Alertas y comprometidos
Autoría: Miguel Ángel López, presidente de la Asociación de Periodistas de Segovia y vocal de la junta directiva de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España
En una sociedad como la española, y creo que es válida la generalización aun con la pluralidad que convivimos en este diverso y amplio territorio de distintas comunidades y sensibilidades, pervive una acusada tolerancia con el consumo de drogas, sobre todo con las ‘legales’ y las de uso social. Seguimos celebrando con alcohol de menor o mayor graduación casi todos nuestros acontecimientos familiares, personales, profesionales o de empresa, y en un porcentaje muy alto de la población no está mal visto del todo que los menores consuman bebidas alcohólicas. Incluso se mantiene la arraigada costumbre de asociar ese consumo con otros, como ocurre en las bodas en las que, en muchos casos, se ofrece al final en la mesa y junto a la copa de cava o licor un espléndido cigarro habano.
Esto ocurre con estas drogas ‘legales’, aunque mención aparte merecen otras también reguladas, los medicamentos y la tendencia a automedicarse con analgésicos o antiinflamatorios. Pero quizá tengamos que preocuparnos más de lo que lo hacemos con las sustancias ilegales, con una oferta en las calles cada vez más amplia y con una menor preocupación social a pesar de que España sigue siendo uno de los países con mayor incidencia en el consumo de estupefacientes: En los últimos treinta años, de acuerdo con los estudios realizados por asociaciones y colectivos como Proyecto Hombre o Cuz Roja, el consumo de drogas ha pasado de ser la segunda cuestión que más preocupaba a los españoles a tener un lugar casi residual en lo que preocupa a los ciudadanos.
Al tiempo, aumenta la proporción de quienes abusan de medicamentos sedantes sin receta, la de quienes consumen alcohol de forma excesiva y la de quienes toman drogas ilícitas, con un comportamiento respecto de estas sustancias cuando menos problemático o cerca de la adicción.
Los periodistas y los medios de comunicación tenemos que mantener la alerta ante esta situación, del mismo modo que ya hacen con las adicciones más recientes, asociadas al uso abusivo de las tecnologías de la información y de las redes sociales, más si cabe cuando estas últimas son un motivo especial de vigilancia porque desde determinados sectores son utilizadas para lanzar noticias falsas y desinformar a la población que no es proclive a contrastar la información que recibe o que busca.
Por eso, en el ámbito concreto de las adicciones y drogodependencias, los profesionales de la información han de ser, y son en la mayoría de los casos, cercanos y respetuosos con las personas afectadas, un vehículo para trasladar al resto de la sociedad sus opiniones y vivencias como complemento de las informaciones que aportan los expertos. En este sentido, uno de los objetivos de la información que realizan los periodistas y los medios ha de ser el de sensibilizar a la población sobre esta problemática, dejando a un lado el sensacionalismo o la búsqueda de una suma de ‘clicks’, tratando siempre de ser rigurosos y honestos, como en la elaboración de cualquier noticia.
Así, es necesario que las informaciones que trasladan los periodistas y los medios sean rigurosas y cercanas, para destacar con un lenguaje asequible los avances de la ciencia, para trasladar las opiniones de científicos cualificados, para desmitificar conceptos que pueden aparentar un atractivo engañoso, sobre todo ante colectivos vulnerables, como los jóvenes y adolescentes y, siempre en primer lugar, ante las personas que padecen cualquier proceso adictivo o dependiente.
La Federación de Asociaciones de Periodistas de España, que representa a más de 17.000 profesionales, está totalmente involucrada en que esta sea la forma de trabajar de quienes están en los medios de comunicación y de quienes colaboran con estos en la elaboración de informaciones, reportajes o entrevistas. El pasado mes de enero, en el ámbito de las jornadas del ciclo de debates organizado por la FAPE en colaboración con la Fundación laCaixa, se abordaron muchas de estas cuestiones.
En la última mesa redonda, en la que participaron el delegado del Gobierno para el Plan Nacional sobre Drogas, Joan Ramón Villalbí, la presidenta de la Asociación Nacional de Informadores de la Salud (ANIS), Graziella Almendral, las periodistas María Fente, Beatriz Pestaña y Ángeles Blanco, y la directora de Comunicación de la Asociación Nacional Proyecto Hombre, Paola Lami, todos los participantes incidieron en la necesidad de ampliar las informaciones sobre drogodependencias en los medios de comunicación, en cantidad y, por supuesto, también en calidad, pues es lo que debemos a los destinatarios, los ciudadanos, como titulares del derecho a la información. A este respecto, Paola Lami declaró que es necesario “ser exigente con la información como consumidores, pero también como productores”.
Los periodistas tratamos de ser rigurosos, de expresar estas informaciones con claridad y cercanía, con opiniones cualificadas, sin sesgos, para denunciar también las desinformaciones los bulos y las noticias desinteresadas; es decir, asumimos esta responsabilidad porque el otro objetivo es ser útiles cuando informemos sobre dependencias y adicciones como un instrumento más para la prevención de la salud, en definitiva, para el bienestar de la sociedad y de los ciudadanos.
La FAPE lo tiene presente, y creo que la inmensa mayoría de los profesionales de la información también.