Dolor, lucha y esperanza
Autoría: Manuel Muiños Amoedo, presidente de la revista Proyecto
No me cabe la menor duda de que ante la temática que abordamos en este número de la revista Proyecto, ninguno de nosotros podemos quedar impasibles. Espero que tras la lectura y la reflexión de los distintos artículos nos sintamos conmovidos y removidos, pero sobre todo con el ánimo de movernos y actuar.
El dolor de quien se enfrenta y afronta la triste y dura realidad de la salud mental está más que acreditado. Hablar y teorizar es relativamente fácil, vivir y sentir en primera persona y en el día a día situaciones verdaderamente desbordantes es una tarea ardua y difícil.
Pero no es suficiente, ni mucho menos, comprender ese dolor y solidarizarnos con él.
Hemos de dar pasos, luchar por generar recursos y medios para dar una respuesta cualificada y profesional a esta problemática, sin olvidar el necesario trato humano, muy humano, a la hora de abordar esta tarea. Es realmente agradable ver el abanico de posibilidades y el trabajo que se realiza en este ámbito. Todo ello motiva a la esperanza y a confiar en que la respuesta de tratamiento es cada vez más amplia y mejor, sin embargo, aunque se progresa adecuadamente es necesario mejorar. Es fundamental tomar conciencia de algo que realmente afecta, directa o indirectamente, a toda la sociedad.
No podemos mirar hacia otro lado, no podemos hacer oídos sordos, ni mucho menos dar la callada por respuesta.
Hemos de dar pasos, luchar por generar recursos y medios para dar una respuesta cualificada y profesional a esta problemática, sin olvidar el necesario trato humano, muy humano, a la hora de abordar esta tarea.
Los datos son cada vez más preocupantes y detrás de los números hay personas sufriendo, cargadas de angustia y de miedo, de incertidumbre e inseguridad.
Personas confundidas y desconcertadas, incapaces de comprender la realidad en la que están sumergidas ellas o sus familias. La salud cuando lleva el apellido de mental se convierte en una auténtica pesadilla, un mal sueño del que es muy difícil despertar. No es fácil vivir la enfermedad mental, asumirla, gestionarla, … en cualquier momento lo imprevisible se hace realidad transformándolo todo y, desgraciadamente muchas veces, complicándolo todo.
Añadir a la problemática de las adicciones, sean del tipo que sean, la enfermedad mental supone potenciar el problema e incrementar la dificultad para reconducir la vida.
Él tratamiento requiere mucho más que buena voluntad, hemos de adquirir el mayor conocimiento y la formación permanente de los profesionales, sin descartar nuestra capacidad de mantener viva una visión humanista hacia quienes se encuentran sumergidos en los mundos de Dioniso, Jano o la mismísima Higia.
Una visión tremendamente humana, tratando de aceptar, tolerar y querer al otro desde lo diferente de su manera de ser y estar. Si somos capaces de entender circunstancias duras y dramáticas lejanas en el tiempo y en el espacio, hemos de poner todo de nuestra parte para integrar la realidad del mundo de las adicciones y la salud mental.
Una realidad muy cercana y cada vez, nos guste o no, más presente en nuestro mundo de hoy, no olvidemos que él 50% de las personas que entran en nuestros recursos padecen una enfermedad mental grave que comparten con su problema de adicciones. Abramos los ojos, el corazón y la mente para llevar a la práctica el mejor abordaje no sólo del problema de las adicciones y la salud mental sino, sobre todo, la acogida, el entendimiento y la ayuda hacia la persona que vive inmersa en esa situación. No olvidemos que el otro, mi vecino, mi familiar, mi amigo, mi ser querido, … puedo ser yo y por lo tanto estamos llamados humanizarnos por el bien de ellos y el nuestro.
Las instituciones, públicas y privadas, las ONGs, el mundo de la solidaridad en general y cada uno en particular hemos de posicionarnos para poner en escena todo tipo de situaciones que sumen a la persona en el dolor y el sufrimiento, luchando por cambiar esa realidad y generando esperanza.
Proyecto Hombre lo tiene claro desde sus orígenes y mantiene su visión y su compromiso humanista, poniendo a la persona en el centro y por encima de todo.
Que este tiempo de Navidad nos ayude a reavivar y revivir nuestro compromiso. Feliz Navidad.