Día Mundial Sin Tabaco

Por Mariola Egea Parra
En el último estudio de mortalidad presentado por el Ministerio de Salud[1] el tabaco es el causante de 95.000 muertes al año, solo en nuestro país. Un 10% de esas muertes es de fumadoras pasivas, personas que no fumaban pero respiraban los tóxicos de quienes sí que lo hacían. El humo de segunda mano, el que se escapaba de la combustión del tabaco mientras se fuma; y el de tercera mano, los tóxicos que se quedan prendidos a las superficies, prioritariamente por debajo del metro de altura, la zona de vida de los menores; son los tóxicos que consumen de forma no voluntaria todas las personas cercanas a quienes fuman.
Una verdadera pandemia que venimos arrastrando desde hace décadas, con unos daños a la salud y una repercusión socioeconómica bárbara.
La Comisión Europea plantea en el informe “Perfil Sanitario Nacional de España 2021”[2], que el 16% de las muertes son atribuibles al tabaco.
Tenemos uno de los tabacos más baratos de la Unión Europea y pese a la opinión de algunas personas adictas al tabaco, la balanza socio-económica entre los ingresos y gastos está totalmente inclinada a la pérdida. Los ingresos llegan vía impuestos mientras que en los gastos hay que contemplar los sanitarios, donde están las bajas por enfermedades favorecidas por el tabaquismo, también las enfermedades largas y cada vez más invalidantes hasta la incapacidad laboral permanente, y los gastos sociales resultado de esas bajas, del apoyo a las familias, las orfandades y viudedades. Familias que se ven limitados por el acompañamiento a un paciente con enfermedades totalmente evitables. Todo esto sin contar la contaminación medioambiental tanto urbana como de la naturaleza que suponen sus humos y colillas, cenizas, envases, vaporizadores, etc…
Un estudio realizado en 2013 por la Sociedad de Prevención de Fremap y la empresa farmacéutica Pfizer, situaba el coste para la empresa de una persona fumadora en 2.000 €. Datos de 2013, en la actualidad será muy superior.
Estos costes se distribuyen entre el 73% que corresponde a la pérdida de productividad por el tiempo extra invertido en fumarse sus cigarrillos y las bajas por enfermedad que son casi el doble que entre el personal que no fuma.
Pero también tenemos los costes derivados de la mortalidad prematura ya que la mitad de las muertes atribuibles al tabaco se producen antes de la jubilación con la pérdida de capital humano con experiencia y alta cualificación profesional que ello supone. Y los costes de rotación de contratación y de formación del nuevo personal sobre todo en el caso de bajas por enfermedad.
El tabaquismo es una de las variables más importantes de pérdida de productividad, por encima del alcoholismo o la atención a problemas de salud familiar.
Los beneficios para la empresa al reducir el tabaquismo en sus equipos son significativos y se resumen en:
- Reducción de los días de baja y el absentismo de la plantilla y la consecuente disminución de la rotación. Por la disminución de la incidencia de problemas de salud, tanto entre quienes fuman como entre quienes no lo hacen.
- Reducción de la rotación, y los problemas de contratación y formación mientras la producción se ve mermada y con ella la imagen de la empresa.
- Mejora del rendimiento del capital humano. Las personas que fuman hacen todos los descansos normales del resto del personal más los que su adicción al tabaco les impone, alargando los habituales o haciendo más paradas.
- Disminución del riesgo de incendios. El uso del tabaco en el medio laboral se relaciona con un 10% del total de los incendios.
- Reducción en los de costes de limpieza y mantenimiento. La suciedad y deterioro que cenizas, colillas y el humo crean solo se llega a apreciar cuando desaparece. La duración del mobiliario, equipos informáticos y maquinaria de precisión, suelos y paredes aumenta. Y la sensación de limpieza también.
- Mejora del clima laboral. Por la disminución de la conflictividad entre el personal, y la eliminación de una de una causas de generación de grupos y subgrupos. Y ante todo los múltiples beneficios que supone un mejor ambiente de trabajo.
- Mejora la imagen de la empresa. Tanto interna como externamente.
- Contribuye a generar cultura de empresa saludable. Y ageneralizar los hábitos de salud a otras conductas como el consumo de alcohol en el entorno laboral, etc.
Pero los beneficios para quienes fuman e incluso el resto del personal son todavía más interesante. Salud y calidad de vida.
- Quienes dejan de fumar van a tener una generosa mejora de la salud y la disminución del riesgo de enfermedad y muerte prematura.
- El aumento de la calidad de vida y la mejora del ambiente laboral es una realidad que van a disfrutar todas las personas de la plantilla, eliminando el factor tabaco como provocador de tensiones en las relaciones.
- El espacio de trabajo será más seguro reduciéndose el riesgo de incendios y otros riesgos laborales, mostrándose además un espacio más limpio y agradable.
- Con estas medidas, además, se promueve la identificación de la plantilla con los valores positivos de salud y cuidado de la empresa, repercutiendo en sus niveles de satisfacción y adherencia a la misma.
- Para quienes dejen de fumar supondrá una mejora en la economía que puede llegar a ser similar a la nómina de un mes.
Las estrategias para conseguirlo son varias y siempre centradas en la generación de salud. La normativa ya prohíbe fumar en los espacios de trabajo, lo que hay que hacer es respetarla.
Además las campañas de difusión de los valores de empresa “libre de humo”, y las sesiones informativas y de sensibilización sobre los riesgos de esta conducta, contribuyen a recordar la cultura de salud de la empresa y animar a los trabajadores a comprometerse con ella.
Por otro lado, facilitar el superar la adicción a quienes la sufren es un paso significativo que traerá grandes mejoras en la salud de todas las personas.
Estudios de la Universidad Carlos III dejan claro que la intervención grupal es la más eficaz para conseguirlo, por ello desde el Proyecto Hombre ofrecemos programas de superación del tabaquismo a las empresas basados en el grupo, con el apoyo de intervenciones individuales, con unos objetivos progresivos y una visión holística que incorpora el conocimiento de los propios disparadores, los hábitos asociados y plantea estrategias personalizadas para cada persona, además de trabajar la ansiedad, la relajación, la alimentación y el posible apoyo farmacológico.
El protagonista de cualquier recuperación siempre es la persona que está en proceso, pero un buen apoyo profesional cercano y de calidad otorga mayores posibilidades de éxito.
Si quieres conocer cómo puedes intervenir en tu empresa y qué podemos hacer desde Proyecto Hombre, clica en el banner de abajo:

[1] https://www.sanidad.gob.es/estadEstudios/estadisticas/estadisticas/estMinisterio/mortalidad/docs/Patrones_mortalidad_Esp_2020.pdf
[2] https://health.ec.europa.eu/system/files/2021-12/2021_chp_es_spanish.pdf