Apuestas: entender el juego para prevenir en la empresa
Una mirada desde la ciencia de la adicción · Entrevista a José César Perales
Autoría: Comisión de intervención para el bienestar laboral
Las adicciones comportamentales, como el juego de azar, pueden pasar desapercibidas en el entorno laboral, ya que no siempre presentan señales visibles. Además, el auge del juego online y las aplicaciones móviles ha facilitado el acceso a las apuestas en cualquier momento, también durante la jornada de trabajo.
Para comprender mejor esta realidad y sus implicaciones en la prevención de conductas adictivas en el ámbito laboral, entrevistamos a José César Perales, catedrático de Psicología de la Universidad de Granada, con casi 20 años de experiencia en investigación sobre adicciones y autor del libro Trampas: Un viaje por la psicología y el juego de azar en la cultura popular. Su perspectiva científica nos ayuda a entender el potencial adictivo del juego de azar y ofrece claves para abordar su prevención desde las organizaciones.
Pregunta 1: El juego con apuestas es una actividad legal y socialmente aceptada, igual que ocurre con el alcohol en muchos contextos. En las últimas décadas el acceso a las apuestas se ha transformado radicalmente: hoy podemos jugar en más lugares, en más momentos y a través de más dispositivos: ¿Qué ocurre con nuestra percepción del riesgo cuando una conducta potencialmente adictiva se vuelve cada vez más accesible y forma parte de la normalidad cotidiana? ¿La legalidad y la aceptación social pueden hacer que subestimemos sus riesgos?
Respuesta: El juego de azar es una actividad muy generalizada en nuestra sociedad, pero no todos los juegos tienen la misma consideración. Mientras que las loterías están ampliamente normalizadas, gradualmente ha ido creciendo la conciencia del riesgo que implican otros juegos como, por ejemplo, las apuestas deportivas. Desafortunadamente, el crecimiento de las actitudes negativas, o al menos precavidas, hacia el juego de azar es muy eficazmente contrarrestado por la acción de la industria del juego y la publicidad de sus productos. Una buena parte de esa publicidad va precisamente dirigida a presentar el juego de azar como una actividad lúdica más, o como una actividad glamurosa o especialmente atractiva para sectores concretos de la población, como las mujeres o los jóvenes, donde el margen de crecimiento del mercado es mayor.
Por otra parte, el juego online ha cambiado radicalmente la variedad y la accesibilidad de los productos de juego de azar, con lo que la exposición es mucho mayor, la publicidad puede ser mucho más personalizada e intrusiva, y han desaparecido muchas de las fricciones e inconvenientes prácticos que dificultaban jugar presencialmente.
Pregunta 2: En el ámbito laboral existe una mayor tradición de identificar determinados consumos porque pueden tener manifestaciones visibles o una relación más evidente con la seguridad. En cambio, una persona con un problema de juego puede pasar más fácilmente desapercibida lo que no significa que la problemática no implique riesgos de salud y seguridad en el trabajo. ¿Qué hace especialmente difícil detectar una adicción comportamental como el juego?
Respuesta: El impacto del juego de azar sobre la salud y el comportamiento de las personas es más sutil que el de algunas drogas de abuso porque, obviamente, no tiene un efecto neurológico y físico tan directo como el de estas. Sin embargo, el juego de azar puede afectar significativamente al bienestar mental, la estabilidad económica y la productividad laboral, incluso en personas cuyo nivel de participación en el juego no es aún lo suficientemente grave para considerarse patológico. Aunque las personas estrictamente adictas son relativamente poco numerosas, el número de personas afectadas por problemas derivados del juego es mucho mayor, y el coste social acumulado de estos problemas «subclínicos» es incluso mayor en términos poblacionales que el que se asocia a la adicción. Como ocurre con el alcohol o el tabaco, no existe una dosis «segura» de juego de azar: la única forma de prevenir los problemas relacionados con el juego es reducir el nivel de participación de la población en el mismo, especialmente en aquellos productos potencialmente más dañinos.
Las organizaciones pueden implementar políticas de prevención basadas en esta idea; esto es, en la educación para la comprensión de los mecanismos que hacen de los productos de juego de azar algo intrínsecamente adictivo, y en mostrar que ese poder adictivo se deriva en buena medida del diseño del producto. Esa estrategia ha demostrado ser eficaz para reducir las actitudes emocionales positivas hacia el juego de azar y las creencias erróneas sobre el mismo. Por otra parte, algunos signos de los problemas con el juego de azar son el deterioro del descanso y del estado de ánimo general, el incremento de la frustración y la irritabilidad, la búsqueda de ocasiones para jugar sin ser visto o juzgado, y la ocultación de problemas financieros o deudas; en general, signos sutiles que las propias personas afectadas se esfuerzan en ocultar, lo que dificulta su detección. La búsqueda de ayuda, sin embargo, se favorece si existen programas de detección o cribado que ofrezcan un entorno seguro y no estigmatizante para hablar sin miedo a ser juzgado y permitan el acceso a recursos de ayuda.
Pregunta 3: Desde la psicología, ¿qué efectos tiene, por tanto, el juego problemático sobre procesos como la atención, la toma de decisiones, el control de impulsos o la regulación emocional?
Respuesta: El juego de azar, como cualquier otro agente adictivo, tiene la capacidad de secuestrar nuestros mecanismos cerebrales (cognitivos y motivacionales) relacionados con la recompensa. Esto hace que cualquier elemento vinculado a él sea cada vez más relevante a nivel subjetivo y ocupe más espacio en las cavilaciones y pensamientos de la persona, a costa del tiempo y la atención que se dedica a otras actividades más necesarias y saludables. Por otra parte, esos cambios provocan que, por condicionamiento, cada vez más situaciones, lugares y estímulos adquieran la capacidad de despertar el deseo de jugar.
El hecho de estar permanentemente conectados ha incrementado enormemente el número y la variedad de los contextos que «recuerdan» al juego o que permiten jugar. Mientras que hasta hace relativamente poco tiempo el entorno laboral era un espacio razonablemente aséptico, hoy en día el simple hecho de disponer de un smartphone o estar en presencia de un ordenador puede convertirse en una tentación; más aún si las aplicaciones instaladas envían notificaciones o si llegan incentivos personalizados, ofertas o bonos a través del correo electrónico o las redes sociales en cualquier momento del día, incluido el horario de trabajo.
Esta tentación puede resultar muy intrusiva, lo que puede llevar fácilmente a que se produzcan interferencias en la productividad y el bienestar laboral, incluso aunque se tenga el autocontrol suficiente para no jugar activamente durante la jornada.
En algunos casos graves, los problemas financieros derivados de las deudas del juego y de la necesidad imperiosa de seguir jugando pueden llevar a la persona afectada a cometer irregularidades o a faltar a sus obligaciones profesionales. Hasta 2013, la comisión de actos ilegales relacionados con el juego se consideraba un criterio diagnóstico, pero este se eliminó de la lista para reconocer que la mayor parte de las personas con problemas de juego no cometen ese tipo de actos, y que las dificultades pueden ser serias e incapacitantes aun en ausencia de dichos comportamientos.
Pregunta 4: Cuando hablamos de una conducta que implica decisiones aparentemente voluntarias, es fácil situar toda la responsabilidad en la persona. Pero sabemos que las conductas adictivas no se explican únicamente por una elección individual. ¿Cómo deberíamos entender la interacción entre vulnerabilidad individual, características del juego y entorno?
Respuesta: Históricamente, la «filosofía» dominante en la conceptualización del juego de azar ha sido el modelo de juego responsable. Este cuenta, entre otros ingredientes, con dos especialmente importantes.
El primero es que el juego de azar se considera una actividad lúdica e inocua para la mayor parte de las personas que juegan conscientemente, y que interferir con esa decisión constituye una intromisión inaceptable en su libertad individual. Se asume, por tanto, una visión idealizada del jugador como un agente racional que, teniendo toda la información necesaria a su disposición, puede tomar la decisión de jugar de forma responsable. La prevención, en consecuencia, debe focalizarse en la información (advertencias, mensajes, campañas, etc.).
El segundo es que una pequeñísima proporción de jugadores vulnerables acaba desarrollando una adicción al juego, no tanto porque el juego sea adictivo per se, sino porque, por razones constitucionales, de personalidad o genéticas, esas personas ya estaban predestinadas a sufrir una adicción. Para este colectivo se propone la existencia de programas de tratamiento y otros recursos de ayuda. Desgraciadamente, una parte del estamento clínico y sanitario ha contribuido a esta idea de que los problemas con el juego son de naturaleza psiquiátrica e individual.
Frente al modelo de juego responsable, el modelo de salud pública propone considerar el juego de azar como un agente adictivo (al igual que el alcohol o el tabaco), con capacidad para anular el autocontrol de las personas y, por tanto, como un vector de riesgo para la salud pública que debe ser gestionado a través de actuaciones de amplio espectro dirigidas al conjunto de la población.
Una parte de esa actuación sigue dependiendo de la detección, el diagnóstico y el tratamiento de la ludopatía, y de las medidas que dificultan la recaída en esos problemas (por ejemplo, los registros centralizados de interdicciones). Pero otra parte, incluso más importante, depende de la intervención sobre el mercado y el producto; esto es, de establecer una regulación estricta, independiente y basada en la evidencia sobre las características de los juegos que los hacen más o menos adictivos, así como sobre las estrategias de expansión, promoción y comercialización. Como era de esperar, este cambio de paradigma se ha topado con la firme oposición de quienes tienen intereses económicos o políticos vinculados de una u otra forma al juego de azar.
Pregunta 5: En líneas generales ¿Qué debería priorizarse en las campañas de prevención y en los mecanismos de detección? ¿Y en particular en el entorno laboral, dónde debemos prestar más atención?
Respuesta: En especial, que las campañas de prevención se centren en reducir las actitudes positivas y las creencias distorsionadas sobre el juego, y no tanto en el modelo de juego responsable, y en garantizar que existan mecanismos de detección temprana, así como entornos seguros y no estigmatizantes para la comunicación y la búsqueda de ayuda.
Más allá de esto, sí es muy importante prestar atención a un sector laboral muy concreto: el de los trabajadores de la propia industria del juego. Aunque no existen estudios amplios en España, sabemos por informes realizados en otras jurisdicciones que los empleados de casas de apuestas y los vendedores de productos de juego están expuestos a tres riesgos muy concretos.
Primero, dado el contacto intensivo que tienen con estos productos, presentan un mayor riesgo de desarrollar ellos mismos problemas con el juego. Segundo, el mundo del juego de azar está fuertemente masculinizado, por lo que las trabajadoras están más expuestas a conductas y actitudes sexistas. Tercero, desgraciadamente, la conducta de juego está vinculada con más frecuencia de la que quisiéramos a comportamientos agresivos o destructivos dirigidos contra el equipamiento de los locales o contra el personal. Esta exposición a la violencia física y verbal, así como la posibilidad de sufrirla en primera persona, constituye un riesgo real.
Por tanto, en las organizaciones que ofrecen productos de juego es esencial establecer programas de prevención, detección temprana y manejo adecuado de los problemas relacionados con sus productos entre sus trabajadores; implantar políticas reales de igualdad de género, prevención y abordaje de conductas sexistas; y diseñar programas de protección frente a posibles agresiones físicas o verbales.
Reflexión final: del conocimiento sobre el juego a la acción en la empresa
Las palabras de José César Perales dibujan un marco sobre el fenómeno del juego y sus problemáticas asociadas que las organizaciones y quienes trabajamos en promoción de la salud en el ámbito laboral podemos aprovechar. Lo resumimos en 5 ideas:
- El entorno de trabajo ya no es un lugar aislado o protegido. El móvil, el ordenador y las notificaciones han difuminado la frontera entre la vida personal y la jornada laboral. Las políticas de bienestar necesitan tener en cuenta que el estímulo de jugar puede llegar también a la mesa de trabajo. Las repercusiones sobre el bienestar, el rendimiento y la seguridad de la persona afectada y del entorno de trabajo, empiezan antes de que la conducta se convierta en un problema instaurado, por lo que se deben diseñar actuaciones a distintos niveles, prestando especial atención a la prevención.
- Nuestra labor empieza antes de que la conducta se convierta en problema. Las repercusiones sobre el bienestar, el rendimiento y la seguridad de la persona afectada y del entorno de trabajo, empiezan antes de que la conducta se convierta en un problema instaurado, por lo que se deben diseñar actuaciones a distintos niveles, prestando especial atención a la prevención.
- La detección precoz: clave para un abordaje eficaz. En el caso del juego problemático, las señales son sutiles y se ocultan. Cambios en el descanso, en el estado de ánimo, en la irritabilidad o en la situación económica rara vez se leen como indicios de un problema de juego. Por eso es importante crear condiciones de seguridad para que alguien pueda pedir ayuda a través de protocolos que aseguren los principios de confidencialidad y voluntariedad.
- La responsabilidad no es solo individual. Frente al modelo del juego responsable, el enfoque de salud pública defiende que el diseño del producto y el entorno pesan tanto como la voluntad de la persona. Este cambio de mirada conecta directamente con el enfoque de empresa saludable: una organización que asume a través de sus políticas, su parte de responsabilidad sobre la seguridad y la salud física y mental de sus trabajadores y trabajadoras debe incluir en ellas las conductas adictivas. Hacerlo implica abordarlas como lo que son, un problema de salud, evitando el estigma y la discriminación hacia quien lo sufre.
- Existen factores que incrementan el riesgo. Aunque el estrés y la exposición se pueden presentar en diversos entornos laborales, existen espacios de trabajo de especial vulnerabilidad como los de la propia industria del juego, que presentan más riesgo de desarrollar problemas. Es un recordatorio de que el juego también puede ser un riesgo laboral en sí mismo, y no solo una cuestión de la vida privada de las personas.
Una comprensión rigurosa del problema es la base sobre la que construir medidas que protejan de verdad a las personas en el trabajo, a partir de aquí, cada empresa debe aplicar planes personalizados y adaptados a su realidad, para lo que puede contar con el asesoramiento de entidades expertas como Proyecto Hombre.