Nuestras Voces Proyecto Hombre Catalunya

Autor: Asociación Proyecto Hombre      16/09/2025     

Cuando la demanda llega a través de la familia de un menor, la intervención se centra en revisar normas de uso, establecer límites, promover alternativas de ocio saludable y reforzar la comunicación familiar, sin necesidad de trabajar directamente con el adolescente. En cambio, cuando se trata de jóvenes cuya vida personal, social o educativa ya está afectada, se trabaja en grupos terapéuticos, implicando también a las familias, con el objetivo de reducir riesgos y favorecer un uso responsable de pantallas y juego.

El uso problemático de pantallas puede ser la antesala de las apuestas. Videojuegos, compras dentro de plataformas y “cajas botín” activan los mismos circuitos cerebrales que el juego con dinero. Factores como la falta de regulación emocional, la tolerancia social y la accesibilidad aumentan el riesgo. 

El juego se vuelve problemático cuando impacta en la vida diaria: mentiras, deudas, absentismo escolar, pérdida de relaciones y fracaso en los intentos de control. Muchos jóvenes mantienen la conducta bajo un pensamiento mágico (“recuperaré lo perdido”, “puedo controlarlo”), lo que dificulta la desconexión.  Frente a las adicciones, la respuesta debe ser colectiva: familias que acompañen y establezcan límites, escuelas con programas de prevención universales y un Estado que refuerce las políticas públicas, las campañas de sensibilización y el acceso a tratamiento.