¿Es rentable prevenir las conductas adictivas en la empresa?

Autor: Asociación Proyecto Hombre      11/01/2022     

Por Dionisio Contreras Casado.

A la hora de iniciar cualquier nueva acción hay que valorar el retorno que esta va a generar, pero con una visión completa de la realidad y sus repercusiones.

Mucho se ha escrito sobre los costes que conlleva no evaluar y no planificar acciones para la prevención de riesgos laborales. Es cierto, no obstante, que para que este discurso haya generado algo de impacto y credibilidad, han sido necesarios muchos años, muchas demostraciones numéricas, y sobre todo que el tiempo hiciera su trabajo en no pocas empresas, imponiendo su dolorosa evidencia.

En este sentido, se han enumerado numerosos listados de las consecuencias indeseadas que tiene, lo que muchos llaman, la “no prevención”: absentismo, rotura de máquinas e instalaciones, coste por bajas por enfermedad, indemnización a las víctimas, o costes derivados de procesos legales derivados.

No pretendemos hacer un listado exhaustivo de consecuencias relacionadas con un coste económico. Por lo tanto, lo dejaremos aquí. No obstante, no son las únicas consecuencias a las que nos podemos enfrentar.

  • Deterioro del clima laboral
  • Desmotivación entre el personal
  • Mala imagen de la marca o la empresa
  • Perdida de los buenos profesionales

Son consecuencias intangibles, pero no menos importantes; el deterior que generan a las personas y a la entidad terminan siendo muy tangibles, salud, producción, perdidas.

En el ámbito de la prevención e intervención de las conductas adictivas en la empresa, estamos en un momento ya superado por la prevención de riesgos laborales que tras más de dos décadas de trabajo constante ha logrado normalizar muchas conductas y convertirlas en cultura, no todas las necesarias y en algunos casos con altos costes en salud, pero nos encontramos en una situación de bonanza si miramos hacia atrás.

Sin embargo, los que intentamos implantar acciones generadoras de salud en torno a la prevención de las conductas adictivas, aún luchamos contra las resistencias que todavía existen en el mundo empresarial. Miedos, más atávicos que racionales, que a veces se presenta bajo la negación de la realidad o de la posibilidad de que hayan problemas, la ingenuidad de que tapándose los ojos la realidad es distinta, otras se apoyan en la idea de que realizar acciones sobre este campo puede crear “mala imagen de la empresa en el entorno”, no obstante cuando las empresas inician acciones de prevención sobre las conductas adictivas, la imagen que generan es la de innovación e interés por la salud de los trabajadores, otras veces los miedos se activan por posibles conflictos con los representantes de los trabajadores y los sindicatos, cuando hablamos con unos y con otros, los intereses son similares cuando no idénticos, tener conflictos por la prevención de las conductas adictivas suele ser un problema de comunicación, la dificultad para comunicar que los motivos para actuar son la salud y el bienestar del colectivo laboral y con él el de la empresa.

Queda mucho por trabajar en la mejora de la percepción de los riesgos derivados de las conductas adictivas, y si bien es cierto que cada día más empresas están dando pasos, todavía queda mucho que hacer con directivos, mandos intermedios, representantes de los trabajadores y colectivo laboral. También queda mucho por hacer en la sociedad en general, y quizá no ayude mucho el hecho de que el Instituto Nacional de Seguridad y Salud en el Trabajo, no haya publicado todavía una Nota Técnica de Prevención sobre el tema, entre las 1145 que tiene editadas.

Ni la administración, ni la empresa, ni los trabajadores, pueden seguir evitando hablar de un tema que tiene un impacto tan ominoso y siniestro. Un impacto que, por otro lado, ya se está comenzando a cuantificar, cada vez son más los estudios que demuestran que las drogas están muy presentes en la siniestralidad laboral, y generan los grandísimos costes con los que iniciábamos este texto.

          Pero también se pueden iniciar acciones desde enfoques equivocados, algunas empresas optan por respuestas basadas en la sanción, equivocadamente piensan que de esta forma se elimina el problema presente y se evitan los del futuro, sin embargo, la dinámica de la sanción suele generar efectos perversos, es muy posible que sea rechazada por el colectivo laboral, generado distancias y desconfianzas, ya que ven una respuesta alejada del diálogo y la ayuda, por parte de la empresa. Optar por acciones punitivas, sancionadoras, hace que los problemas actuales y futuros se oculten, de esta forma en lugar de que se pida ayuda a los primeros síntomas, el conflicto crece y se hace visible cuando ya ha desarrollado un daño que podría haberse evitado. Daño a la persona que lo sufre, pero también daño a los compañeros y compañeras y a la empresa en sí misma.

Apostar e invertir en una buena política de Prevención de Riesgos Laborales, implica tener la mirada puesta en este tipo de contingencias, derivada de las conductas adictivas. Se trata de dar un paso más, conformarse con el cumplimiento es pobre cuando podemos optar por la excelencia, cuando podemos, no solo aspirar, sino conseguir una empresa saludable, sinceramente comprometida con las responsabilidad social corporativa. Evidentemente es rentable, y bien lo saben los que han dado el paso de sacar la cabeza del agujero, y se han puesto a intervenir con ayuda de técnicos expertos. Bien desde los servicios de prevención ajenos a la empresa, los servicios propios o mancomunados, o bien desde los departamentos de recursos humanos, es el momento de actuar con la ayuda de técnicos expertos en la materia para proteger el activo más importante de cualquier empresa: los trabajadores. Cada vez es más fácil, porque las experiencias previas dan puntos de orientación, van hoyando un camino y creando luz de referencia para seguir su camino, siempre adaptado a la realidad de cada empresa, de cada entidad. Todo ello en aras de hacer de nuestras empresas, entornos generadores de salud, lugares seguros, saludables y competitivos. Eludir la realidad nunca ha sido rentable. Prevenir sí lo es.