Presente y futuro de las adicciones en nuestra sociedad

10/02/2021     

Por Azucena Martí, Delegada del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas, Ministerio de Sanidad, Consumo y Bienestar Social.

“Cualquier estrategia sobre drogas debe basarse en los derechos humanos”

La salud resulta clave para disfrutar de otros derechos humanos, y una sociedad saludable es fundamental para el desarrollo social y económico. Cómo viven, trabajan, comen, se mueven las personas son condiciones de vida que no dependen sólo o exclusivamente de decisiones individuales, sino que están determinadas por factores sociales, culturales, económicos o medioambientales. Ello implica dejar de considerar aisladamente los problemas de salud y centrarnos en las intervenciones que abordan los determinantes de las  conductas de riesgo.

Desde este prisma, los principios clave de la salud global son el contexto y la equidad. La equidad como eje estratégico de las políticas sobre adicciones conlleva, por una parte, que todas las intervenciones promuevan la disminución de las desigualdades sociales en salud e incorporen acciones sobre sus condicionantes (factores de riesgo). Y, por otra parte, la promoción  de entornos saludables (prevención ambiental).  

En este sentido, la Estrategia Nacional sobre Adicciones 2017-2024[1] establece la equidad con perspectiva de género como una de las principales líneas estratégicas para desarrollar el máximo potencial de salud. Esta orientación implica la atención a la infancia, teniendo en cuenta que las condiciones que rodean los primeros años de vida son clave en la salud de las personas. Las últimas investigaciones sobre neurodesarrollo destacan la importancia de las experiencias adversas en la infancia de cara al comportamiento futuro, la salud y el bienestar de la ciudadanía.

La Organización Mundial de la Salud muestra que el bienestar mental de los adolescentes disminuyó en muchos países entre 2014 y 2018.

Ciertamente, los desafíos mundiales para la salud se están convirtiendo rápidamente en amenazas para la infancia[2]. De hecho, el último estudio sobre jóvenes de la Organización Mundial de la Salud muestra que el bienestar mental de los adolescentes disminuyó en muchos países entre 2014 y 2018.

En los últimos años, los cambios socioculturales han generado nuevos hábitos y conductas en los adolescentes españoles: el sedentarismo, las dietas hipercalóricas, el inicio precoz del consumo de alcohol y tabaco y de las relaciones sexuales, así como el abuso de las nuevas tecnologías son comportamientos frecuentes.

La salud y el futuro de la infancia se encuentra bajo la amenaza inmediata de la degradación ecológica, el cambio climático y las prácticas de comercialización explotadoras que empujan a los niños y niñas a consumir comida rápida muy procesada, bebidas azucaradas, alcohol y tabaco[3]. Por ello, necesitamos desarrollar una salud pública capaz de responder al mundo globalizado y a sus vertientes políticas, sociales y económicas que pasa por mejorar la disponibilidad y eficacia de los programas de prevención incluyendo actuaciones de detección e intervención temprana y el fomento de estilos de vida saludables. 

Un segundo eje estratégico de las políticas sobre adicciones lo conforma la ciencia y su difusión. Una comprehensiva aproximación a la estrategia sobre adicciones debe implementar medidas basadas en la evidencia en cada nivel de intervención. Hoy en día los programas están basados en estrategias científicas para asegurar que la infancia y la juventud, especialmente los más vulnerables, puedan acceder a servicios de salud.  Desde estos principios, todos nosotros hemos asistido a unos avances en las políticas sobre adicciones.

Y, por último, un componente clave de estas políticas lo constituye la participación de la sociedad en el ámbito científico, facilitando el acceso a toda evidencia sobre adicciones que permita a los ciudadanos estar bien informados. La ciudadanía debe tener la oportunidad de estar informada para mejorar su salud y bienestar. Es evidente que construir una sociedad más igualitaria y con mayor bienestar pasa por poner el esfuerzo y los recursos en aquellas acciones que redunden en beneficio de todas y todos. Es aquí donde la coordinación con todos los agentes sociales adquiere la máxima relevancia.

Aprovecho esta oportunidad para agradecer el trabajo realizado por profesionales y voluntarios, entre todos construimos un futuro más saludable.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Artazcoz, L., Oliva, J., Escribà-Agüir, V., & Zurriaga, Ó. (2010). La salud en todas las políticas, un reto para la salud pública en España. Informe SESPAS 2010. Gaceta sanitaria24, 1-6.

Clark, H., Coll-Seck, A. M., Banerjee, A., Peterson, S., Dalglish, S. L., Ameratunga, S.,  & Claeson, M. (2020). A future for the world’s children? A WHO–UNICEF–Lancet Commission. The Lancet395(10224), 605-658.

Goldhagen, J. L., Shenoda, S., Oberg, C., Mercer, R., Kadir, A., Raman, S., & Spencer, N. J. (2020). Rights, justice, and equity: a global agenda for child health and wellbeing. The Lancet Child & Adolescent Health4(1), 80-90.

Rajmil, L., Díez, E., & Peiró, R. (2010). Desigualdades sociales en la salud infantil. Informe SESPAS 2010. Gaceta Sanitaria24, 42-48.

Strang, J., Babor, T., Caulkins, J., Fischer, B., Foxcroft, D., & Humphreys, K. (2012). Drug policy and the public good: evidence for effective interventions. The Lancet, 379(9810), 71-83.


[1] https://pnsd.sanidad.gob.es/pnsd/estrategiaNacional/docs/180209_ESTRATEGIA_N.ADICCIONES_2017-2024__aprobada_CM.pdf

[2] https://www.thelancet.com/journals/lanchi/article/PIIS2352-4642(19)30346-3/fulltext

[3] La Organización Mundial de la Salud (OMS), el UNICEF y The Lancet.  Future for the World’s Children?  
https://www.thelancet.com/journals/lanchi/article/PIIS2352-4642(19)30404-3/fulltext