Nuestras Voces Proyecto Hombre Almería
Pantallas
El primer paso en una intervención con jóvenes que presentan un uso problemático de pantallas es crear un espacio de confianza. Nuestro programa se lleva a cabo de manera individual a través de sesiones semanales. No se trata de cuestionar o prohibir, sino de abrir un diálogo donde el joven pueda expresar de manera sincera cómo, cuándo y para qué usa las pantallas, qué es lo que más le atrae (redes sociales, videojuegos, series, streaming) y qué dificultades comienza a notar en su vida cotidiana: pérdida de sueño, distracciones en clase, discusiones familiares o aislamiento social. Esta escucha activa permite que el joven sienta que su experiencia es valorada y no juzgada, lo que aumenta la disposición al cambio.
A partir de esa exploración inicial se introducen dinámicas de autorreflexión. Una herramienta útil es el registro semanal del tiempo de conexión, anotando horas reales dedicadas a redes, videojuegos, mensajería o navegación. El objetivo es contrastar la percepción subjetiva con la realidad objetiva: muchos jóvenes creen pasar solo “un rato”.
La intervención incorpora también educación digital crítica. Se explican de manera sencilla los mecanismos que emplean las plataformas para mantener la atención —notificaciones, recompensas inmediatas, algoritmos personalizados— y se trabajan las consecuencias de la sobreexposición: alteraciones del sueño, reducción de la concentración, ansiedad y dependencia.
En paralelo, se proponen alternativas de ocio saludable que generen placer y conexión real: deportes, arte, actividades al aire libre o proyectos colaborativos. Aportar a las familias, tanto en la escuela de familia como en las sesiones individuales, las herramientas indicadas para gestionar estas situaciones es clave: control parental, normas en casa sobre el uso de pantallas y diálogos abiertos entre padres e hijos.
Finalmente, se plantean metas pequeñas y alcanzables: reducir progresivamente el tiempo de conexión, reservar momentos libres de pantallas o rutinas de desconexión activa. El propósito no es demonizar la tecnología, sino promover un uso equilibrado y consciente que fortalezca su bienestar y autonomía personal.