Entrevista a Rodrigo, trabajador de la Comunidad Terapéutica de PH Valencia

Autor: Asociación Proyecto Hombre      16/09/2024     
Esta nueva conversación con personas del ámbito de Proyecto Hombre Valencia (PH) nos trae una novedad: por primera vez, nuestro interlocutor no es un voluntario. Rodrigo es un trabajador de la Comunidad Terapéutica (CT), a punto de jubilarse, y con él vamos a adentrarnos no solo en rasgos de su personalidad, sino en la propia historia de PH, que ha vivido desde sus inicios como protagonista, en primera línea. Animado conversador, tanto sus ojos como el resto de su expresión física acompañan una palabra plena de pasión por su trabajo.
El reencuentro con Joan Almela1 (a quien ya conocía de los Juniors) en unas charlas de voluntariado de Caritas sobre un nuevo proyecto de ayuda a drogodependientes, y su “et tinc en compte”, llevan a Rodrigo a decidirse a principios de 1986, por participar en esta aventura, justo cuando con veintiséis años iba a comenzar su andadura profesional en otros ámbitos. Inicia así una etapa formativa que le lleva a pasar, junto a otros voluntarios valencianos, por los primeros centros españoles, en San Sebastián y Madrid; por Italia, origen de Progetto Uomo de la mano de Mario Picchi en el año 1986. (Rodrigo permanece varios meses en Castelgandolfo y Génova); y a realizar tres meses de prácticas como terapeuta en el centro de León. En Valencia tiene la oportunidad de trabajar en “acogida” en el primer piso de la Av. del Antiguo Reino, en la Comunidad Terapéutica denominada L'Espill situada en un primer lugar en Campo Olivar y más tarde se situa En La Pobla de Vallbona. y La comunidad de reinserción, situada en la Av. del Puerto. Etapas de crecimiento y experimentación en el camino.

De esos primeros años, Rodrigo destaca la situación inicial de desconocimiento sobre múltiples aspectos de la drogodependencia y la falta de un marco legislativo adecuado. Por otro lado, los procesos de reinserción en el seno del programa eran mucho más largos que actualmente, de hasta tres años. El proyecto se daba a conocer gracias a la labor divulgativa de los propios trabajadores, en un proceso de boca a boca. Recuerda también la terrible época de finales de los 80, debida a la aparición del SIDA, con más usuarios ingresados en el hospital, que presentes en el centro y una tasa de fallecidos próxima al 50 %, como la continua evolución al ritmo de los cambios sociales y de consumo: de la heroína a la cocaína, la “ruta del bacalao” y la aparición de las anfetaminas. Perfiles cambiantes que siempre han precisado de capacidad de adaptación. Como ahora, con las frecuentes “patologías duales”, que unen dependencias a sustancias con diagnósticos psiquiátricos, el consumo asociado de alcohol o las nuevas adicciones (juego, redes sociales...).

¿Cómo han influido todos estos años en Rodrigo?: “este trabajo me ha completado la vida”, nos dice. Siente que ha crecido aquí como persona, ganando en control emocional y adquiriendo un extraordinario aprendizaje vivencial. Resalta que son los usuarios quienes en muchas ocasiones nos demuestran continuamente la capacidad de cambio del ser humano, porque sin convencimiento en el cambio no se puede trabajar con ellos.
Rodrigo ha seguido estas décadas un proceso de progresiva profesionalización: no bastándole con la experiencia, se ha titulado como educador social, ha realizado estudios de máster en drogodependencias en la complutense de Madrid, ha asistido a cursos. 

Todo para poder dar la talla en una tarea que “te pone de cara a la vida”.
   
Siempre en contacto directo con nuestros usuarios. En los que él ve “simplemente personas que tienen un problema, en su gran mayoría tenaces, persistentes y humildes, y siempre muy agradecidos”. Incluso en aquellos que recaen en la adicción y regresan para repetir el programa, a los que recibe con un simple “me alegro de verte” ya que su realidad le hace ver que vuelve a necesitar del programa.
De sus compañeros destaca su carácter vocacional (“para cobrar más que aquí no se necesita mucho”) y el potencial que generan con su creencia en el cambio por parte de los usuarios, su humanidad y empatía. Todo en un ambiente de gran compañerismo.
Si en conversaciones anteriores nos han permitido conocer un poco mejor a los voluntarios del proyecto, la de hoy con Rodrigo nos muestra cómo son los trabajadores, elemento central en la tarea de ayuda a los usuarios en su lucha personal por superar sus adicciones. Una tarea tan vocacional como necesitada de formación y altamente profesional.