Bienestar y prevención de adicciones

Autor: Asociación Proyecto Hombre      25/08/2021     

Por Fernando Ribas de Pina Pérez

El inicio en consumo de sustancias adictivas, el paso a relaciones conflictivas con esas sustancias o incluso alcanzar una relación de adicción, son realidades que se pueden ver favorecidas en el ámbito laboral al igual que se pueden ver limitadas.

Si nos centramos en los factores de riesgo, estos son múltiples, pero ante todo de índole psicosocial, esos que son difíciles de concretar, de medir, de aislar, es decir sobre los que es más complejo intervenir.

La disponibilidad de sustancias o de conductas potencialmente adictivas, la permisividad hacia su consumo, incluso la promoción o presión para consumirlas, son grandes factores de riesgo sobre todo cuando la persona necesita sentirse integrada en el colectivo. 

Esta cultura hacia las conductas adictivas no es, sin embargo, lo más complejo de modificar. Se puede trabajar a través de información veraz, sensibilización, normas consensuadas y un progresivo cambio cultural con la colaboración de todo el personal posible, especialmente mandos medios, dirección y representantes legales de los trabajadores y trabajadoras. Acciones organizadas de forma constante en el tiempo y una paulatina normativa dialogada con el colectivo laboral, nos llevarán a un cambio significativo de esa “cultura”, sobre la relación con sustancias psicoactivas, sean legales o ilegales, incluso sobre las adicciones sin sustancia.

Actuar sobre los riesgos psicosociales ya es más complicado y hay que atreverse a ser creativo. 

No se trata solo de poner una máquina de café y facilitar que la gente se pare a tertuliar, el famoso Fika de los escandinavos, ni de organizar una parada en el bar los viernes por la tarde para compartir un rato detrás de un cortado (mejor que detrás de una cerveza), todo esto está muy bien, y sin duda se debe de promover, pero se trata de algo más. 

Se trata de la organización del trabajo, de la sobrecarga, del aislamiento, de la repetición de tareas. Se trata de la incertidumbre en la estabilidad del puesto de trabajo, de su continuidad.

Y también de un conjunto de hechos muy importante por su intangibilidad, un adjetivo que activa desde la desidia, hasta el miedo y la inseguridad, pero que está presente en realidades de mucho peso. Hay que estudiar cómo funciona la comunicación interna, si es eficaz y respetuosa, si los liderazgos son sanos o tóxicos, si generan equipo y promocionan las cualidades de todos los miembros o si convierten a las personas en meras herramientas. 

Se trata de valorar si existe una verdadera política y tendencia hacia la conciliación familiar ayudando a que otras áreas de la vida del colectivo laboral sean satisfactorias y formen parte de los factores de protección en lugar de los de riesgo. 

Se trata de las relaciones de igualdad entre géneros, del techo de cristal, de la brecha salarial, expectativas, de eliminar barreras y eso que nos permita pensar que estamos en el buen camino. 

Se trata, en definitiva, de si nuestra empresa ayuda a tener trabajadores y trabajadoras felices o desdichados, de si tenemos bienestar y buen clima laboral o lo contrario.

A veces hay que ir un poco más allá y ser innovadores. 

Más de una empresa está disfrutando de acciones tan sencillas como crear un equipo de futbito para la liga de empresas del polígono y a los gastos que suponen 24 camisetas y 3 balones también se pueden añadir algunos conos para los entrenamientos. 

Los beneficios: publicidad en el dorsal de las camisetas, mayor relación entre compañeros y compañeras, mayor conocimiento y cercanía, incremento del sentido de pertenencia y generación de hábitos saludables a través del deporte. 

Quién habla de futbito habla de baloncesto, senderismo o de un equipo para carreras o medias maratones; lo que el entorno facilite y el colectivo sienta más cercano. 

De estas propuestas deportivas más de una empresa ha pasado a ofrecer programas de superación del tabaquismo demandados por las propias personas trabajadoras.

Sin ánimo de hacer comparaciones desagradables, pero evidenciando una realidad, en este momento, industrias ganaderas de nuestro país tienen técnicos preocupándose del bienestar animal porque tienen muy claro que el bienestar revierte en la calidad de sus productos y que además es una respuesta ética a nuestra relación con todo el planeta.

Sin embargo, hay empresas en las que las personas que trabajan están más cerca de la valoración de herramienta que de persona, espacios de trabajo en los que se terminan priorizando objetivos inmediatistas a un bienestar laboral y una salud del colectivo.

La conquista y logro del bienestar laboral y la salud del colectivo repercutirían además, en la imagen, calidad y producción de la empresa, así como en la sociedad en general.

La empresa del futuro, o será generadora de salud, o no será.