Proyecto Hombre Alicante: Entrevista a Inma Andreu
Inma Andreu se jubilará a principios del próximo año 2026 y se unió a Proyecto Hombre Alicante en septiembre de 1993, incluso antes de que este se constituyera oficialmente. Fue una de las personas que inauguró la primera sede en Elche en octubre de 1994, y desde entonces ha estado presente en cada uno de los momentos clave de la organización. Ha formado parte de casi todos los programas desarrollados, comenzando su trayectoria como Coordinadora de Familias y Voluntariado. Más adelante, al trasladarse a la sede de Alicante, asumió el rol de Coordinadora del Centro de Día. Posteriormente, por decisión propia, optó por desempeñarse como terapeuta en la Comunidad Terapéutica, que en aquel entonces estaba ubicada en Villena. A lo largo de los años, ha liderado distintas responsabilidades, como la Coordinación del Programa de Prevención FARO, el Programa Nocturno Altair, el SOED y el Centro de Día.

¿Qué querías ser de mayor cuando eras niña?
Desde muy pequeña tenía claro que quería dedicarme a ayudar a la gente. Siempre decía: “Yo quiero ayudar a los demás”. Recuerdo que cuando tenía unos once o doce años y aprendía a coser, las mujeres mayores me preguntaban: “Inma, ¿qué quieres ser de mayor?”. Yo respondía: “No lo sé, pero quiero ayudar a la gente”. Ellas se reían y me decían: “Uy, cuánto tienes que aprender en esta vida para ayudar a los demás”. Eso era lo que deseaba, y ahora, de adulta, pienso: fíjate, al final, me he dedicado precisamente a eso.
Si pudieses saber una sola cosa del futuro, ¿qué preguntarías?
Vamos a ser capaces de solucionar el cambio climático para vivir en paz, sin guerras y sin ambiciones. Eso sería mi pregunta.
Si fueses capaz de cambiar algo en el mundo… ¿qué cambiarías?
Cambiaría las ambiciones humanas. Modificaría esa parte de las personas que las lleva a desear siempre más de lo que ya tienen. Muchas veces, con lo básico podemos vivir, y deberíamos ser capaces de compartir para que hubiera suficiente para todos. Sin embargo, esa ambición desmedida, ese querer más y más, incluso a costa de los más desfavorecidos, no forma parte de mis valores.
Lo he notado especialmente en momentos importantes de mi vida, como cuando me trasladé de casa o cuando mis padres fallecieron. La mitad de las cosas que mi madre guardaba terminaron siendo desechadas o donadas porque realmente no teníamos espacio para almacenarlas. Nos damos cuenta de que acumulamos sin sentido, y es una tendencia muy común. Cada año, al hacer la limpieza general de mi hogar, me encuentro diciendo: “¿Por qué guardé esto? ¿Para qué lo quiero?”. Y termino deshaciéndome de muchas cosas.
El desapego es algo que nos cuesta mucho a los seres humanos. Recuerdo a un amigo que falleció de sida. Él participó en un curso con un profesor que lo acompañó en varias sesiones, y me decía: “Cada vez me desapego más de las cosas”. Se estaba preparando para su muerte, y con ello también enfrentaba su miedo. Una vez me dijo: “Lo único que me queda por desapegarme es de esta carcasa que llevo”. Su forma de ver las cosas me marcó profundamente.
Si pudieras cenar con un personaje histórico, ¿con quién sería y qué le preguntarías?
Siempre me ha fascinado Alejandro Magno. Su figura me intriga profundamente, y me encantaría explorar su faceta más personal. Creo que fue un hombre atormentado, con muchas inquietudes internas, pero también poseía una enorme visión de futuro y una valentía admirable.
Si tuviera la oportunidad, le preguntaría: “¿Por qué sentías la necesidad de conquistar tanto? ¿De dónde nacía ese afán imparable? ¿Era una búsqueda de poder o realmente querías transformar el mundo?”. Estas preguntas reflejan algunas dudas que suelo tener.
Entiendo que siempre debe haber alguien en el poder, y que incluso quienes buscan hacerlo bien pueden equivocarse y cometer errores, porque es imposible ser perfecto. Pero, para mí, la clave está en comprender la motivación que hay detrás de las decisiones. Eso es lo que realmente me interesa.
¿Cómo sería un día perfecto para ti?
Un día perfecto para mí comenzaría con un sol radiante y una sensación de alegría y tranquilidad. Me gustaría despertar, mirar a mi marido a los ojos y sentir que me he vuelto a enamorar de él. Que mi hijo no tuviera ningún tipo de discusión con nosotros, y que pudiéramos conversar sin discusiones, aunque tengamos opiniones diferentes.
Ese día ideal lo dedicaríamos a hacer lo que más disfrutamos los tres: estar cerca del mar. Nos encanta compartir momentos juntos en ese entorno. Recuerdo alguna ocasión en las que hemos ido a pescar como familia. Aunque mi marido era el que sabía hacerlo, fue nuestro hijo quien tuvo la suerte de atrapar algo. Pasamos un día inolvidable disfrutando de la naturaleza y de nuestra compañía.
También hemos vivido momentos maravillosos navegando en pequeños veleros con amigos. Esos días, llenos de unión familiar y rodeados por el mar, son los que considero perfectos.
Tu libro favorito o aquel que recomendarías.
Mi libro favorito es Los Miserables de Víctor Hugo. Me encanta, es una obra extraordinaria. Al leerlo, descubrí que detrás de la figura de un delincuente había un hombre profundamente triste, alguien que, consciente o inconscientemente, buscaba redimirse de algo. Es un personaje con una enorme introspección, con un deseo sincero de hacer el bien para compensar todo el daño que había causado. Me impactó tanto que lo he leído dos veces, y también he visto alguna adaptación cinematográfica, pero sigo prefiriendo el libro.
Otro libro que me fascinó fue Cien años de soledad. Me encantó tanto que quiero releerlo algún día. Sin embargo, Los Miserables sigue siendo mi favorito.
¿Cómo era Inma cuando empezó? ¿Cómo es ahora? ¿Y de qué manera ha podido influir Proyecto Hombre en ese cambio?
Cuando llegué a Proyecto Hombre, venía con una gran motivación y muchas ganas de ayudar. Sin embargo, no había enfrentado problemas graves en mi vida, y creía que todo lo que hacía estaba bien. Soy maestra de profesión, estudié magisterio y trabajé durante mucho tiempo con niños y también con adultos. Pero, con el tiempo, me di cuenta de que era demasiado exigente, tanto conmigo misma como con los demás. Esa exigencia, al reflexionar, no era del todo pedagógica para alguien en mi profesión.
Al empezar en Proyecto Hombre, tuve la fortuna de trabajar con profesionales que me ayudaron a conocerme mejor. Recuerdo que me decían: “Inma, la perfección no existe, y tú te exiges a ti misma como si fuera posible alcanzarla”. Asimilar esta realidad no fue fácil para mí; aceptar que en ocasiones era rígida en mi forma de pensar y que otras personas me lo señalaran fue un aprendizaje complicado.
Reconozco que mi exigencia era mayor hacia mí misma y hacia mis colegas dentro de la organización, aunque siempre fui diferente en mi trato hacia las personas usuarias. Siempre las escuché con atención y tuve claro desde el principio que estaba allí por y para ellas. Algunas compañeras y compañeros me comentaban que preferían a la Inma que estaba con usuarias y usuarios, y esas palabras me hicieron reflexionar.
Hoy en día, soy mucho más amable a la hora de expresar mis ideas y he aprendido a escuchar más a los demás. Aunque ese rasgo exigente sigue siendo parte de mi personalidad, ahora lo controlo con facilidad, siendo consciente de ello cuando emerge. Creo que he evolucionado mucho; me siento más tranquila y tengo una mayor capacidad de aceptar que las demás personas pueden tener perspectivas y puntos de vista diferentes a los míos.
Proyecto Hombre ha sido fundamental en este proceso de cambio. Me ha proporcionado los medios necesarios, me ha apoyado y escuchado en todo momento, incluso en momentos difíciles a nivel familiar.
Estoy segura de que he puesto mi corazón en todo lo que he hecho y de que me he esforzado al máximo en mi trabajo. Pero también tengo la certeza de que Proyecto Hombre ha hecho lo mismo por mí.