Prevención de adicciones en el ámbito laboral en España: legislación, riesgos y salud en 2025
Por: Fernando Ribas de Pina Pérez, Intervención en el Ámbito Laboral Proyecto Hombre Valencia, Fundación Arz. Miguel Roca.
2025 ha sido un año complejo, marcado por tensiones sociales, discursos de odio y una creciente individualización. Sin embargo, también está dejando señales esperanzadoras en el ámbito de la prevención de las conductas potencialmente adictivas, especialmente gracias a nuevas iniciativas legislativas y a un cambio progresivo de mirada en los entornos laborales.
A lo largo del año se han presentado diversas propuestas normativas que, aunque no se dirigen de forma específica al mundo del trabajo, sí tendrán un impacto positivo en él a medio y largo plazo. Reducir la oferta, limitar el acceso y aumentar la percepción de riesgo son estrategias de prevención eficaces que terminan repercutiendo directamente en la salud y el bienestar de la población trabajadora.
Uno de los hitos más relevantes ha sido el proyecto de ley orgánica para reforzar la protección de las personas menores de edad en los entornos digitales. La propuesta contempla la incorporación obligatoria de sistemas de control parental en los dispositivos, la penalización de las ultrafalsificaciones con contenido sexual o vejatorio y el impulso de competencias digitales saludables, incluyendo la prevención de las adicciones comportamentales.
Esta iniciativa, presentada por el Gobierno español en marzo y reforzada posteriormente por una propuesta similar del Parlamento Europeo, responde a datos preocupantes: el 78 % de adolescentes entre 13 y 17 años revisa su dispositivo al menos una vez cada hora. No se trata de un fenómeno aislado. Países como Japón ya han impulsado recomendaciones institucionales para limitar el uso de pantallas, fomentando un cambio de hábitos que pone el foco en la salud.
En el ámbito de las adicciones con sustancia, 2025 también ha sido un año relevante. En marzo se remitió a las Cortes el proyecto de ley de prevención del consumo de alcohol en menores, que propone prohibir el consumo tanto a menores como a adultos en espacios donde la presencia infantil sea mayoritaria, así como eliminar la publicidad de bebidas alcohólicas en locales de hostelería. La evidencia es clara: aquello que se publicita y es fácilmente accesible se consume más. Reducir la exposición es una medida preventiva eficaz y generadora de salud.
Algo similar ocurre con el tabaquismo. En septiembre, el Consejo de Ministros aprobó un anteproyecto de ley que refuerza las medidas sanitarias frente al tabaco y protege especialmente frente a nuevos productos como los cigarrillos electrónicos, el tabaco calentado o las bolsas de nicotina. A pesar de la fuerte presión de la industria, estas iniciativas suponen un mensaje claro de sensibilización y prevención.
Aunque muchas de estas propuestas aún deben recorrer un largo camino legislativo, su sola presencia en el debate público ya cumple una función preventiva: informan, generan reflexión y ayudan a desmontar mitos. La información veraz es una herramienta clave para tomar decisiones sensatas, especialmente en relación con sustancias legales como el alcohol y el tabaco, responsables de una elevada mortalidad a nivel mundial.
En paralelo, la intervención en los entornos laborales ha aumentado de forma significativa. Cerca del 80 % de las personas que acceden a tratamiento por una adicción se encuentran en activo, y distintos estudios señalan que uno de cada cuatro accidentes laborales tiene relación con el consumo de alcohol u otras drogas. Las empresas empiezan a entender que trabajar la prevención no es una señal de conflicto, sino de responsabilidad y cuidado.
Prevenir no es exagerar riesgos: es evitar accidentes, bajas laborales, rotación de personal, mal clima organizacional y fallos en la producción. Intervenir a tiempo es invertir en salud, bienestar, seguridad y sostenibilidad empresarial.
Los datos de la encuesta ESTUDES del Plan Nacional sobre Drogas aportan, además, motivos para el optimismo: por primera vez en décadas se observa un descenso en el consumo de sustancias entre adolescentes. Un logro que confirma que la prevención funciona. No obstante, el informe también alerta sobre el aumento de problemas asociados al uso de pantallas: dificultades de sueño, problemas académicos, aislamiento social, consumo de pornografía y apuestas online.
Este fenómeno no es ajeno al ámbito laboral. Las pantallas también generan riesgos para la seguridad y la salud en el trabajo: distracciones, accidentes, errores en los procesos productivos o conflictos interpersonales. Un nuevo reto que, como otros, puede abordarse desde acciones preventivas y generadoras de salud.
La prevención es, en definitiva, una inversión de futuro. Lo es para la juventud, para la sociedad y también para el tejido productivo. Y en ese camino, el trabajo en los entornos laborales se consolida como una pieza clave.