¿Qué es la salud mental?
Autoría: Alejandro Rocamora Bonilla. Licenciado en Medicina y Especialista en Psiquiatría.
Concepto
Existen dos definiciones de salud mental que son mis favoritas: una es del Congreso de Médicos y Biólogos de Lengua Catalana del año 1976 y otra de Freud. La primera dice así: La salud mental es “aquella forma de vivir autónoma, solidaria y profundamente alegre” (citado por Duro Martínez, 2014). Es decir, pone el énfasis en el bienestar personal, partiendo del convencimiento de que el ser humano es único e irrepetible y por lo tanto necesita mantener su autonomía, lo que no es óbice para que tenga en cuenta al otro y sea solidario. Y Freud, ya anciano, pues era el verano de 1939, ante la pregunta de un periodista qué era para él una persona sana, madura e integrada en la sociedad, responde de forma breve e intuitiva: “Amigo mío, cualquier persona capaz de amar y trabajar” (citado por Botbol Acreche, 2021). El periodista, que esperaba un largo discurso, se quedó sorprendido con la brevedad de la respuesta. Amar, como necesidad del ser humano de proyectar sobre otros sus propios afectos y también recibir de los demás valoración y aprecio; y trabajar, no solo como sinónimo de realizar una tarea remunerada, sino más bien como la posibilidad que toda persona tiene de modificar la realidad y de crear y ofrecer algo al otro.
La locura, también, es un interjuego de fuerzas que abarca la influencia de los padres, la escuela, la misma sociedad y el propio desarrollo psicológico del niño, junto a una predisposición genética, que hoy día no sabemos concretar. Esta interacción del yo con el otro se altera si se producen cambios en alguno de los términos de la relación. Es como los vasos comunicantes: una modificación de un elemento (familia, escuela, etc.) puede transmitir una perturbación en el otro. Pero, sobre todo, la mutación dependerá del individuo y de su propia actitud ante la vida. Eso sí, podemos concluir que el enfermo mental no nace (en sentido estricto), sino que se va configurando a lo largo de su existencia.
Por esto, nosotros consideramos que la enfermedad mental es un proceso complejo, en el que intervienen aspectos biológicos, psicológicos y sociales. Es más, y aunque admitimos que las vivencias infantiles de los primeros años de existencia son muy importantes en el desarrollo psicológico de la persona, tampoco son determinantes.
Y esto es así, porque, pese a las circunstancias más o menos adversas, siempre el individuo tiene capacidad para elaborar y rectificar. Es decir, lo definitivo no es la vivencia traumática sino cómo el individuo la asume. Cada persona, en esencia, es responsable de su éxito o fracaso, de su particular partida de ajedrez, que es su propia vida.
La salud mental es un “continuum”
La enfermedad mental y la salud mental es un continuum. No existen los “sanos” y los “locos”, como estados estancos, sino que podemos ir saltando de un bando a otro. Por esto una buena representación de lo que es la salud mental se puede hacer con la cinta de Möbius. Esta es una superficie con una sola cara y un solo borde. Tiene la propiedad matemática de ser un objeto no orientable. Fue descubierta independientemente por los matemáticos alemanes Möbius y Listing en 1858. Es un continuum. También, es el símbolo gráfico internacional del reciclaje, que indica la cualidad cíclica de muchos procesos de la naturaleza. Una de sus aplicaciones prácticas es como cinta transportadora, que se desgasta por igual por las dos caras. Así, la locura y la cordura no son dos estadios estancos diferenciados, sino que todos podemos apropiarnos la definición que dio Sancho Panza de Don quijote: “es un loco cuerdo”.



En uno de los documentos de la OMS (2001), con una mirada transcultural, se dice que:
En las distintas culturas, los estudiosos han definido de formas diversas la salud mental, concepto que abarca, entre otros aspectos, el bienestar subjetivo, la percepción de la propia eficacia, la autonomía, la competencia, la dependencia intergeneracional y la autorrealización de las capacidades intelectuales y emocionales. Desde una perspectiva transcultural es casi imposible llegar a una definición exhaustiva de la salud mental. Se admite, no obstante, que el concepto de salud mental es más amplio que la ausencia de trastornos mentales” (p. 5).
En la práctica, desde la perspectiva fenomenológica, la salud mental supone:
A) ausencia de alteraciones psicopatológicas, reconocibles como componentes de un cuadro clínico psiquiátrico;
B) existencia de una organización madura de la personalidad, y
C) adaptación adecuada de la persona a los distintos conflictos y momentos evolutivos de la vida.
Adaptación, entendida según Piaget e Inhelder (1955), es como el equilibrio entre los movimientos de asimilación y acomodación. Asimilación, como sinónimo de la capacidad de incorporar elementos y vivencias del medio, del entorno; y acomodación, como la posibilidad de modificar la propia estructura del individuo en función de las exigencias de ese mismo medio. Cuando se consigue ese equilibrio, entre esas dos tendencias, se habrá logrado una adaptación sana, creativa, no patológica, ni destructiva. Como se comprenderá, todo esto no es un estado (algo estático), sino un proceso que dura toda la vida.
El sujeto va configurando su personalidad, su modo de estar en el mundo, a lo largo de su propia historia biográfica y en contacto directo consigo mismo y con el entorno. Las vivencias externas e internas (conscientes o inconscientes) son las que van moldeando al individuo y constituyendo lo que Bergeret (1980) llamó la estructura. En sus Nuevas Lecciones Introductorias al Psicoanálisis, dijo Freud (1932) que, si dejamos caer al suelo un bloque de mineral en forma cristalizada, se rompe, pero no de forma aleatoria; las fracturas seguirán las líneas de clivaje cuyos límites y direcciones, aunque invisibles exteriormente, se encontraban ya determinados de forma original e inmutable. Ocurre lo mismo con la estructura psíquica. El sujeto con estructura neurótica se romperá con un cuadro neurótico, y el sujeto con estructura psicótica evolucionará hacia una psicosis. Existe una posición intermedia que dará lugar a las personalidades bordeline.
La enfermedad mental es un enigma, pues desconocemos su origen. ¿Por qué se produce la esquizofrenia o la depresión mayor? Es una pregunta sin respuesta
Podemos concluir diciendo que la normalidad se identifica con un equilibrio inestable que fluye a lo largo de toda la vida del sujeto y que supone una actitud de atención-defensa ante sí mismo y ante los demás, pero sublimando todas las dificultades, sin huir, atacar o quedarse pasivo ante el conflicto.
La salud mental, en definitiva, es el resultado dialéctico entre el sujeto (en su totalidad) y el ambiente. Este proceso dialéctico puede ser progresivo o recesivo; es decir, puede proporcionar un avance o un retroceso en la evolución del individuo.
Es más, esta dinámica no es lineal, sino que puede hacer un curso quebrado, con paradas, avances y retrocesos, dependiendo de múltiples factores y, sobre todo, de cómo el sujeto va elaborando los diferentes acontecimientos de su vida. Por definición, es una posición (algo dinámico), que fluye a lo largo de toda la vida del sujeto. La salud mental no se consigue en un momento de la existencia, sino que es un programa que debe ser actualizado constantemente y que solo concluye con la muerte.
Enigma y estigma
El ser humano sufre dos miedos ancestrales: miedo a la muerte y el miedo a la locura. Ambas situaciones nos llevan a la aniquilación: la muerte es el final de la vida, y la locura, la grave patología psiquiátrica, en ocasiones es como un corredor sin retorno, pues en algunas ocasiones no tiene posibilidad de recuperación. En ambos casos se produce la “desaparición” del sujeto. Además, la locura es un enigma y un estigma.
La enfermedad mental es un enigma, pues desconocemos su origen. ¿Por qué se produce la esquizofrenia o la depresión mayor? Es una pregunta sin respuesta.
Sabemos las consecuencias, pero no su causa principal. Por ejemplo, las personas que padecen una esquizofrenia sabemos que se ha producido un incremento de un neurotransmisor (la dopamina) pero desconocemos la causa de esta subida. Lo mismo ocurre en el caso de una depresión mayor, aunque en esta situación lo que pasa es una disminución de la serotonina o noradrenalina, principalmente. Pero, ¿por qué ocurre? Se desconoce. La conclusión es que existen factores neurológicos, pero también psicológicos y sociales, y, por lo tanto, el tratamiento de estas enfermedades debe ser integral y contemplar a la persona en su totalidad.
También la enfermedad mental es un estigma, por lo que la sociedad actual rechaza a la persona con una patología psíquica, e incluso el propio sujeto que la padece se aísla y se produce un autoestigma. En otras épocas la enfermedad estigmatizada fue la tuberculosis, el SIDA o el propio cáncer.
Es cierto que tras la pandemia de la COVID-19 la sociedad se siente más sensibilizada con el enfermo mental y varios personajes famosos nos han hecho partícipes de su enfermedad mental. No obstante, todavía falta un largo camino hasta la aceptación total del enfermo mental.
Mitos
A lo largo de la historia de la humanidad “el loco” se ha identificado con los endemoniados, “los poseídos”, los embrujados, y en alguna ocasión, con los tontos. Es decir, con seres que han perdido la capacidad de decidir y de actuar. Por esto, en alguna ocasión, se ha llamado a la locura la “patología de la libertad”.
El mito, lo podemos definir, como “una leyenda urbana” que de tanto repetirla parece que fuera verdadera. Entre las ideas erróneas que existen sobre la enfermedad mental, indicamos las siguientes: Es una enfermedad transmisible: es cierto que algunas enfermedades mentales (esquizofrenia y trastornos bipolares, depresión mayor) pueden tener un componente genético (en la actualidad aún es desconocido), que puede predisponer a esas enfermedades, pero el resto del abanico de trastornos psíquicos (las neurosis, los trastornos de personalidad), el factor decisivo es el medio psicosocial en el que el individuo se desarrolla y, sobre todo, cómo cada persona ha elaborado las distintas experiencias familiares, sociales y personales.
Es una enfermedad incurable: no podemos meter en el mismo saco los cuadros psicóticos y los cuadros neuróticos o los trastornos depresivos; y, por tanto, habría que analizar cada enfermedad, sus características propias y su desarrollo para poder definir su incurabilidad o no.
Locura es sinónimo de agresividad: generalmente los medios de comunicación son muy receptivos ante los acontecimientos agresivos (crímenes, suicidios, etc.), pudiendo transmitir la visión de que el enfermo mental es un ser peligroso. Titulares como “un esquizofrénico mata a su madre”, en la prensa escrita, no ayuda a comprender y aceptar al enfermo mental.