Tratando la adicción. Regreso al futuro

11/02/2021     

Por Phaedon Kaloterakis, director adjunto de KETHEA, presidente de la Federación Europea de Comunidades Terapéuticas (EFTC) y vicepresidente 2º de la Federación Mundial de Comunidades Terapéuticas (WFTC).

Las drogas no son el problema; la adicción sí. Creo que esta breve afirmación abarca todos los principios básicos del tratamiento. Implica que no podemos demonizar sustancias (al fin y al cabo, son solo eso, materia) pero, al mismo tiempo, pone el acento sobre la adicción como comportamiento humano. Comulgar con esta afirmación también implica entender que la adicción no es una enfermedad, sino un fenómeno multifactorial que requiere de un enfoque complejo y exhaustivo.

En la Sesión Especial de la Asamblea General de las Naciones Unidas de 2016 se promulgó la siguiente declaración:

«[Nosotros] Reconocer que la drogodependencia es un trastorno de la salud complejo en el que intervienen múltiples factores, que se caracteriza por su naturaleza crónica y recurrente con causas y consecuencias sociales y que se puede prevenir y tratar, por ejemplo mediante programas de tratamiento, atención y rehabilitación eficaces basados en datos científicos, incluidos programas de base comunitaria, y fortalecer la capacidad de postratamiento, rehabilitación, recuperación y reinserción social de las personas con trastornos relacionados con el consumo de sustancias, entre otras, según proceda, mediante asistencia para su reincorporación efectiva al mercado laboral y mediante otros servicios de apoyo…».

El documento UNGASS 2016, en el que se declaraba que la adicción es principalmente y ante todo un problema de salud público, fue ratificado con la firma de los 193 Estados Miembro de la ONU. Sin embargo, en realidad la mayoría de los actores implicados NO colocan en el centro del debate sobre el control de drogas a la ciencia y los enfoques empíricos. Más del 60 % de los países que firmaron el acuerdo UNGASS 2016 tienen al tratamiento como parte de las competencias de sus Ministerios de Justicia o Ministerio del Interior. Para ahondar aún más en lo que algunos pueden llamar «una aparente hipocresía», en muchos países la pena de muerte por delitos relacionados con las drogas continúa desafortunadamente vigente.

Por otra parte, las organizaciones como las comunidades terapéuticas adoptan un enfoque biopsicosocial para el tratamiento de la adicción.

El aspecto biológico es visible porque sabemos que la adicción afecta al cerebro y a su funcionamiento, a la vez que la adicción como mecanismo de duelo para traumas del pasado se manifiesta en la dimensión psicológica. Además, deberíamos considerar que la adicción se convierte en un fenómeno social masivo después (y a causa de) la revolución industrial. Por este motivo, en el ámbito del tratamiento, entendemos la adicción como un problema de salud de naturaleza biopsicosocial.

Hoy en día nos enfrentamos a una realidad distinta. La pandemia del coronavirus ha traído consigo una crisis económica y social de una gran magnitud. La manera en que reaccionemos a ella desde el tratamiento es vital.

Hace diez años, durante la recesión en Grecia, observamos un gran aumento en el consumo de drogas. Aumentó el número de hombres que se refugiaban en el alcohol, de mujeres que consumían benzodiacepinas y una gran parte de la población se decantó por las apuestas. Mientras tanto, los fondos para servicios sociales y sanitarios se redujeron de forma significativa.

Deberíamos enfrentarnos al futuro y a los desafíos que tenemos por delante apoyándonos en nuestra enriquecida experiencia, nuestros valores y tradiciones, nuestro pasado.

Por todas estas razones, creo firmemente que es el momento de politizarse más. Permítanme explicarme mejor. Como es evidente, no me refiero a las políticas de partidos, sino a la idea aristotélica de política. Nosotros, como individuos, y también como grupo de personas que estamos implicadas en un tratamiento de adicción, formamos parte de la polis o ciudad; somos ciudadanos concernidos. Deberíamos enfrentarnos al futuro y a los desafíos que tenemos por delante apoyándonos en nuestra enriquecida experiencia, nuestros valores y tradiciones, nuestro pasado.

En estas líneas, me gustaría presentar cinco observaciones relacionadas con nuestro lugar en el espectro de la salud.

  • Debemos adquirir una voz más potente como organizaciones de tratamientos en general, y como Comunidades Terapéuticas (CT) en particular. Nuestros servicios deberían ser parte integral de la atención continua en cualquier sistema sanitario nacional. En algunos países de Europa la realidad es que las CT están marginadas e infravaloradas. Esto debe cambiar. Los responsables de la toma de decisiones deben estar convencidos de la necesidad de unos servicios adecuados y, por tanto, proporcionar la financiación necesaria.
  • Necesitamos defender los servicios dirigidos a los grupos más vulnerables: mujeres, niños, reclusos, refugiados, etc. Las mujeres, por ejemplo, constituyen un tercio de los consumidores de drogas de todo el mundo, mientras que solo una quinta parte de ellas está en tratamiento. Es posible que las mujeres que consumen no busquen ayuda para evitar perder la custodia de sus hijos y por el gran estigma al que se enfrentarían. Además, las mujeres embarazadas pueden tener miedo de asistir a un tratamiento por la posible implicación de las autoridades, así como las repercusiones legales o sociales que podrían derivarse. Desafortunadamente, durante una recesión, los primeros servicios que sufren recortes son los que acabo de mencionar.
  • Las recesiones también traen consigo el desempleo. Con mayores tasas de desempleo, la reintegración social se convierte en un logro muy difícil de alcanzar. Por ello, las organizaciones de tratamientos deberían rediseñar de forma diligente y metódica sus programas de reinserción a fin de adaptarse a esta nueva realidad. Al mismo tiempo, deben ejercer presión política para solicitar la aprobación de leyes que faciliten la reintegración de las personas dadas de alta de las CT.
  • Los expertos afirman que la pandemia del coronavirus está estrechamente relacionada con la destrucción del medio ambiente. La conciencia medioambiental debería convertirse en una parte esencial del proceso de tratamiento. Nuestra gente, miembros y personal deben recibir una formación para, después, formar ellos al público en asuntos relacionados.
  • En estos tiempos nos necesitamos los unos a los otros más que nunca. El desarrollo de redes eficientes a nivel nacional e internacional es una prioridad. Los programas de tratamiento y las organizaciones que se acercan a los demás buscando alzar una sola voz son el camino a emprender.

La Asociación Proyecto Hombre lleva 30 años proporcionando servicios a las personas que lo necesitan y, además, lo hace de manera ejemplar, siendo servidores y proveedores para las personas con necesidades especiales. Porque eso es lo que somos todos en terapia: servidores.

La palabra «terapon» (terapeuta) apareció por primera vez en La Ilíada de Homero. Su significado original designaba al sirviente que ayuda al guerrero a ponerse la armadura antes de la batalla. Los proveedores sanitarios, y en concreto los profesionales de la adicción, somos justo eso: terapeutas, sirvientes que ayudan a las personas que lo necesitan equipando a los individuos más vulnerables para que puedan salir a luchar sus batallas personales. Como reza la conclusión de la Declaración de Mallorca: «Esta declaración reafirma el compromiso del movimiento de las Comunidades Terapéuticas de servir a las poblaciones adictas y a su entorno social en todo el mundo, restableciendo su esperanza, dignidad y bienestar personal».

Referencias: