Los psicofármacos, al ser medicamentos, no generan adicción

Autor: Asociación Proyecto Hombre      16/08/2023     

Si utilizas psicofármacos sin prescripción y seguimiento médico puede provocar que, tras cierto tiempo, el organismo se acostumbre al fármaco, acabe generando tolerancia, y pierda su efectividad inicial.

¿A qué no lo sabías? Las personas suelen aumentar las cantidades para conseguir los efectos deseados y pueden llegar a situaciones de dependencia. La obtención del alivio inmediato de los síntomas es el primer paso para que se cree la tendencia a repetir el consumo, y ése es el inicio de la adicción.

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Al hablar de psicofármacos, nos referimos a fármacos que modifican la actividad psíquica por su acción sobre el sistema nervioso central.

En la actualidad los ansiolíticos-hipnóticos son los más extensamente usados, seguidos de los antidepresivos.

Aunque la categoría ansiolítico-hipnóticos (también se denomina tranquilizantes a los ansiolíticos y somníferos o “pastillas para dormir” a los hipnóticos) incluye distintos tipos de fármacos, las benzodiacepinas son las más representativas del conjunto, debido a su consumo masivo. Es decir, hablamos de sustancias que poseen la propiedad de alterar diversos procesos mentales: pueden provocar sedación, modificar el ánimo, el pensamiento, la percepción y el comportamiento.

Un gran número de personas utilizan, con o sin prescripción, medicamentos para afrontar los trastornos provocados por sus dificultades cotidianas, como, por ejemplo, las personas sometidas a un exceso de responsabilidades, estrés o a un acontecimiento traumático.

Prescrito y utilizado adecuadamente, un psicofármaco permite atenuar o eliminar ciertas formas de sufrimiento psíquico.

Los trastornos del sueño son un motivo frecuente de consulta médica; pueden ser transitorios u ocasionales, y volverse crónicos; las causas pueden ser orgánicas, psíquicas, o debidas simplemente a condiciones ambientales poco propicias para el sueño.

Los efectos de los psicofármacos varían según su composición química, las dosis administradas y la sensibilidad individual del paciente.

Asociar este tipo de medicamentos a otras sustancias psicoactivas conlleva importantes riesgos, sobre todo porque los efectos de ciertas interacciones no son bien conocidos. La mezcla con alcohol, por ejemplo, potencia o anula los efectos de cada una de las sustancias absorbidas. (Fuente: Plan Nacional sobre Drogas)