Conducta suicida y consumo de sustancias en adolescentes: una revisión sistemática  - Proyecto Hombre

Conducta suicida y consumo de sustancias en adolescentes: una revisión sistemática 

Autor: Asociación Proyecto Hombre 26/12/2024     

Autoría: Erica González Martín. Terapeuta en el recurso para menores jóvenes y familias de Proyecto Hombre Asturias.

La adolescencia es un periodo vital de transición entre la infancia y la edad adulta, durante el cual ocurren grandes cambios a nivel biológico, psicológico, cognitivo y social, que implica la consecución de nuevas tareas vitales. Por ello, no es extraño que puedan surgir dificultades en la adquisición de las mismas, manifestándose a través de conductas problemáticas o de riesgo, entre ellas el consumo de sustancias, las autolesiones o la conducta suicida.

Si desde el inicio nos contaran que en la infancia se define la salud mental de un adulto, entonces trataríamos con más amor el alma de los niños. (Anónimo)

En los últimos años, se está observando un deterioro significativo de la salud mental en la población adolescente, especialmente, desde el comienzo de la pandemia por SARS-CoV2, tras la que se observa un aumento de la conducta suicida en este grupo de la población (López et al., 2023). Según los últimos datos del Observatorio de Suicidio en España (2023), en el año 2022 se suicidaron en España 75 adolescentes entre 15 y 19 años, frente a los 53 del año anterior. Entre el grupo de edad de 15 a 29 años, el número de suicidios ascendió a 341 jóvenes (224 hombres y 117 mujeres), situándose como la primera causa de muerte externa para la juventud española de esta franja de edad, por delante de tumores y accidentes de tráfico. Cabe destacar que, en 2020 aún era la segunda causa de muerte externa.


La conducta suicida y las autolesiones son fenómenos multifactoriales y complejos, asociados a un fuerte estigma y tabú. El comportamiento suicida abarca una amplia gama de experiencias que incluye ideas suicidas, el deseo de morir, la elaboración de planes, intentos y, finalmente, el suicidio, mientras que las autolesiones, aunque no tienen una finalidad mortal, pueden ser la antesala del suicidio y, en ocasiones tener resultados fatales. Las personas que realizan autolesiones, refieren una sensación de tensión o ansiedad previa a la autolesión, y una reducción de la ansiedad tras la misma. La Teoría Interpersonal del suicidio de Van Orden et al. (2010) indica que la intención suicida surge de dos aspectos interpersonales que ocurren al mismo tiempo: la falta de conexión (sentirse solo, carecer de relaciones sociales y no tener vínculos de apoyo mutuo) y la percepción de ser una carga para los demás. Además, señala que la capacidad de las personas para suicidarse es independiente del deseo de hacerlo y se desarrolla a través de la habituación a experiencias dolorosas, como las autolesiones, lo que conlleva una mayor tolerancia al dolor físico y un menor miedo a la muerte. Por ello, las autolesiones están relacionadas con un mayor riesgo de comportamiento suicida en la medida en que se incrementa la frecuencia y gravedad de las mismas a lo largo del tiempo (López et al., 2023).


Un factor de riesgo conocido para la conducta suicida y las autolesiones en adolescentes, es el consumo de drogas (Gómez-García et al., 2023; Lannoy et al., 2022; Pompili et al., 2012), aunque no hay consenso sobre si actúa como factor de riesgo proximal o distal, o sobre la influencia que las diferentes drogas tienen sobre la conducta suicida. Hay estudios que avalan la hipótesis de que el consumo de sustancias, en especial el alcohol, actúa como un factor de riesgo proximal, ya que aumenta la angustia psicológica, agresividad, impulsividad y disforia, eliminando barreras hacia la conducta suicida (Rivera-Rivera et al., 2020). Sin embargo, también puede funcionar como un factor de riesgo distal, ya que su uso puede estar asociado a un aumento del estrés y psicopatología comórbida, lo que incrementa la posibilidad de la conducta suicida (Campo-Arias et al., 2020).


La relación entre ambas conductas parece bien establecida en población adulta, en este sentido son varios los estudios que concluyen una asociación entre consumo de tabaco, alcohol, cannabis, cocaína y nuevas sustancias psicotrópicas con la conducta suicida (Abdalla et al., 2019; Breet et al., 2018; Chai et al., 2022; Gómez-García et al., 2023; Lasota et al., 2021). Otras investigaciones señalan que no todas las sustancias ejercen la misma influencia, Morentin et al. (2023) en un estudio forense, encontraron que el consumo de alcohol y cocaína eran los principales factores de riesgo asociados al suicidio, pero no así el cannabis. En cuanto al género, los estudios (Gómez-García et al., 2023; Halladay et al., 2019; Miranda-Mendizabal et al., 2019; Vilugrón-Aravena et al., 2022a) sugieren una mayor susceptibilidad hacia la conducta suicida (intento e ideación suicida) en las mujeres que, en los hombres, a pesar de que el suicidio consumado es más prevalente en los hombres. Este fenómeno se denomina “la paradoja del género en el suicidio”. Sin embargo, otro reciente estudio (Kelly et al., 2021) realizado en una muestra de personas adultas y jóvenes, sugiere un cambio en esta tendencia, al no observar diferencias significativas entre hombres y mujeres en los intentos de suicidio relacionados con el consumo de cannabis. En la misma línea, en el estudio forense de Morentin et al. (2023) no se encontró una relación entre la variable género y el riesgo de suicido tras ajustar los factores de confusión.


Como señala Edwards et al. (2022) la precocidad en el consumo de alcohol se relaciona con un aumento en el riesgo de conducta suicida. En la misma línea, Borges et al. (2017) establecen una asociación limitada entre conducta suicida y consumo de alcohol, por la que, sólo quienes lo consumieron antes de los 15 años mostraron mayor riesgo de suicidio. Sin embargo, si establece una relación positiva entre el inicio en el consumo de cannabis a una edad temprana con la conducta suicida.


La conducta suicida y las autolesiones son fenómenos en los que se puede observar un incremento anual en sus tasas, siendo además éstas conductas más frecuentes en la adolescencia que en otros tramos de edad, al igual que sucede con la experimentación y consumo de sustancias. Por ello, parece necesario actualizar y profundizar el conocimiento de la relación existente entre conducta suicida, autolesiones y consumo de drogas en los y las adolescentes.
El objetivo general de este trabajo es revisar de manera sistemática la literatura científica que investigue dicha relación en población adolescente. Las preguntas a las que se pretende responder son: (1) ¿Existe relación entre conducta suicida, autolesiones y consumo de drogas en población adolescente?; (2) En caso de existir dicha relación, ¿qué sustancias tienen mayor influencia en la conducta suicida y autolesiones en los y las adolescentes?
Además, como objetivos secundarios se plantea explorar si la precocidad en el inicio del consumo guarda alguna asociación con la conducta suicida y las autolesiones en la adolescencia, y si el género ejerce algún tipo de influencia en dicha relación.

En los últimos años, se está observando un deterioro significativo de la salud mental en la población adolescente, especialmente, desde el comienzo de la pandemia por SARS-CoV2, tras la que se observa un aumento de la conducta suicida en este grupo de la población (López et al., 2023). Según los últimos datos del Observatorio de Suicidio en España (2023), en el año 2022 se suicidaron en España 75 adolescentes entre 15 y 19 años, frente a los 53 del año anterior. Entre el grupo de edad de 15 a 29 años, el número de suicidios ascendió a 341 jóvenes (224 hombres y 117 mujeres), situándose como la primera causa de muerte externa para la juventud española de esta franja de edad, por delante de tumores y accidentes de tráfico. Cabe destacar que, en 2020 aún era la segunda causa de muerte externa.

La conducta suicida y las autolesiones son fenómenos multifactoriales y complejos, asociados a un fuerte estigma y tabú. El comportamiento suicida abarca una amplia gama de experiencias que incluye ideas suicidas, el deseo de morir, la elaboración de planes, intentos y, finalmente, el suicidio, mientras que las autolesiones, aunque no tienen una finalidad mortal, pueden ser la antesala del suicidio y, en ocasiones tener resultados fatales. Las personas que realizan autolesiones, refieren una sensación de tensión o ansiedad previa a la autolesión, y una reducción de la ansiedad tras la misma. La Teoría Interpersonal del suicidio de Van Orden et al. (2010) indica que la intención suicida surge de dos aspectos interpersonales que ocurren al mismo tiempo: la falta de conexión (sentirse solo, carecer de relaciones sociales y no tener vínculos de apoyo mutuo) y la percepción de ser una carga para los demás. Además, señala que la capacidad de las personas para suicidarse es independiente del deseo de hacerlo y se desarrolla a través de la habituación a experiencias dolorosas, como las autolesiones, lo que conlleva una mayor tolerancia al dolor físico y un menor miedo a la muerte. Por ello, las autolesiones están relacionadas con un mayor riesgo de comportamiento suicida en la medida en que se incrementa la frecuencia y gravedad de las mismas a lo largo del tiempo (López et al., 2023).

Un factor de riesgo conocido para la conducta suicida y las autolesiones en adolescentes, es el consumo de drogas (Gómez-García et al., 2023; Lannoy et al., 2022; Pompili et al., 2012), aunque no hay consenso sobre si actúa como factor de riesgo proximal o distal, o sobre la influencia que las diferentes drogas tienen sobre la conducta suicida. Hay estudios que avalan la hipótesis de que el consumo de sustancias, en especial el alcohol, actúa como un factor de riesgo proximal, ya que aumenta la angustia psicológica, agresividad, impulsividad y disforia, eliminando barreras hacia la conducta suicida (Rivera-Rivera et al., 2020). Sin embargo, también puede funcionar como un factor de riesgo distal, ya que su uso puede estar asociado a un aumento del estrés y psicopatología comórbida, lo que incrementa la posibilidad de la conducta suicida (Campo-Arias et al., 2020).

La relación entre ambas conductas parece bien establecida en población adulta, en este sentido son varios los estudios que concluyen una asociación entre consumo de tabaco, alcohol, cannabis, cocaína y nuevas sustancias psicotrópicas con la conducta suicida (Abdalla et al., 2019; Breet et al., 2018; Chai et al., 2022; Gómez-García et al., 2023; Lasota et al., 2021). Otras investigaciones señalan que no todas las sustancias ejercen la misma influencia, Morentin et al. (2023) en un estudio forense, encontraron que el consumo de alcohol y cocaína eran los principales factores de riesgo asociados al suicidio, pero no así el cannabis. En cuanto al género, los estudios (Gómez-García et al., 2023; Halladay et al., 2019; Miranda-Mendizabal et al., 2019; Vilugrón-Aravena et al., 2022a) sugieren una mayor susceptibilidad hacia la conducta suicida (intento e ideación suicida) en las mujeres que, en los hombres, a pesar de que el suicidio consumado es más prevalente en los hombres. Este fenómeno se denomina “la paradoja del género en el suicidio”. Sin embargo, otro reciente estudio (Kelly et al., 2021) realizado en una muestra de personas adultas y jóvenes, sugiere un cambio en esta tendencia, al no observar diferencias significativas entre hombres y mujeres en los intentos de suicidio relacionados con el consumo de cannabis. En la misma línea, en el estudio forense de Morentin et al. (2023) no se encontró una relación entre la variable género y el riesgo de suicido tras ajustar los factores de confusión.

Como señala Edwards et al. (2022) la precocidad en el consumo de alcohol se relaciona con un aumento en el riesgo de conducta suicida. En la misma línea, Borges et al. (2017) establecen una asociación limitada entre conducta suicida y consumo de alcohol, por la que, sólo quienes lo consumieron antes de los 15 años mostraron mayor riesgo de suicidio. Sin embargo, si establece una relación positiva entre el inicio en el consumo de cannabis a una edad temprana con la conducta suicida.

La conducta suicida y las autolesiones son fenómenos en los que se puede observar un incremento anual en sus tasas, siendo además éstas conductas más frecuentes en la adolescencia que en otros tramos de edad, al igual que sucede con la experimentación y consumo de sustancias. Por ello, parece necesario actualizar y profundizar el conocimiento de la relación existente entre conducta suicida, autolesiones y consumo de drogas en los y las adolescentes.
El objetivo general de este trabajo es revisar de manera sistemática la literatura científica que investigue dicha relación en población adolescente. Las preguntas a las que se pretende responder son: (1) ¿Existe relación entre conducta suicida, autolesiones y consumo de drogas en población adolescente?; (2) En caso de existir dicha relación, ¿qué sustancias tienen mayor influencia en la conducta suicida y autolesiones en los y las adolescentes?
Además, como objetivos secundarios se plantea explorar si la precocidad en el inicio del consumo guarda alguna asociación con la conducta suicida y las autolesiones en la adolescencia, y si el género ejerce algún tipo de influencia en dicha relación.

La adolescencia es un periodo vital de transición entre la infancia y la edad adulta, durante el cual ocurren grandes cambios a nivel biológico, psicológico, cognitivo y social, que implica la consecución de nuevas tareas vitales. Por ello, no es extraño que puedan surgir dificultades en la adquisición de las mismas, manifestándose a través de conductas problemáticas o de riesgo, entre ellas el consumo de sustancias, las autolesiones o la conducta suicida.

La conducta suicida y las autolesiones son fenómenos multifactoriales y complejos, asociados a un fuerte estigma y tabú. El comportamiento suicida abarca una amplia gama de experiencias que incluye ideas suicidas, el deseo de morir, la elaboración de planes, intentos y, finalmente, el suicidio, mientras que las autolesiones, aunque no tienen una finalidad mortal, pueden ser la antesala del suicidio y, en ocasiones tener resultados fatales. Las personas que realizan autolesiones, refieren una sensación de tensión o ansiedad previa a la autolesión, y una reducción de la ansiedad tras la misma. La Teoría Interpersonal del suicidio de Van Orden et al. (2010) indica que la intención suicida surge de dos aspectos interpersonales que ocurren al mismo tiempo: la falta de conexión (sentirse solo, carecer de relaciones sociales y no tener vínculos de apoyo mutuo) y la percepción de ser una carga para los demás. Además, señala que la capacidad de las personas para suicidarse es independiente del deseo de hacerlo y se desarrolla a través de la habituación a experiencias dolorosas, como las autolesiones, lo que conlleva una mayor tolerancia al dolor físico y un menor miedo a la muerte. Por ello, las autolesiones están relacionadas con un mayor riesgo de comportamiento suicida en la medida en que se incrementa la frecuencia y gravedad de las mismas a lo largo del tiempo (López et al., 2023).

Un factor de riesgo conocido para la conducta suicida y las autolesiones en adolescentes, es el consumo de drogas (Gómez-García et al., 2023; Lannoy et al., 2022; Pompili et al., 2012), aunque no hay consenso sobre si actúa como factor de riesgo proximal o distal, o sobre la influencia que las diferentes drogas tienen sobre la conducta suicida. Hay estudios que avalan la hipótesis de que el consumo de sustancias, en especial el alcohol, actúa como un factor de riesgo proximal, ya que aumenta la angustia psicológica, agresividad, impulsividad y disforia, eliminando barreras hacia la conducta suicida (Rivera-Rivera et al., 2020). Sin embargo, también puede funcionar como un factor de riesgo distal, ya que su uso puede estar asociado a un aumento del estrés y psicopatología comórbida, lo que incrementa la posibilidad de la conducta suicida (Campo-Arias et al., 2020).

La relación entre ambas conductas parece bien establecida en población adulta, en este sentido son varios los estudios que concluyen una asociación entre consumo de tabaco, alcohol, cannabis, cocaína y nuevas sustancias psicotrópicas con la conducta suicida (Abdalla et al., 2019; Breet et al., 2018; Chai et al., 2022; Gómez-García et al., 2023; Lasota et al., 2021). Otras investigaciones señalan que no todas las sustancias ejercen la misma influencia, Morentin et al. (2023) en un estudio forense, encontraron que el consumo de alcohol y cocaína eran los principales factores de riesgo asociados al suicidio, pero no así el cannabis. En cuanto al género, los estudios (Gómez-García et al., 2023; Halladay et al., 2019; Miranda-Mendizabal et al., 2019; Vilugrón-Aravena et al., 2022a) sugieren una mayor susceptibilidad hacia la conducta suicida (intento e ideación suicida) en las mujeres que, en los hombres, a pesar de que el suicidio consumado es más prevalente en los hombres. Este fenómeno se denomina “la paradoja del género en el suicidio”. Sin embargo, otro reciente estudio (Kelly et al., 2021) realizado en una muestra de personas adultas y jóvenes, sugiere un cambio en esta tendencia, al no observar diferencias significativas entre hombres y mujeres en los intentos de suicidio relacionados con el consumo de cannabis. En la misma línea, en el estudio forense de Morentin et al. (2023) no se encontró una relación entre la variable género y el riesgo de suicido tras ajustar los factores de confusión.

Como señala Edwards et al. (2022) la precocidad en el consumo de alcohol se relaciona con un aumento en el riesgo de conducta suicida. En la misma línea, Borges et al. (2017) establecen una asociación limitada entre conducta suicida y consumo de alcohol, por la que, sólo quienes lo consumieron antes de los 15 años mostraron mayor riesgo de suicidio. Sin embargo, si establece una relación positiva entre el inicio en el consumo de cannabis a una edad temprana con la conducta suicida.

La conducta suicida y las autolesiones son fenómenos en los que se puede observar un incremento anual en sus tasas, siendo además éstas conductas más frecuentes en la adolescencia que en otros tramos de edad, al igual que sucede con la experimentación y consumo de sustancias. Por ello, parece necesario actualizar y profundizar el conocimiento de la relación existente entre conducta suicida, autolesiones y consumo de drogas en los y las adolescentes.

El objetivo general de este trabajo es revisar de manera sistemática la literatura científica que investigue dicha relación en población adolescente. Las preguntas a las que se pretende responder son: (1) ¿Existe relación entre conducta suicida, autolesiones y consumo de drogas en población adolescente?; (2) En caso de existir dicha relación, ¿qué sustancias tienen mayor influencia en la conducta suicida y autolesiones en los y las adolescentes?

Además, como objetivos secundarios se plantea explorar si la precocidad en el inicio del consumo guarda alguna asociación con la conducta suicida y las autolesiones en la adolescencia, y si el género ejerce algún tipo de influencia en dicha relación.

La revisión se llevó a cabo siguiendo las directrices de la Declaración PRISMA 2020 (Preferred Reporting Items for Systematic Reviews and Meta-Analyses), (Page et al., 2021). La búsqueda de publicaciones se realizó el mes de Febrero de 2024 en las bases de datos Web Of Science, PsycInfo y Scopus. Se utilizaron las siguientes palabras clave unidas con los diferentes operadores booleanos: (drug abuse) AND ((suicid*) OR (self harm) OR (self injury)) AND ((adolesc*) OR (minor) OR (youth) OR (teen)).

Para identificar los estudios se realizó la búsqueda por Título/Resumen/Tema, y se aplicaron los filtros automáticos en función de los siguientes criterios de inclusión: (1) acceso abierto y gratuito, (2) artículos publicados entre 2019 y 2024 (3) artículos publicados en inglés y español y (4) población adolescente y joven.

La búsqueda original identificó 262 referencias. Una vez eliminados los artículos duplicados (n=28), se examinaron 234 artículos para su elegibilidad, analizando para ello título y resumen, seleccionando así 36 artículos y desechando el resto por no ser relevantes para el objetivo de este estudio. Posteriormente y tras la lectura del texto completo, se eliminaron otras 21 publicaciones tras aplicar los siguientes criterios de exclusión: a) Estudios en los que la muestra está conformada por personas adultas o adolescentes con diagnóstico de algún trastorno mental y b) Publicaciones que no analizan la asociación entre el consumo de drogas y la conducta suicida. Finalmente, se incluyeron 15 estudios en esta revisión sistemática. Para la organización y gestión de los artículos, se ha utilizado el programa Zotero, versión 6.0.36.

Descripción de los estudios
La muestra de todos los estudios está conformada por adolescentes y jóvenes con edades comprendidas entre 13 y 24 años. El tamaño muestral osciló entre 106 y 57.303 participantes. De los 15 estudios, 13 tuvieron en consideración la variable sexo, uno de ellos incluyó además la orientación sexual, y otros 2 estudios tuvieron en cuenta la variable género en lugar de sexo. En cuanto al método de reclutamiento de las personas participantes, en su mayoría fue a través de los centros educativos, a excepción de 3 estudios en los que la muestra procedía de un tribunal de menores, de una sesión obligatoria de información cívica y militar, y de un programa de intervención terapéutica. Además, 8 de los 15 estudios analizaron la asociación existente entre conducta suicida y policonsumo de sustancias, mientras que otros se focalizaron en sustancias concretas (opioides, psicoestimulantes, cigarrillos, alcohol y tabaco).
Respecto al contexto en el que se llevaron a cabo las investigaciones, cabe destacar que 7 de los 15 estudios se realizaron en América (3 en América del Norte y 4 en América del Sur), otros 6 se llevaron a cabo en Asia, y sólo 1 en Oceanía y otro en Europa.

Diseño e instrumentos de evaluación
Todos los estudios incluidos en esta revisión son artículos científicos empíricos. En cuanto al diseño de los mismos, cabe destacar que todas las investigaciones utilizan una metodología cuantitativa de tipo transversal, a excepción de un único estudio longitudinal.
Los instrumentos de evaluación empleados son encuestas, cuestionarios, escalas e inventarios autoinformados.
Análisis de la relación entre la conducta suicida y/o autolesiones y el consumo de sustancias
Todas las investigaciones concluyeron que si existe relación entre conducta suicida y consumo de sustancias en población adolescente, señalando que el consumo de drogas es un factor de riesgo para la conducta suicida en adolescentes y jóvenes. Sin embargo, no se puede establecer dicha relación entre autolesiones y consumo de sustancias, ya que únicamente 2 investigaciones abordan el tema, pero no aportan información sobre la relación entre ambas.
En cuanto a la relación entre sustancias específicas y la conducta suicida, 2 investigaciones se centraron en estudiar la relación de dicha conducta con el consumo de opioides, y señalan la asociación significativa que existe entre ambas y el incremento en el riesgo de comportamiento suicida si el consumo de opioides se produce en el momento presente.
Respecto al tabaco, las investigaciones concluyeron que el tabaquismo se relaciona sistemáticamente con la conducta suicida en adolescentes y jóvenes, y establece una relación positiva con la cantidad de tabaco consumido y exposición al humo de tabaco en el ambiente, siendo esta asociación mayor que en el consumo de alcohol.

La relación del alcohol con la conducta suicida es significativa, pero la influencia que ejerce sobre la misma no está clara. Un estudio concluyó que el consumo de alcohol se asocia positivamente con la conducta suicida en población adolescente que no tenía conducta suicida previa, sin embargo, el alcohol no se asoció con los intentos de suicidio en quienes tuvieron ideación suicida previa.
El consumo de marihuana también tiene una relación significativa con la ideación suicida, aunque menor que los psicoestimulantes, el tabaco y el policonsumo. En este sentido, un estudio concluyó que los y las adolescentes que consumían marihuana, tenían menos probabilidades de realizar policonsumo.

Respecto a la relación entre el consumo de psicoestimulantes (anfetaminas, éxtasis y cocaína) y la conducta suicida, los estudios concluyeron que el consumo de anfetaminas y éxtasis se relacionaba con esta conducta en cualquier momento de la vida, mientras que la ideación suicida en el año anterior se relacionaba con el consumo de cocaína, con tasas más elevadas en el caso de las chicas adolescentes.

En cuanto al género, ocho de las investigaciones revisadas señalan que las chicas tienen tasas más altas de conducta suicida (ideación e intentos) que los chicos, sin embargo, ellas tienen menos probabilidad de morir por suicidio porque los medios que utilizan son menos letales que los de los chicos. En este sentido, aunque la tasa de mortalidad de chicas que consumen drogas es más alta que la de los chicos, dicha mortalidad no está asociada a la conducta suicida, sino a sobredosis accidental.

Finalmente, un único estudio evaluó el papel de la precocidad en el inicio del consumo y su relación con la conducta suicida, señalando que existe relación entre el inicio temprano en el consumo de tabaco, alcohol, otras drogas ilícitas y policonsumo con la conducta suicida. A pesar de ello, deben tenerse en cuenta otras variables como la susceptibilidad genética, trastorno de conducta e impulsividad, así como factores sociales y situaciones del entorno.

Los hallazgos de esta revisión sistemática respaldan la idea de que el consumo de drogas es un factor de riesgo importante para la conducta suicida en adolescentes y jóvenes, ya que el consumo de todas las sustancias se asocia a un incremento de la misma. Este factor de riesgo está influenciado por el género y la precocidad en el inicio del consumo de drogas.

Estos resultados pueden resultar relevantes para las políticas sobre drogas y de salud pública, en general, al poner de manifiesto la necesidad de abordar, tanto desde los programas de prevención del suicidio en población adolescente y joven, como desde los de prevención de drogodependencias, la intersección entre ambas conductas.



Revista Proyecto 116 [Diciembre 2024]

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