Proyecto Hombre Valencia: Esther:  La importancia de escuchar

Autor: Asociación Proyecto Hombre      16/04/2025     

Retomamos las conversaciones con voluntarios de Proyecto Hombre Valencia (PH), en este caso con Esther, voluntaria desde 1998 y dedicada a los grupos de Autoayuda para familiares de personas con dependencia, sean éstas usuarias o no de nuestros programas. Esther colabora en el Centro de Día (CD) de Valencia, donde, bajo la supervisión de un terapeuta, se trabaja en equipos formados por dos o tres voluntarios.

Persona de conversación animada y facilidad para escuchar (se le nota su larga experiencia en dinámicas de grupo), el diálogo con ella se desliza con naturalidad y fluidez, siempre apoyado en una sonrisa franca y unos ojos brillantes, que denotan emoción contenida y compenetración con sus tareas. Desde su actitud reposada y segura de sí misma, expresa pronto una declaración de intenciones, prácticamente al inicio de nuestra charla: “Quiero ser feliz y pasarlo bien, pero hay algo más en la vida”, “hay que sentirse deudor, pero desde la tranquilidad”. Toda una manera de entender el voluntariado desde el equilibrio personal y el compromiso social. Para ayudar mejor a los demás, hay que sentirse bien consigo mismo.

Esther detalla su interacción con los participantes en el programa de Autoayuda, siempre en grupos, con procesos que, en ocasiones, se prolongan durante años y que llevan en muchos casos a una profunda complicidad entre participantes y voluntarios a cargo de los grupos. Y habla de la importancia de escuchar, evitando dar consejos. De la búsqueda de un entorno de paz emocional, tan necesario para las personas que viven la cotidianeidad de la dependencia. De cómo estos familiares, que están sufriendo tanto, deben aprender a salir de sí mismos, de su vorágine de pena y dolor, para mirar a los ojos al otro (hijo, hermano, cónyuge…) que está en el consumo. De que el trabajo en grupo ayuda a sus participantes, incluidos los propios voluntarios, a verbalizar y compartir sentimientos y vivencias que solos no podrían sacar a la luz, encerrados como estaban al inicio en sus coyunturas angustiosas.

Su experiencia permite a Esther compartir observaciones sobre aspectos sociales de la dependencia: el silencio del entorno, de los que ven y no dicen nada, aunque la situación sea conocida por muchos de los que callan; o el corte de relaciones por parte de los familiares más próximos, por miedo al rechazo o a la “publicidad”, sintiendo la situación como una vergüenza o una desgracia.

Sobre las percepciones respecto a su voluntariado, Esther se expresa en clara sintonía con lo escuchado en conversaciones anteriores con otros miembros de nuestro Proyecto: Recibe más de lo que cree aportar; su labor la siente como un abrazo que le dan; evitando pretender cambiar a los demás, es ella quien percibe cambios personales. Un generalizado sentir entre los voluntarios de un balance espiritual muy positivo cuando se compara lo obtenido con lo entregado. Del desarrollo de la labor de autoayuda, y de “la casa” en general, Esther destaca que los trabajadores del Proyecto son muy profesionales, pero, también, muy vocacionales, lo que marca una diferencia enormemente positiva. Al mismo tiempo, echa en falta más recursos para ofrecer una mejor atención a usuarios y familiares.

La conversación con Esther nos recuerda que en PH hay una compleja estructura en torno a la figura principal de los programas: los usuarios. Que una atención más completa a ellos nos lleva a ofrecer ayuda y apoyo a las personas que conforman sus entornos más inmediatos, favoreciendo así las terapias y reduciendo los riesgos de recaída. Pero, también, considerando a estos familiares como auténticos protagonistas de nuestra labor. Y que, junto al indiscutible liderazgo de los profesionales, en un contexto tan especializado y que exige amplios conocimientos técnicos, hay espacio para la participación entusiasta y comprometida de los voluntarios, esa otra “pata” de nuestro Proyecto.