarios preguntar ¿qué nos va a pasar?, sino…   ¿qué podemos hacer?

Muchos voluntarios se ofrecieron para continuar su labor de manera presencial asumiendo los riesgos, pero no pudimos, no supimos darles entrada. No los consideramos “esenciales” en aquel momento y creo que una de las reflexiones de esta situación nos debería llevar a abordar esta carencia para que no nos vuelva a suceder… 

En general, salvo mínimas excepciones, les confinamos, lo cual ha supuesto una desprotección emocional hacia las personas atendidas por confinar también el encuentro y la relación. El voluntariado quiere estar en el momento en que alguien lo necesita y desgraciadamente muchas personas han muerto solas.

La solidaridad no ha sido sólo algo de los voluntarios; la ciudadanía, en general, ha estado presente. Se ha creado una red solidaria entre voluntarios y ciudadanos que ha dado muestras de una enorme generosidad. Ante una situación de dificultad hemos vuelto a mostrar lo mejor de nosotros mismos.

Hemos visto en muchos de nuestros edificios carteles de personas que se ofrecían a ayudar a sus vecinos más necesitados. Estos vecinos siempre han estado ahí, pero es cuando llega la adversidad en forma de pandemia, que se despierta especialmente esa empatía y deseo de ayudar… ¿os imagináis si se mantuviera despierta cada día?

QUÉ HEMOS APRENDIDO

La capacidad para tolerar la incertidumbre, esta pandemia ha marcado un antes y un después en nuestro día a día, hemos aprendido a trabajar con incertidumbre, con respeto y, en algunas ocasiones, con miedo. A pesar de la situación de bloqueo, a pesar de no tener experiencia previa hemos sido capaces de tomar decisiones y actuar.

La capacidad de anticipación ha sido fundamental pero también ha generado mucha ansiedad y miedo. Esta capacidad es necesaria, pero también puede ser un inconveniente si nos descentramos del presente, de lo que ahora estamos viviendo. El equilibrio entre anticipar y vivir el presente es un aprendizaje necesario.

A poner a prueba nuestra capacidad de adaptación. El ser humano tiene una gran capacidad de adaptarse, de ser creativo, de encontrar sentido a la vida e incluso de crecimiento personal ante las experiencias más extremas. Hemos sido capaces de adaptarnos y dar respuesta a las nuevas necesidades sociales sin experiencia previa.

A afrontar nuestras dificultades. Siendo capaces de atravesarlas y aprender formas nuevas de comunicarnos: la transformación digital que hemos vivido ha venido para quedarse y aportará grandes posibilidades para el voluntariado

Hemos aprendido a aprovechar la adversidad como oportunidad, a pesar del malestar y sufrimiento vividos hemos podido recordar que unidos y en equipo somos mejores. Hemos tenido una gran oportunidad de reconocer lo que somos y eso nos ha permitido atravesar el miedo con más serenidad.

Ha sido curioso observar cómo hemos dedicado mucho más tiempo a preguntarnos entre nosotros algo tan simple como ¿qué tal, cómo estás?

Hemos constatado que detrás de esta experiencia dolorosa hay grandeza y hay belleza… al menos esta ha sido mi experiencia acompañando el final de vida de muchas personas.

Ha sido un regalo poder presenciar en la mayoría de las situaciones, cómo brota lo esencial del ser humano, cómo el amor permanece y todo lo demás pierde importancia. Por tanto, hemos intuido al menos, que si detrás de la adversidad hay eso… lo mismo la adversidad no es tan adversa…

A tomar conciencia de que nos necesitamos.  Esta situación nos ha ayudado a reconocer nuestra fragilidad: todos somos vulnerables, todos necesitamos de los otros.

REENCUENTROS NECESARIOS

La humanidad compartida y la irrenunciable necesidad de la solidaridad.

La obligación moral de no permitir que nadie se quede atrás. Es necesario trabajar para identificar las nuevas pobrezas y los retos que llegan.

A reencontrarnos con nuestra esencia con que no estamos separados los unos de los otros. Todos formamos parte de un “todo”, de una “unidad”. Desde ahí la interdependencia, la generosidad, la paciencia, la igualdad, el agradecimiento… brotan de manera natural, sin esfuerzo.

Si nos creemos que estamos unidos de verdad el vínculo traspasa la presencia física haciendo que la soledad se disuelva y se transforme en unidad. Sólo desde ahí podemos constatar que no estamos separados y podemos vivir en paz soltando esa necesidad de aferrarnos a los demás que impide el encuentro. El corazón late con un solo deseo: unirse.

Cuando experimentamos unidad sólo podemos estar agradecidos y aprender a celebrar las pequeñas grandes cosas de la vida.

Reencontrarme con lo que soy. Con la vida que soy. Y lo que soy es “unidad” y sólo desde ahí puedo encontrarme con el otro. Cuando no siento la unidad y me relaciono contigo me ocurre que cuando te veo a ti ¿A quién veo? ¿A ti? ¿O a lo que opinión que tengo de ti? Por tanto ¿Con quién me relaciono? ¿Contigo o con mis pensamientos?

Cuando observo esto puedo descubrir que sólo me relaciono conmigo y mis pensamientos de manera que me paso mi vida opinándola y no viviéndola tal y como es.

Quizás el reencuentro más esperado es el que me lleva a:

Ponerme del lado de la vida. La vida nos está diciendo: ¿Vas por libre? o ¿Estás de mi lado?

Quizás podemos descubrir que hemos vivido de espaldas a ella. La vida habla y no la estamos escuchando porque vivimos instalados en la queja constante, en la exigencia y en la arrogancia.

Ponerme del lado de la vida implica ser su aprendiz, dejar de exigirle y aprender a escucharla para reconocer sencillamente que no sé, que no sabemos acerca de la vida… que es la vida la que sabe…

Hemos constatado que lo que pensamos que no debería ocurrir o debería ocurrir de otra manera no es certero porque no concuerda con lo que la vida nos trae.

Eso que pensamos que no debería de ocurrir existe y ocurre. y sin embargo nos aferramos a lo que debería ser en lugar de a lo que es.

Esa resistencia no nos permite aprender porque aprender implica acoger la vida y no rechazarla. La resistencia es una contracción interior… un endurecimiento y eso genera muchos sentimientos de rabia, de enfado, de tristeza que no hacen más que aumentar cuando no queremos aceptar que no tenemos el control, que no sabemos y que quizás estamos viviendo de espaldas a nuestra esencia como seres humanos.

Creo que el gran reencuentro pendiente lo es con la vida y que sería un gran aprendizaje confiar en ella tal y cómo es. Toda experiencia, aunque no nos guste, aunque no la queramos, nos permite evolucionar como personas individual y colectivamente.

El reencuentro con la vida es una auténtica revolución y ésta no está basada en el rechazo, sino en la rendición.

 La rendición implica la aceptación interior de lo que es. Me refiero a la posibilidad de vivir la vida abriéndonos a sentir el instante. Y ese instante que rechazamos está lleno de miedo y la revolución es acogerlo. Acoger y atravesar el miedo. 

Cuando comprendemos esto, y esto no puede ser comprendido por la mente y nos ponemos del lado de la vida nos encontramos, nos volvemos más amorosos, más pacientes, más generosos y somos capaces de poner luz en espacios de mucha oscuridad.

Y esa luz que emana de nosotros es lo que somos y en lo que siempre nos podemos encontrar.