Voces Internacionales: COVID-19: La pandemia que cambió el mundo tal y como lo conocemos

19/08/2021     

Elizabeth Saenz

Oficial de Enlace en Ginebra, Programa conjunto UNODC-OMS sobre tratamiento a drogodependencias

Alice Uhl, Elizaveta Akifyeva, Laleh Ashrafi-Kakhki, Qihui Gui y Ruth Fehlinger

Pasantes en la Oficina de las Naciones Unidas Contra la Droga y el Delito (UNODC)

El COVID-19 ha puesto de manifiesto la necesidad de contar con sistemas sanitarios inclusivos, compasivos y resistentes. ¿Cuáles son las implicaciones para las personas que consumen drogas y las que padecen trastornos por consumo de drogas que necesitan atención y apoyo?

El 11 de marzo de 2020, la Organización Mundial de la Salud (OMS) anunció el brote de COVID-19 como una pandemia mundial (OMS, 2020). Lo que vino después era en cierto modo predecible debido a las incoherencias, la desinformación, la confusión y el miedo. Así que, aunque el mundo esperaba una solución rápida, esto, por desgracia, no fue así. Más de un año después, en mayo de 2021, el mundo sigue en gran medida en estado de emergencia, y el número global de casos de COVID-19 se mantiene en los niveles más altos desde el comienzo de la pandemia (OMS, 2021).

En las fases iniciales de la pandemia y según las experiencias recogidas en los países más afectados, los científicos comprobaron que, aunque el virus COVID-19 suele ser leve y la mayoría de las personas se recuperan rápidamente, puede tener consecuencias muy graves para determinados grupos de personas, como las personas mayores y aquellas con sistemas inmunitarios estresados o con afecciones subyacentes (Volkow, 2020; CDC, 2021). Esta información hizo saltar las alarmas sobre las condiciones, la situación y las vulnerabilidades específicas de las personas que consumen drogas y las afectadas por trastornos de consumo de drogas durante la pandemia.

La Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC)

El consumo de estupefacientes y sustancias psicotrópicas sin supervisión médica está asociado a importantes riesgos para la salud. En los últimos años, la percepción de los trastornos por consumo de drogas ha ido cambiando entre responsables políticos y profesionales de la salud, que reconocen que se trata de un trastorno de salud complejo y multifactorial, caracterizado por su carácter crónico y recidivante, con causas y consecuencias sociales, que puede prevenirse y tratarse mediante un tratamiento, una atención y una rehabilitación eficaces, científicos y basados en pruebas (UNODC, 2021). Desgraciadamente, en algunos sectores de la sociedad y en algunos países siguen existiendo puntos de vista anticuados sobre los trastornos por consumo de drogas, lo que se traduce en estigmatización y discriminación hacia las personas afectadas, sus familias y comunidades e incluso los profesionales que trabajan en este ámbito.

Desde 2009, la UNODC se ha asociado con la Organización Mundial de la Salud a través del Programa UNODC-OMS sobre el tratamiento y la atención de la drogodependencia (UNODC-OMS, 2009) con el objetivo de promover y apoyar en todo el mundo, con especial atención a los países de ingresos bajos y medianos, políticas, estrategias e intervenciones de tratamiento éticas y basadas en pruebas para reducir la carga sanitaria y social causada por el consumo de drogas y la dependencia. Además, ambas organizaciones colaboraron en la elaboración de las «Normas Internacionales para el Tratamiento de los Trastornos por Consumo de Drogas» (UNODC-OMS, 2020), que sientan las bases de la necesidad de que el tratamiento de los trastornos por consumo de drogas se base en pruebas científicas.

Ya en una fase temprana de la pandemia, la organización estableció como prioridad que los países garanticen la continuidad del acceso adecuado a los servicios sanitarios y sociales para las personas que consumen drogas y con trastornos por consumo de drogas y que proporcionen la continuidad de la atención necesaria, tal como se describe en las Normas Internacionales para el Tratamiento de los Trastornos por Consumo de Drogas (UNODC-OMS, 2020) en la mejor medida posible, también en tiempos de crisis. 

La pobreza, la escasa educación y la marginación social pueden aumentar el riesgo de trastornos por consumo de drogas y agravar las consecuencias

Primeras respuestas de la UNODC

Poco después de que se anunciara la pandemia, la UNODC inició la elaboración de herramientas para orientar a los Estados miembros sobre cómo mitigar los efectos de la pandemia entre las personas consumidoras de drogas y/o con trastornos por consumo de drogas (incluso en los centros penitenciarios), teniendo en cuenta el mayor impacto potencial que la pandemia podría tener para estos grupos si los países no adoptaban medidas tempranas, adecuadas y eficaces. La UNODC propuso una lista de recomendaciones para apoyar a los Estados miembros a la hora de abordar las necesidades de las personas que consumen drogas (PWUD) y/o tienen trastornos por consumo de drogas (DUD), y para proporcionar orientación orientada a la acción a los responsables de la toma de decisiones a nivel nacional con el fin de mitigar el impacto negativo de la pandemia entre estos grupos.

Uno de los objetivos clave de estas recomendaciones era evitar que el estigma y la discriminación de las personas que consumen drogas y/o están afectadas por trastornos por consumo de drogas se traduzcan en una mayor prevalencia de COVID-19, en un aumento de las tasas de casos complicados o en un incremento de las tasas de mortalidad en comparación con otros grupos. El estigma y la discriminación vinculados al consumo de drogas y a los trastornos por consumo de drogas suelen dar lugar a un acceso limitado a recursos básicos como la vivienda, el empleo, la atención sanitaria y el apoyo social. Por todas estas razones, puede ser un reto para las PWUD y con DUD protegerse y pueden estar particularmente en riesgo de desarrollar COVID-19 (CDC, 2021). Además, los trastornos por consumo de drogas suelen ir acompañados de afecciones somáticas como el VIH/SIDA, la hepatitis B y/o C, la tuberculosis, las enfermedades pulmonares o cardiovasculares, los accidentes cerebrovasculares, el cáncer y las lesiones y traumatismos, entre otras. Además, las personas con trastornos por consumo de drogas, especialmente las que se inyectan drogas, pueden tener un sistema inmunitario comprometido, por lo que son más vulnerables a la infección por COVID y/o a sus complicaciones.

Dimensión del problema

Según el Informe Mundial sobre las Drogas 2020 de la UNODC (UNODC, 2020), alrededor de 269 millones de personas consumieron drogas en 2018, un 30% más que en 2009. Alrededor de 35,6 millones de personas sufren trastornos por consumo de drogas en todo el mundo y, por tanto, necesitan tratamiento; sin embargo, solo una de cada ocho personas que necesitan tratamiento relacionado con las drogas lo recibe. Mientras que uno de cada tres consumidores de drogas es una mujer, sólo una de cada cinco personas en tratamiento es una mujer. Las personas que se encuentran en centros penitenciarios, las minorías, inmigrantes y personas desplazadas también se enfrentan a obstáculos para recibir tratamiento debido a la discriminación y el estigma. De los 11 millones de personas que se inyectan drogas, la mitad vive con hepatitis C, y 1,4 millones con VIH.

La pobreza, la escasa educación y la marginación social pueden aumentar el riesgo de trastornos por consumo de drogas y agravar las consecuencias.

En este sentido, la pandemia mundial de COVID-19 ha tenido un profundo impacto en la economía mundial al sumirse en una crisis sin precedentes. El número de personas que requieren servicios sanitarios puso al límite a los proveedores de servicios sanitarios en muchos países, y las necesarias restricciones de movilidad impuestas para limitar la transmisión del virus han creado una importante dislocación en la economía mundial. A más largo plazo, los efectos de los cierres han provocado un aumento del desempleo, la falta de oportunidades que afecta especialmente a los pobres y a las personas desfavorecidas, con los resultados adicionales del aumento de los patrones nocivos de consumo de drogas/sustancias.

Mientras el mundo estaba ocupado tratando de controlar la pandemia de COVID, otra pandemia estaba, desapercibida en las sombras de COVID-19, matando gente a gran velocidad: la pandemia de opioides (Gold, 2020). Desde octubre de 2019 hasta septiembre de 2020, el Centro de Control y Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos mostró un aumento del 29% en las muertes por sobredosis en comparación con los datos del año anterior (Goodnough, 2021). Sin embargo, a diferencia de años anteriores, la pandemia de opioides está afectando ahora en gran medida a los estadounidenses de raza negra (Gold, 2020) y la doctora Nora Volkow, directora del Instituto Nacional sobre el Abuso de Drogas de Estados Unidos, informó de que «el riesgo de morir por sobredosis de metanfetamina es 12 veces mayor entre los indios americanos y los nativos de Alaska que entre otros grupos (Goodnough, 2021). «Las personas que ya estaban en riesgo o consumían drogas antes de la pandemia ahora empezaban a «consumir de forma más arriesgada» (ibíd.). Además, los CDC publicaron datos que mostraban disparidades raciales en el número de muertes por COVID. La figura 1 muestra claramente que las tasas de mortalidad por COVID de las personas negras e hispanas son significativamente mayores que las de las personas blancas en casi todas las categorías de edad (Ford et al., 2020). En lo que respecta a esta mayor vulnerabilidad de las poblaciones de minorías raciales y étnicas que corren un mayor riesgo tanto de padecer trastornos por consumo de opiáceos como de la infección por el Coronavirus, la Dra. Volkow pide que se preste «especial atención y cuidado para garantizar un acceso equitativo a intervenciones eficaces de prevención y tratamiento tanto para el Covid-19 como para los trastornos por consumo de sustancias (Gold, 2020)».

Fig 1.: CDC datos desde 2.1.20 – 6.6.20 y 2018 Estimaciones de la población del censo de Estados Unidos
(Ford et al., 2020)

COVID-19: una oportunidad para avanzar hacia un sistema de atención a las personas que consumen drogas y/o tienen trastornos por consumo de drogas más compasivo, inclusivo, resistente y sostenible

Los planes nacionales de COVID-19 pretenden proporcionar a los planificadores, financiadores, responsables de la toma de decisiones y proveedores de servicios recomendaciones prácticas y orientadas a la acción para garantizar la inclusión de las personas que consumen drogas y/o tienen un trastorno por consumo de drogas en los planes e intervenciones destinados a mitigar el impacto negativo de la pandemia entre estos grupos. Su objetivo es ayudar a los servicios sanitarios y de apoyo social para las personas que consumen drogas (PWUD) o con trastornos por consumo de drogas (DUD), así como a los responsables de atender y apoyar a las poblaciones vulnerables, la salud mental concurrente y otras necesidades sociales complejas. Los responsables de la toma de decisiones y los planificadores y proveedores de servicios de tratamiento de la drogodependencia pueden utilizar esta información para garantizar que las necesidades de las PWUD y con DUD se tengan en cuenta como parte de la respuesta más amplia y la planificación para la contingencia de COVID-19 y se adapten a la rápida evolución de la situación en cada país.

El estigma y la discriminación vinculados al consumo de drogas suelen dar lugar a un acceso limitado a recursos básicos como la vivienda, el empleo, la atención sanitaria y el apoyo social

Desafíos para hacer frente a la pandemia de COVID-19 en las PWUD y con DUD 

Las personas que usan drogas o que padecen un trastorno asociado al uso de sustancias pueden encontrarse en diversas condiciones de vida y etapas de su trastorno por consumo de drogas, lo que puede influir en la forma en que reaccionan a los riesgos de la pandemia y también en sus demandas de servicios, tratamiento y atención en un momento en que el sistema de salud en general está al límite. 

  • Para hacer frente a la pandemia de COVID-19 es importante tener en cuenta que las PWUD y con DUD podrían estar en una de las siguientes condiciones: 
  • Viviendo en la calle, sin hogar, sin contacto con la familia o los servicios/organizaciones de la comunidad 
  • Tener un lugar donde vivir (refugio, albergue, etc.) pero no tener contacto con los servicios/sistema de tratamiento de drogas 
  • Tener un lugar donde vivir y ser conocido por el sistema de tratamiento de drogas y estar en contacto con él 
  • Estar en contacto con el sistema de justicia penal 

Otras cuestiones que hay que tener en cuenta a la hora de organizar las medidas de prevención de la COVID-19 son el tipo de droga y el modo de consumo en las PWUD o con DUD: hay que prestar especial atención a los trastornos por consumo de opiáceos y metanfetaminas y a los que fuman o vaporizan nicotina o marihuana, ya que pueden ser más vulnerables que otros a desarrollar los síntomas más graves, ya que la COVID-19 ataca las vías respiratorias y puede provocar complicaciones graves, como neumonía e insuficiencia respiratoria (Volkow, 2020). 

Además, en algunos países los trastornos por consumo de drogas siguen considerándose principalmente un problema de seguridad pública y de justicia penal, y los organismos pertinentes de los ministerios del interior, de justicia o de defensa se encargan de dar respuesta a los trastornos por consumo de drogas prestando servicios, a menudo sin la supervisión o el compromiso del ministerio de sanidad o de otros organismos e instituciones de salud pública. Por lo tanto, es de suma importancia que las autoridades nacionales de control de drogas establezcan un contacto y una coordinación inmediatos y estrechos con el Ministerio de Sanidad y otras autoridades relacionadas con la salud para garantizar que todos los planes relacionados con COVID-19 incluyan las necesidades de las personas con trastornos por consumo de drogas. 

Las Normas Internacionales para el Tratamiento de los Trastornos por Consumo de Drogas de la UNODC-OMS (UNODC-OMS, 2020) constituyen un marco de referencia ideal para planificar y organizar la respuesta de los servicios de tratamiento de la drogodependencia a la COVID-19 en consonancia con los objetivos mencionados.  Estas medidas no han perdido importancia un año después, y la UNODC sigue llamando a la acción e invitando a las personas responsables de la planificación local o nacional, la financiación, la prestación y el seguimiento de los servicios a que consideren la aplicación de las medidas relacionadas con la COVID-19 siguiendo las orientaciones proporcionadas en las Normas Internacionales, las relacionadas con los entornos de tratamiento, la población destinataria y los resultados previstos del tratamiento. Era necesario hacer consideraciones adicionales a las Normas Internacionales ya existentes para garantizar la continuidad de los servicios sanitarios y sociales para las personas que consumen drogas y con trastornos por consumo de drogas en esta crisis sin precedentes. 

Para concluir, veamos la declaración y las recomendaciones de la Red Científica Internacional Informal presentadas durante la reciente 64ª Comisión de Estupefacientes: 

  • Alentar la recopilación y el análisis continuos de datos para supervisar la magnitud del problema, incluidos sus efectos sobre el consumo de drogas y el tratamiento de los trastornos por consumo de drogas, así como los resultados de las políticas e intervenciones en tiempos de COVID-19. 
  • De inspirar a los responsables políticos para que identifiquen y definan normativas que proporcionen una atención integrada, de calidad y basada en la evidencia, en consonancia con las Normas Internacionales, así como con las Sugerencias de la UNODC sobre el tratamiento, la atención y la rehabilitación de las personas con trastorno por consumo de drogas en el contexto de la pandemia del COVID-19.
  • De asegurar fondos suficientes para abordar la seguridad del personal y de los pacientes en los servicios de tratamiento y atención de los trastornos por consumo de drogas y garantizar una adecuada formación de preparación del personal 
  • De garantizar las opciones de detección de COVID-19 e incluir a las personas con trastornos por consumo de drogas, así como a las personas que trabajan en la prestación de servicios de tratamiento de la drogadicción, como grupos prioritarios para los planes de vacunación a nivel nacional 
  • Proporcionar información y medios para protegerse contra el COVID-19 en todas las ocasiones posibles. 
  • Promover el acceso continuo a los servicios para las personas con necesidades clínicas especiales, incluidas las personas que consumen opiáceos y las que se inyectan drogas. 
  • Prestar especial atención al tratamiento de los trastornos físicos y de salud mental comórbidos, especialmente para continuar con la prevención y el tratamiento eficaces del VIH, el VHC y la tuberculosis para las personas que consumen drogas durante la COVID-19
  • Promover intervenciones específicas para cada edad que aborden los aspectos relacionados con la COVID-19 a lo largo de toda la vida, especialmente para los menores que son muy víctimas de la «epidemia silenciosa de salud mental» y los pacientes de edad avanzada, al estar en mayor riesgo
  • Reducir el estigma para que las personas con DUD sean tratadas como cualquier otra condición médica crónica y no sean dejadas de lado.
  • Reducir la carga del estigma y prevenir la discriminación dirigida a las personas con trastornos mentales y por consumo de sustancias en contacto con el sistema de justicia penal, incluyendo una mayor consideración de las Alternativas a la Condena o al Castigo en línea con las Reglas Mínimas de las Naciones Unidas para las Medidas No Privativas de la Libertad (las Reglas de Tokio), las Reglas de las Naciones Unidas para el Tratamiento de las Reclusas y Medidas No Privativas de la Libertad para las Mujeres Delincuentes con su Comentario (las Reglas de Bangkok), y las Convenciones Internacionales de Control de Drogas. Las personas encarceladas con trastornos por consumo de drogas deben tener derecho a COVID-19 pruebas y tratamiento de acuerdo con el principio de equidad consagrado en las Reglas Mínimas de las Naciones Unidas para el Tratamiento de los Reclusos (las Reglas Nelson Mandela). 
  • Crear sistemas de apoyo comunitario (que incluyan personas trabajadoras, voluntarias/pares, organizaciones de la sociedad civil e instituciones públicas) y una divulgación eficaz para apoyar a las poblaciones más vulnerables de la manera más efectiva e integrada, para abordar también el aislamiento social relacionado con la pandemia y su riesgo asociado de consumo de drogas, recaídas y sobredosis.
  • Promover un enfoque de múltiples partes interesadas para facilitar las innovaciones en el sistema sanitario, trabajando juntamente con la ciencia, el sector privado, las organizaciones internacionales y las ONG. 
  • Reforzar la investigación sobre el impacto del COVID y las barreras al tratamiento durante la pandemia, sobre la salud mental y el consumo de drogas.
  • Recordar los valores humanos universales y unir fuerzas para trabajar juntos por el mismo objetivo, el de no dejar a nadie atrás, incluidas las personas que consumen drogas, con trastornos por consumo de drogas y sus familias. 

 Vacunas COVID 19: ¿esperanza, pero, para todas las personas?

 El mundo ha sido testigo de un rápido desarrollo sin precedentes de vacunas eficaces para prevenir la infección por el SARS-Cov-2 y la comunidad internacional ha reaccionado para garantizar una distribución equitativa de la vacuna en todo el mundo. 

A través de la instalación COVAX, UNICEF está trabajando para asegurar suficientes dosis, así como el transporte, la logística y el almacenamiento. No es una tarea fácil, sin embargo, las diferentes vacunas COVID-19 han sido autorizadas, recomendadas y consideradas como seguras, eficaces y capaces de reducir el riesgo de enfermedades graves. 

En los Estados Unidos, el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades animan a las personas con enfermedades subyacentes, entre las que se incluyen los trastornos por consumo de sustancias, a vacunarse completamente contra la COVID-19 tan pronto como la vacuna esté disponible para ellos. No se han notificado problemas de seguridad que relacionen el consumo de sustancias con reacciones adversas a ninguna de las vacunas contra la COVID-19 disponibles para las personas consumidoras en los Estados Unidos (NIDA, 2021).

Las personas que consumen drogas y con trastornos por consumo de drogas tienen que ser incluidas en los planes de vacunación en todos los países sin ninguna limitación basada en su consumo de drogas.

Solo si nos ocupamos de los más vulnerables y nos aseguramos de que se satisfacen sus necesidades, podremos garantizar la plena cobertura en nuestros continuos esfuerzos por alcanzar los Objetivos de Desarrollo Sostenible para 2030 y lograr así una sociedad inclusiva donde nadie se quede atrás.

*Las opiniones expresadas en este documento son las de su(s) autor(es) y no reflejan necesariamente la opinión de las Naciones Unidas.