Mujer trabajadora, adicciones y prevención

Autor: Asociacion Proyecto Hombre      29/04/2021     

Por Fernando Ribas de Pina Pérez

Los factores de riesgo en el trabajo facilitan la perdida de salud del personal laboral a través de la enfermedad o de la siniestralidad. Entre estos factores se encuentran los riesgos psicosociales, la OIT los define como la relación existente entre las condiciones del trabajo y las capacidades y realidad de cada persona trabajadora (OIT, 1986).

Los riesgos a los que pueden estar sometidas las trabajadoras son más amplios que los que pueden sufrir los hombres. Las expectativas socioculturales sobre las mujeres en el trabajo, son distintas que las que hay sobre los hombres y ello supone una serie de trabas a su proyección profesional; barreras y estereotipos que se transforman en riesgos psicosociales específicos, que favorecen relaciones de riesgo con sustancias psicoactivas.

El consumo de drogas está marcado por los mandatos de género

Las mujeres suponen el 45% de la fuerza laboral de nuestro país, mientras que alcanzan solo el 16,4% de los puestos directivos en España. Una muestra evidente del “Techo de cristal”. Los Técnicos del Ministerio de Hacienda (Gestha) reflejan en su V informe, que la brecha salarial se ha incrementado durante el 2019, alcanzando una media de 4.915 euros menos de sueldo para las mujeres, frente a los que percibieron los hombres.

Durante generaciones el trabajo de la mujer se ha considerado como un complemento al del hombre, una infravaloración, que les obliga a demostrar constantemente su cualificación y capacidad, y que tiene un reflejo en el mayor número de contratos parciales, además también se tiende a menospreciar los puestos habitualmente desarrollados por mujeres, y cuando los hombres ocupan un rol laboral  clásicamente femenino, este cobra otra categoría profesional y social, así una mujer es cocinera, mientras un hombre se transforma en Chef, y una mujer es peluquera, mientras un hombre se convierte en Estilista. 

Los hombres vemos el trabajo como una herramienta de empoderamiento y autonomía, pero para demasiadas mujeres es una carga añadida, que en lugar de generar ese empoderamiento, genera estrés, insatisfacción y depresión, ya que se ven obligadas a responder a una dualidad laboral, hay que seguir cubriendo las expectativas de las responsabilidades familiares (hogar, hijos, mayores, enfermos, etc..) y además cumplir con las exigencias de la jornada laboral externa. Los cuidados al resto del grupo, que es una de las conductas por las que medimos el nivel de cualquier cultura, se consideran “cargas” en el entorno laboral, cargas familiares. 

La discriminación social y laboral es tan evidente que encontrase en edad de procreación es un problema para que una mujer encuentre trabajo. Algunas mujeres anulan su deseo de ser madres para no malograr su promoción profesional, no es así en el caso de los hombres, cuyas paternidades no parecen tener ninguna repercusión ni en la búsqueda de trabajo ni en su promoción laboral.

La frustración, el estrés, la culpa, la infravaloración, el acoso pueden generar la suficiente ansiedad, depresión, estrés, insatisfacción, inestabilidad emocional y soledad como para iniciar relaciones con algunas sustancias y facilitar su continuidad hasta alcanzar una relación conflictiva. Consumos que surgen para compensar o neutralizar el malestar, en un momento vital en el que se tiene menos estabilidad para poder tomar decisiones de forma coherente.

Características del consumo, las dificultades de la intervención temprana

Como dice la Organización Mundial de la Salud, “Las enfermedades no están distribuidas regularmente ya que las mujeres y otros grupos vulnerables experimentan más de las que refieren”.  OMS (2010). El consumo de drogas está marcado por los mandatos de género de nuestra cultura, y por cuyo quebranto las mujeres tienen una mayor penalización social, familiar y laboral. Por ello las mujeres tienden a consumir sin ostentación y en soledad, ante todo sustancias legales, (alcohol e hipnosedantes), huyendo de la mayor penalización y estigma que sufren por ello, así como de su propio juicio. Invisibilizando la problemática e incrementándola, puesto que si no se ve, no existe. Todo ello dificulta la intervención temprana, retrasando su acceso a los tratamientos por lo que llegan a los mismos más deterioradas.

La repercusión del sufrimiento de las mujeres queda en parte reflejada en el consumo de hipnosedantes y analgésicos opioides, sustancias en las que tiene un consumo superior al de los hombres. En el caso de los hipnosedantes, suponen el 64% del colectivo consumidor.

Fuente. – Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones. MSCBS.
Elaboración propia

Los pasos hacia la prevención

Realizar una prevención con verdadera intención de ser eficaz y eficiente, supone tener en cuenta las variables de género respecto de los consumos de alcohol y otras drogas y de los motivantes que suelen conducir a los mismos. Invisibilidad no quiere decir que no existan.

Alcanzar la igualdad de derechos entre las mujeres y los hombres, no solo incumbe a los legisladores o al empoderamiento de las mujeres. Incumbe a toda la sociedad. Esa igualdad es una necesidad, independiente de los géneros. Los pasos hacia la prevención, hacia la salud, son pasos hacia una sociedad más justa.