Nuestras Voces Proyecto Hombre Balears

Autor: Asociación Proyecto Hombre      16/09/2025     

Por Emmanuelle Gelabert Mayol, Terapeuta de Projecte Jove

La gran fórmula de TikTok para retener a quienes la utilizan, y sobre todo al colectivo juvenil, es la combinación del scroll infinito, un sinfín de vídeos cortos y un algoritmo que detecta rápidamente los intereses de cada persona espectadora para personalizar al máximo la experiencia. Lo que engancha ya no son solo los likes, sino la incertidumbre y la posibilidad de recibir, en cualquier momento, un vídeo que actúe como estímulo gratificante, parecido al mecanismo de una máquina tragaperras, pero sin dinero aparente.

Las personas jóvenes han dejado de preocuparse por sus fotos de perfil: ahora suben vídeos cortos para no aburrirse, buscan publicaciones más efímeras y las comparten únicamente con sus contactos más cercanos en la lista de “mejores amigos”.

Las redes sociales siguen cumpliendo también una función de evasión: así, muchas personas jóvenes posponen responsabilidades y delegan decisiones cotidianas al azar de un vídeo, procurando dejar la mente en blanco. A esto se suma el creciente uso de chatbots de inteligencia artificial —como ChatGPT, Gemini o Meta AI— que, gracias a la inmediatez y dinámica de interacción continua, captan la atención a la vez que recogen cada vez más datos privados que estas personas comparten: ¿Qué como hoy? ¿Cómo saber si me pareja me pone los cuernos si ha hecho X conducta? ¿Mi amiga no me responde, te adjunto foto de nuestro chat y dime qué le pasa? ¿Por qué mi madre es tan déspota, te cuento lo que me ha hecho? ¿Cómo puedo saltarme el control parental para poder ver porno?

Esta es la realidad que encontramos en el programa Ciber: jóvenes que delegan decisiones a la IA para evitar equivocarse y mantener una imagen de perfección; que conversan con chatbots porque no se atreven a hablar con otra persona sobre sus problemas, o porque quizá no cuentan con alguien que les escuche activamente y sin juzgar.

En este contexto, como profesionales de la prevención y el tratamiento de adicciones comportamentales, resulta imprescindible comprender cómo las plataformas digitales y la inteligencia artificial están transformando la manera en que la juventud se relaciona con la tecnología, aunque para ellas y ellos siga teniendo la misma utilidad. Estos cambios incrementan la vulnerabilidad de quienes buscan huir de la soledad, del aburrimiento o de la dificultad en la gestión emocional, convirtiéndoles en usuarias y usuarios especialmente susceptibles a la dependencia digital y los cuales podremos echarles una mano si hablamos su idioma digital.