Los retos (aún) pendientes en prevención de adicciones

09/02/2021     

Por José Pedro Espada, Catedrático de Psicología en la Universidad Miguel Hernández de Elche.

Uno de los últimos lemas de la interesante reunión anual de la Sociedad Europea de Prevención rezaba: “¿Sigue mereciendo más la pena un gramo de prevención que un kilo de tratamiento?” Se pretendía así reflexionar sobre esta consabida consigna que a modo de mantra motivacional nos repetimos periódicamente quienes nos dedicamos a la prevención para recordar por qué invertir tantos esfuerzos en una tarea, seamos sinceros, habitualmente ingrata, no tanto por su proceso sino por sus modestos éxitos y las innumerables barreras a salvar. En la dicotomía prevención – tratamiento los preventólogos (como se nos ha etiquetado a todos los que desde el campo aplicado o académico tratamos de prevenir antes que curar) partimos de una necesidad permanente de convencer a gestores políticos, responsables educativos, e incluso a las familias, de la importancia y conveniencia de prevenir. Además, especialmente prevenir antes de ver las orejas al lobo.

Hace unos meses coincidimos presentando una publicación científica sobre prevención varios colegas dedicados a este campo. Ellos mucho más veteranos y sabios que el que escribe estas líneas. Después del repaso que cada ponente hizo sobre la evolución de la prevención en España en las últimas décadas, se coincidía en que eran importantes los esfuerzos realizados desde las organizaciones sociales y el ámbito de la salud pública y la investigación. Sin embargo, sonaban como ecos las limitaciones y retos pendientes de la prevención en nuestro país. Parecía un déjà vu. Estos retos, debilidades, asignaturas pendientes en prevención ¡son repetidos! ¿No ha cambiado casi nada en todo este tiempo?

La tradición en prevención de las adicciones ha sido uno de los principales motores del enfoque preventivo, en el que, conociendo bien los factores de riesgo, se evidencia lo necesario de intervenir en las primeras etapas del proceso adictivo por múltiples motivos

Resonaba como un reto aún lejano la integración de teoría y práctica. Los programas de prevención, algunos de ellos, seguían aparentemente desconectados de los modelos teóricos que la ciencia explora como explicación de los comportamientos adictivos. Es habitual dejarse llevar por el pragmatismo y lo visual antes que estructurar un buen armazón teórico que sostenga la intervención o programa que se está llevando a cabo. Y esto sea dicho sin detrimento de lo pragmático y lo visual que como buen marketing de salud un programa tiene que incorporar con el fin de potenciar su impacto.

Parecía un reto del pasado, que regresaba para visitarnos, la necesidad de evaluar los programas. Evaluar bien, lo que implica aplicar un diseño experimental básico y unas medidas fiables. Sabemos que es complejo porque resulta costoso en tiempo y en recursos económicos con los que hacemos malabarismos. Pero otras alternativas nos alejan de varios objetivos imprescindibles: conocer si lo estamos haciendo bien, mejorar lo que hacemos y presentar el impacto para seguir convenciendo, a quien quede por convencer, que hay que invertir (más) en prevención. La delimitación de lo que es un programa frente a una actuación de otro tipo está teóricamente resuelto, pero en la práctica sigue requiriendo clarificación. Y el siguiente paso, apostar por programas con las mayores evidencias de eficacia. Dado que los recursos son limitados, parece lo más razonable.

Intervenir de forma continuada y no puntual. Otro reto sin resolver que depende de tantos factores: presupuesto, planificación, y sobre todo una mentalidad a largo plazo necesaria en prevención y mucho menos frecuente de lo deseable por decirlo suavemente. Los tiempos políticos marcan plazos más cortos de lo que a los educadores nos gustaría. Pero insistir en esa necesidad es nuestra tarea si pretendemos hacer las cosas bien.

Otros retos, aunque son para matrícula de honor, están a nuestro alcance y podemos ir a por ellos: protocolizar los programas combinando la necesidad de hacer a medida la intervención, porque los grupos destinatarios tienen distintas necesidades, a la necesidad de que un programa mantenga la esencia de la que tenemos datos de eficacia. Profundizar en los aspectos de la aplicación que optimizan los efectos: qué tipo de perfil ha de tener quien lo administre, cuál es el mejor momento para hacerlo, en qué formato, con qué técnicas, en qué destinatarios funciona mejor, etc. Y esta información no puede quedarse en un cajón sino publicarse en medios de difusión científica para validar el trabajo y contribuir entre todos a aumentar el conocimiento sobre una prevención eficaz. En una revisión sistemática de los programas de prevención españoles comprobamos los factores que influyen en la eficacia y que por tanto nos conviene tener muy presentes. Además, constatamos que solamente se publicaban resultados de una pequeña parte de programas preventivos, lo que resta visibilidad a un gran trabajo realizado, y ocasionalmente se publican sin datos que permitan demostrar los efectos cuantitativamente, lo que resulta necesario si pretendemos demostrar que la prevención produce cambios constatables.

La ciencia de la prevención es un área en desarrollo. Progresivamente aumenta el número de profesionales dedicados a este campo, que persigue mejorar estrategias para el cambio de comportamientos relacionados con la reducción, o eliminación de problemas antes de su aparición o en los momentos inminentes de inicio. Sin embargo, por lo general esta área no es preponderante en los centros de investigación ni en los programas de formación. La creación en nuestro contexto cercano de la European Society for Prevention Research (http:// euspr.org) ha sido un hito para el impulso de este campo científico que incluye la etiología, epidemiología, diseño de intervenciones y evaluación de programas en adicciones y otros problemas sociosanitarios. El factor común es el foco de atención en el comportamiento como determinante de la salud, teniendo en cuenta que los factores de riesgo conductuales son una causa importante de enfermedades no transmisibles. El enfoque de la ciencia de la prevención requiere además de un abordaje interdisciplinar que incluye la salud, la educación, la intervención comunitaria, y las políticas de salud.

La tradición en prevención de las adicciones ha sido uno de los principales motores del enfoque preventivo, en el que, conociendo bien los factores de riesgo, se evidencia lo necesario de intervenir en las primeras etapas del proceso adictivo por múltiples motivos: la cronicidad de la conducta problema va asociada a una mayor resistencia al cambio, las secuelas se agravan en intensidad y se extienden a otras áreas y el coste derivado se incrementa.

El espacio entre la investigación y la vida real lamentablemente es todavía demasiado grande

El espacio entre la investigación y la vida real lamentablemente es todavía demasiado grande. El foco en la investigación traslacional, centrada en la parte del proceso que disemina en el campo aplicado las evidencias de la investigación puede ser parte de la solución. Y también el cambio de mentalidad por parte de los responsables de las administraciones, con una visión a más largo plazo para que sea posible producir cambios más estables. Quienes trabajamos en prevención tenemos también esta tarea de impulsar el cambio de paradigma en nuestros administradores.

Quienes trabajamos en prevención coincidimos en una resistencia a la adversidad y un optimismo posiblemente innato que deberíamos acompañar de búsqueda constante de evidencias y rigor en nuestro trabajo. El trabajo serio en prevención de organizaciones como Proyecto Hombre ha de servir para consolidar la ciencia de la prevención en adicciones. Sigue siendo necesaria más colaboración e investigación que aporte nuevos datos sobre las estrategias que funcionan, las variables que explican y modulan la eficacia de las intervenciones, y todo ello sin perder el foco en el análisis de los problemas que se abordan, en continuo cambio. Sería conveniente profundizar en estrategias de intervención innovadoras y de nuevos métodos de análisis para la mejora en el campo de la ciencia de la prevención, que permita aplicarse rápidamente a contextos. Confiamos en que esta publicación sirva para mostrar al menos parte del trabajo realizado en nuestro país y estimule a continuar trabajando con rigor en la prevención de los problemas más acuciantes en la infancia y adolescencia

Claro que es mejor un gramo de prevención que un kilo de tratamiento. Como estrategia de salud pública está asentado, pero tenemos pendiente resolver los puntos débiles y ser consistentes con la estrategia. Eventualmente puede estar en duda esta idea, no tanto porque su base tenga validez, sino por los inconvenientes que se derivan de un enfoque temprano: o se detectan a tiempo los casos de riesgo, lo cual implica un trabajo serio, o bien se opta por las aproximaciones de prevención universal, que adolecen de algunas debilidades, como el alto coste / beneficio, la generalidad del foco debido a que se dirige a un abanico extenso de destinatarios, y la eficacia en el campo aplicado no siempre está adecuadamente asegurada.