VOLUNTARIADO: Transformando relaciones

16/12/2019     

Los voluntarios de Proyecto Hombre son el alma y motor de la organización. Son personas con voluntad y convicción que han decidido actuar: una marea de solidaridad. Representan un gran apoyo para las personas que necesitan acompañamiento para superar sus problemas. A su vez el coordinador de voluntariado debe tener claro el propósito compartido (la brújula de la justicia) y debe ser garante del espíritu de equipo de los voluntarios. Para ello ha de trabajar potenciando las relaciones personalizadoras y el espíritu sistémico como base del compromiso social. La propuesta es trabajar “de dentro hacia afuera”; es decir, desde el trabajo personal para desde allí descentrarse y ayudar al otro, “desde el otro”.

Las habilidades prosociales constituyen el ingrediente más activo de la auténtica actitud solidaria, siendo la consecuencia de una forma de pensar, sentir y hacer con los demás. Los voluntarios de Proyecto Hombre realizan una labor propia integrada dentro del equipo. Toda su actuación está coordinada, potenciando el trabajo en equipo.

El conflicto es parte de la vida. El problema es no abordarlo y que quede soterrado. Para resolver conflictos es necesario el diálogo y para que el diálogo dé fruto es importante cuidar las relaciones, dando reconocimiento para abrir la relación también a la confrontación. La confrontación es fundamental para el crecimiento. A muchas personas les da miedo confrontar y tampoco siempre se cuida suficientemente el reconocimiento.

“El voluntario no es un héroe aislado, debe ser más bien una célula que forma parte de un tejido asociativo, el cuál debe regenerar el tejido social fragmentado”.

La clave estaría en el mapa del “continuo de madurez” que nos permite entender el principio de interdependencia (del paradigma del tú -dependencia- al paradigma del yo-independencia hasta el paradigma del nosotros -interdependencia-), cubriendo tres necesidades básicas: seguridad-libertad-amor que se dan en las relaciones positivas y que no se cubren en las relaciones tóxicas. Algunas veces desarrollamos esquemas limitantes y nos quedamos, bien en la dependencia, bien en la independencia. El voluntario que genera el esquema dependiente hace del otro un mero receptor y no le exige ningún esfuerzo o contraprestación. Tampoco se trata de dejarle solo, a su libre albedrío. Ambas llevan a conflictos que no se resuelven. En el caso de la dependencia porque se limita la libertad (no se dicen las cosas por miedo y se elude el principio de la “Respons(H)habilidad” “con H”, que viene a postular que todos tenemos habilidad para responder y que el cambio siempre se produce de dentro hacia afuera) y en el caso de la independencia porque se limita la colaboración (a veces cada uno por su lado y sin dar importancia real al trabajo de equipo/colaborativo ). No estamos solos, formamos parte de un sistema. La solidaridad es pensar-sentir y hacer con el otro.

La interdependencia lleva a trabajar en equipo y a sinergizar (obtener resultados mayores a la suma de las partes). El trabajo en equipo se realiza con otros voluntarios, con los profesionales, con otras ONG, y por supuesto, con el otro necesitado. En la acción voluntaria el trabajo lo realizan todos sus actores. El voluntario no es un héroe aislado, debe ser más bien una célula que forma parte de un tejido asociativo, el cuál debe regenerar el tejido social fragmentado. Para trabajar en equipo son necesarios tres pilares básicos: tener claros los “para qué”, los “cómo” y “quién hace qué”. Todos los equipos pasan una serie de fases antes de ser verdaderamente productivos y alcanzar “su mejor versión”. Cuanto mayor es la cohesión mayor facilidad habrá para resolver los conflictos que seguro surgirán de la interacción personal. Distinguir y analizar los elementos de cohesión y los de alejamiento es fundamental para detectar los conflictos que puedan surgir y las garantías para solucionarlos pasan siempre por el diálogo, como herramienta poderosa de las relaciones humanas.

“Saber decir lo que está mal es un arte. Para confrontar es importante ejercer primero el arte del reconocimiento”.

El lenguaje genera realidades diferentes. No basta con hacer el bien, hay que hacerlo bien. Todo comportamiento social exige tratar de entender el punto de vista de los demás y la proyección de los propios valores y puntos de vista. En toda relación de ayuda, la comunicación en general es la herramienta clave. Toda ayuda es comunicación. Pero las habilidades sociales nos permiten crear una relación satisfactoria tanto con los usuarios como con el resto de los voluntarios y otros compañeros. Pero el voluntario no busca solo la efectividad de sus relaciones personales sino la afectividad, la simpatía y la empatía porque lo afectivo es lo efectivo, y sabe que el trabajo en equipo es la forma mejor y más satisfactoria de alcanzar los “para qué” de Proyecto Hombre.

La “Respons(H)habilidad)

El voluntariado en Proyecto Hombre está dando sentido diariamente al término solidaridad, que pone la mirada en la persona, en la relación que devuelve la dignidad, el respeto, la confianza, la autoestima, el derecho, la autonomía, etc., a las personas que demandan nuestra ayuda y a sus familias.

Son muchas las barreras que nos impiden avanzar en el principio de la “Respons(H)habilidad”. Analizamos las barreras personales porque desde la autoevaluación es menos difícil aceptar la confrontación y nos centramos en dos elementos fundamentales para generar relaciones interdependientes: la cultura de la retroalimentación: desde el reconocimiento a la confrontación. En el reconocimiento se pone en juego el afecto expresado y deseado.  No dar retroalimentación hace que la gente trabaje “a ciegas”. Las personas necesitan saber lo que están haciendo bien y lo que están haciendo mal para saber que van o no “en buena dirección”:

  • Las personas motivadas pero que no saben hacer su trabajo, estropean las tareas.
  • Las personas responsables, aunque no estén motivadas, hacen bien su trabajo. 
  • Las personas entrenadas, responsables y motivadas, producen hasta un 30% más que las que no lo están. 

Solo una relación bien fundamentada en la que ambas partes se sienten queridas (amor/reconocimiento), seguras (seguridad) y libres es posible confrontar aquello que no se está haciendo bien para mejorar y crecer. Saber decir lo que está mal es un arte. Para confrontar es importante ejercer primero el arte del reconocimiento.

Para dar retroalimentación es importante saber qué es lo que el otro es capaz de ver por sí mismo para saber si lo que necesita es dirección o simplemente apoyo o quizá ambas cosas. Basar la retroalimentación solo en el apoyo no es eficiente si el resultado no es el esperado (o si la persona no sabe cuánto de cerca o de lejos se queda del objetivo. 

Para confrontar es importante cuidar la comunicación (verbal-no verbal-paraverbal). Buscar un lenguaje empoderado, acompañarlo con los macro gestos, etc.… pero sobre todas las cosas, saber, que no vemos las cosas como son sino como somos; es decir, que todos llevamos puestas unas gafas que nos hacen interpretar la realidad de una determinada manera y ésta a veces, limita a los demás. Un voluntario debe estar por encima de esas “primeras impresiones”, quitarse sus gafas psicológicas y conocer a las personas de verdad, por dentro, antes de hacer juicios que la mayoría de las veces no coinciden luego con la realidad.

BIBLIOGRAFÍA

Relaciones Poderosas: vivir y convivir. Ver y ser vistos. Joan Quintana Forns y Cisternas Chávez, Arnoldo.

Los siete hábitos de la gente altamente efectiva. Stephen R. Covey.

Artículo escrito por María Mendoza, responsable del área de personas de Colegios Marianistas