Aitor Echeverría, director de cine: “creo que el audiovisual debería desglamourizar el consumo de drogas”
Después del estreno de la serie “Galgos”, y películas como “La Voluntaria”, Aitor Echeverría vuelve al cine con “Desmontando un Elefante”, un film que narra la vida de Marga (Emma Suárez), una arquitecta de éxito que regresa a casa tras haber estado ingresada en un centro de rehabilitación por un problema de adicción al alcohol con el que su familia convivió en silencio durante años.
El director, junto a la actriz Emma Suárez, visitaron el Centro de Proyecto Hombre Guadalajara para conocer en primera persona el tratamiento que ofrece Proyecto Hombre para superar la adicción. Allí, proyectaron la película, en primicia, para las personas en tratamiento y los profesionales del Centro, y realizaron un coloquio para reflexionar y poner en común los procesos, emociones y vivencias que se desprenden de la recuperación de una adicción, después de el encuentro, tuvimos la oportunidad de conversar con él.
La película se estrena en cines el próximo 10 de enero.

P: ¿Cómo nació la idea de narrar en una película la adicción al alcohol de una mujer y las relaciones familiares que se establecen entre ella, su familia y la adicción?
R: Un familiar cercano tiene un problema de adicción. Hace años que no consume porque siguió un tratamiento de rehabilitación y, desde entonces, su vida y la nuestra cambió completamente. Es una vivencia que me marcó y que he tenido la oportunidad de elaborar a través de mi trabajo como cineasta. Primero con el cortometraje ’Morir cada día’ (2009) donde se narraba una cena familiar mientras la madre estaba en activo y ahora con la película “Desmontando un elefante” (2024) donde se explica cómo es la convivencia del adicto con sus familiares cuando regresa a casa tras un ingreso. Una situación deseada por todos pero que les fuerza a alejar el foco del trastorno de la madre y replantearse su propia vida sin la excusa de la situación de la madre.
P: ¿Cómo os documentasteis para hablar del tema de las adicciones?
R: Para construir el personaje de la hija, utilicé mi propia experiencia y todo lo que aprendí en las terapias grupales de familiares en diferentes instituciones. Para retratar el mundo de la madre, que no me era propio, entrevisté a varios especialistas y conté con la colaboración de la Dr. María Álvarez que me permitió asistir a un grupo de personas en recuperación por su adicción durante dos años. Fue muy importante para conocer de primera mano la adicción y todo el trabajo que supone para estas personas recuperarse.

P: Contar la adicción al alcohol desde una mujer, por qué…
R: Opté por un personaje protagonista femenino porque el alcoholismo en las mujeres se ha tratado menos en el cine que el de los hombres. Su manera de consumir suele ser más silenciosa, menos evidente y provoca que la enfermedad se desarrolle de manera soterrada. Como el elefante al que hace referencia el título, ese problema que está en mitad del salón. Al principio es pequeño, pero va creciendo conforme avanza la adicción sin que nadie quiera o pueda verlo.
P: La familia es parte del tratamiento de las adicciones, sin ellas no funciona, y con ellas… ¿qué has querido visibilizar?
R: Hay una frase que escuché varias veces en terapias de familiares: «un adicto debe recuperarse CON, SIN y A PESAR de su familia». Estoy muy de acuerdo y en la película he querido mostrar esas tres posturas. Con la hija menor que convive con la madre adicta. Sin la hija mayor que vive en otro país y va a ser madre. Y a pesar del marido que no entiende el tratamiento y antepone su propia visión.
La historia también se centra en lo difícil que es para los familiares acompañar a su ser querido durante la rehabilitación. A medida que avanza la película, vemos como Blanca (hija menor) se enfrenta a las dificultades con la misma predisposición de siempre, pero una y otra vez choca con una realidad que ha cambiado. Poco a poco va germinando en ella la idea que para poder hacer su vida debe tomar distancia emocional de su madre.
Me gusta explicarlo con la imagen de alguien atrapado en arenas movedizas. Estar cerca quizá no sea la mejor manera de ayudar. Alejarse y tirar una cuerda pisando tierra firme, puede ser más útil. Eso no quiere decir que tenga que ser siempre así, pero en ciertas ocasiones debemos mantener cierta distancia para cuidarnos los unos a los otros.

P: La normalización y banalización del consumo de alcohol es una realidad, ¿cuál es el mensaje que quiere dejar la película?
R: La presencia de esta droga en nuestra sociedad está totalmente normalizada y la relacionamos con momentos excepcionales como las celebraciones, pero también cotidianos como la cervecita con los amigos después del trabajo.
La película muestra una cena familiar donde varios personajes no saben que la protagonista está en tratamiento e insisten una y otra vez en beber alcohol. He incluso brindan a regañadientes con agua pensando que les va a dar mala suerte. Un dicho que no tiene ningún sentido, pero refleja hasta qué punto el alcohol está en instaurado en nuestras vidas.
P: Después de visitar un centro de Proyecto Hombre y conocer su tratamiento, ¿qué te llevas?
R: Ha sido muy emocionante enseñar la película y hablar con los usuarios del centro (Guadalajara). Me daba mucho respeto porque tratamos un tema que desgraciadamente conocen muy bien, pero en el coloquio me han trasmitido que se explica muy bien la adicción y que se ven bien representados. Ese es el mayor elogio para mí.
En la visita a las instalaciones, he podido hablar con terapeutas y más usuarios sobre su día a día. Me ha llamado la atención la sensación de comunidad que transmitían, de estar juntos en un camino.

P: Desde tu opinión qué valores o qué responsabilidad tenemos como sociedad ante esta realidad
R: Creo que debemos explicar mejor que significa que una persona tenga una adicción. Eso ayudaría a que las personas que la sufren sientan menos culpabilidad y puedan afrontar su recuperación sin ese lastre. Y a nivel social, se reduciría el estigma que, en ocasiones, provoca una falta de empatía hacia ellas.
También comunicar de una manera más clara y efectiva que comporta la rehabilitación. Cada persona con un problema de adicción tiene una droga estrella pero que será substituida fácilmente por otra sin no realiza un tratamiento profesional para dejar de consumirla. Incluso actividades como las compras compulsivas o vigorexia pueden suponer un substituto (muchas veces temporal). Asociar la recuperación a dejar de consumir es uno de los mayores errores que cometemos como sociedad y que dificulta mucho todo el proceso. Para las propias personas con esta problemática, pero sobre todo para los familiares.
Y a nivel de prevención, creo que es un trabajo que debe hacerse de manera coordinada desde todas las instituciones y organizaciones implicadas. Tener claro que no todo el mundo que consume una substancia es adicto pero que todos los adictos han llegado a serlo por el abuso de alguna de ellas. Y, por la parte que me toca, creo que el audiovisual debería desglamourizar el consumo de drogas. Mostramos en demasiadas ocasiones situaciones de consumo positivas que no reflejan la realidad.
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