Una mirada desde el género a la prevención de drogodependencias
Autoría: María Aránzazu Fernández Rodríguez, Directora Área de Prevención Fundación CEPSA- Proyecto Hombre Asturias.
La incorporación del enfoque de género en el campo de los consumos de drogas y de las drogodependencias es un asunto reciente y con muchas incógnitas por resolver, particularmente en el ámbito de la prevención. Inicialmente, el interés por este tema se centró en averiguar qué aspectos eran relevantes para el tratamiento de las mujeres en situación de drogodependencia, prestando menos atención a la influencia de esta variable en el diseño e implementación de programas preventivos. No obstante, se aprecia en los últimos años un movimiento que pretende incorporar una mirada desde el género a la prevención. Para ello, es necesario revisar los modelos teóricos que orientan el desarrollo de los programas preventivos desde una perspectiva que tenga en cuenta la influencia de esta variable en las conductas de riesgo, así como diseñar intervenciones sensibles al género.
Diferencias en los factores de riesgo en función del género
Las investigaciones desarrolladas en las dos últimas décadas que analizan la influencia del género en los usos y abusos de drogas nos ayudan a comprender mejor la conexión entre esta variable y las conductas de riesgo, así como su influencia en los factores precursores del desarrollo de estos comportamientos.
Una reciente recopilación de evidencias sobre diferencias en factores de vulnerabilidad y resiliencia llevada a cabo por la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito [UNDOC] (2016) señala que los adolescentes muestran un mayor riesgo genético de dependencia al alcohol, mientras que las adolescentes pueden desarrollar trastornos por uso de sustancias más rápidamente, incluso con cantidades menores de consumo de esta sustancia. En lo que se refiere a factores de tipo familiar, se observa que el apego y el vínculo familiar, así como una supervisión adecuada, una comunicación efectiva y la transmisión de valores positivos, tienen un impacto más significativo en las adolescentes. Mientras que la regulación conductual y el entorno comunitario afectan más a los adolescentes en general.
Además de los factores de tipo individual y familiar, es importante considerar otros factores de tipo ambiental, social o cultural como la tolerancia social hacia el consumo de determinadas sustancias o la disponibilidad, accesibilidad, promoción y publicidad, entre otros. Estos factores de tipo estructural están claramente influenciados por la socialización de género. Por ejemplo, se ha demostrado que una normativa social más permisiva respecto al consumo de drogas entre los varones es un factor de riesgo significativo en los adolescentes (López y Rodríguez-Arias, 2010). Por otro lado, el patriarcado ha sido identificado como un factor de riesgo para las mujeres al invisibilizar sus consumos y promover un mayor estigma y sanción social, entre otras cuestiones (Burgos, 2020).
Otras investigaciones indican la existencia de factores de riesgo específicos para las chicas como la violencia contra las mujeres, la presión social por la imagen corporal, la exposición a eventos vitales estresantes o la tendencia a estados de ánimo ansioso-depresivos (Foster et al., 2015; Schwinn et al., 2016).
Como puede observarse, las diferencias en los factores de inicio y mantenimiento del consumo de drogas en función del género han sido objeto del interés investigador de los últimos años, encontrándose evidencias de la existencia, por un lado, de factores de riesgo comunes para ambos sexos que ejercen una mayor o menor influencia en unos y otras, y por otro, de factores de riesgo específicos para las chicas. Esta cuestión es crucial para el diseño de programas e intervenciones preventivas.
La influencia del género en la efectividad de los programas de prevención
A partir de las diferencias entre chicos y chicas anteriormente comentadas, parece lógico pensar que el impacto de las intervenciones preventivas podría no ser igual para todas las personas. Sin embargo, son escasos los estudios empíricos que analizan la efectividad de los programas desde una perspectiva diferencial. Los pocos trabajos realizados han encontrado resultados variados. Algunos programas muestran efectos en las chicas, pero no en los chicos y a la inversa, aunque por lo general parece que el enfoque tradicional dominante en los programas de prevención beneficia más a los adolescentes (Kumpfer et al., 2008; Springer et al., 2002).
A pesar de la escasa investigación realizada, se aprecia en los últimos años un esfuerzo institucional por abordar dicho tema y revisar la efectividad de las intervenciones preventivas desde esta óptica. Los resultados principales de estas evaluaciones subrayan la importancia de integrar el enfoque de género en las estrategias preventivas, adoptando un enfoque dual. Esto implica el diseño de intervenciones específicas para mujeres, así como la incorporación en los programas universales de componentes que consideren el impacto diferenciado de los factores de riesgo (Blake et al., 2001; Kumpfer et al., 2008; Sánchez, 2014; UNDOC, 2016).
En relación con los programas específicos, es importante destacar que el diseño de intervenciones exclusivamente dirigidas a mujeres no garantiza automáticamente la adopción de una perspectiva de género. Es fundamental incluir componentes que aborden factores específicos de vulnerabilidad como la gestión del estrés y la ansiedad, la influencia social, la imagen corporal o las relaciones de pareja, entre otros (UNDOC, 2016).
Respecto a los programas universales, cabe señalar que el diseño de intervenciones más efectivas requiere integrar el enfoque de género en todas las etapas del proceso de elaboración del programa. Esto implica, la adopción de una mirada de género desde las fases iniciales del programa (como la conceptualización de la problemática a abordar y la evaluación de las necesidades y características de la población objetivo) hasta la fase final de evaluación de su efectividad (Fernández-Rodríguez et al., 2021). En este sentido, es imprescindible que los programas de prevención se orienten hacia la transformación social en clave feminista, incorporando en la intervención elementos que aborden explícitamente la intersección entre estos consumos y la socialización de género, tratando de evitar caer en esencialismos y reduccionismos.
Ampliando la visión
La evolución experimentada en el ámbito de la prevención desde finales del siglo pasado ha sido notable, no solo en lo que se refiere al número y tipo de programas diseñados (que ha ido creciendo de manera exponencial), sino también en cuanto al enfoque desde el que se conciben las intervenciones preventivas (principalmente basado en la evidencia). En este progreso, es crucial incorporar la perspectiva de género. Reflexionar sobre las bases teóricas de los programas de prevención en clave de género o evaluar la influencia de esta variable en la efectividad de las intervenciones preventivas, nos permite continuar mejorando el trabajo realizado en este campo.
Para ir enfocando la mirada en esta dirección es fundamental la formación en materia de género y feminismo de las personas que desarrollan su labor profesional en este el ámbito de intervención.