El tecnoestrés, una actualidad silenciosa

Autor: Asociación Proyecto Hombre      08/08/2021     

Por Víctor San José Pascual y Fernando Ribas de Pina

¿Qué es el tecnoestrés? El tecnoestrés es un aspecto de la realidad laboral que nos acompaña desde hace ya varios años, en los que la tecnología ha ido ganando espacio en los entornos de trabajo. Con la finalidad de facilitar, agilizar o simplificar las tareas se ha apostado por la renovación de dispositivos y los procedimientos de cómo se llevaban estas a cabo.

Hay varias maneras de explicar en qué consiste, de manera general, se plantea como: “Una enfermedad de adaptación causada por la falta de habilidad para tratar con las nuevas tecnologías de manera saludable”. Esta definición se creó en la década de los 80, con lo que ni es un concepto nuevo, ni es un riesgo laboral reciente. Quizás por todo lo vivido desde marzo del 2020 sea un suceso mucho más cercano a nuestra vida que en años anteriores.

Es innegable que el desarrollo de las PDA o la sofisticación de la robótica en diversos sectores, ya cambió la manera de trabajar, con su obligatoria adaptación. Pero a raíz de este cambio social fomentado a partir de las medidas llevadas a cabo por la situación del covid-19, ha hecho que de la noche a la mañana millones de personas hayan tenido que adaptarse a una nueva manera de llevar a cabo su labor.

¿Qué consecuencias hemos tenido? 

Los dispositivos conectados a internet se han convertido en herramientas necesarias para todos los miembros de la familia, con las consiguientes adquisiciones. Necesitando conocer el funcionamiento de diversas aplicaciones, de trabajo en grupo, de almacenamiento en la “nube” y especialmente para realizar videoconferencias.

Junto a la adaptación de la realización de tareas en remoto, y los diversos procedimientos, tanto impuestos desde las empresas, como resultado de los cambios en las condiciones sociales por la pandemia.

Dependiendo de las características personales de cada individuo, de las peculiaridades de cada empleo y de la manera en cómo cada organización ha llevado las adaptaciones, la presencia del tecnoestrés se ha presentado de diferentes formas, a veces de varias en la misma persona. La principal característica, como su propio nombre indica, es de un cuadro de estrés, que de acuerdo a su sintomatología adopta una definición u otra.

La Tecnoansiedad –  pudiendo generar pensamientos negativos hacia su competencia y su capacidad personal y profesional. Resultado del fuerte aumento de la tensión, ansiedad y malestar causado por la tecnología, apareciendo episodios de cansancio y agotamiento físico-mental, cefaleas, dolores musculares, agotamiento mental o incluso el “síndrome de la fatiga informativa”

La Tecnofatiga – resultado de la alta exigencia laboral por las grandes demandas del uso de la tecnología, llegando a darse actitudes variadas, desde la frustración a la resignación ante los cambios, incluso reacciones de agresividad. 

La Tecnoadicción – una pérdida de control sobre el empleo de los dispositivos tecnológicos. Que se muestra con la necesidad de realizar un uso continuo, sin sentirse capaz de dejar de utilizar los dispositivos, durante largos periodos de tiempo. 

Nos encontramos ante una serie de síntomas que suponen en sí mismos un deterioro de la salud, pero que además son un claro factor de riesgo frente a las conductas adictivas.

La importancia de dar visibilidad a esta realidad laboral

Pensamientos negativos, ansiedad, tensión, fatiga, agotamiento, frustración e incluso dificultad para desconectar de la tecnología. Un conjunto de malestares de diversa índole frente a los que parece una opción aceptable la insensibilización o la evasión.

La automedicación o la sobre-medicación, para hacerlos más soportables, pueden ser la opción de algunas personas, de hecho, el consumo de hipnosedantes es uno de los que más ha aumentado durante estos meses.

Evadirse y desconectar totalmente también puede ser la opción de otras personas, sea mediante sustancias legales, alcohol, por ejemplo, o ilegales; las ilegales conllevan riesgos añadidos, pero el principal peligro está en la frecuencia, la cantidad y el momento.

Cada vez se opta más por potenciales adicciones comportamentales, puesto que su respuesta neurológica no tiene nada que envidiar (como actividad de evasión) a la de las sustancias. Las apuestas deportivas, o la inmersión durante horas en videojuegos, son las más habituales. Lo que no excluye el consumo en paralelo de sustancias.

Por todo ello, se entiende la importancia de dar visibilidad a esta realidad laboral. Que, en estos tiempos, está teniendo un mayor protagonismo, pero que lleva acompañándonos desde hace mucho tiempo. Es importante ser consciente de cómo cada uno nos relacionamos con la tecnología, que uso hacemos de ella y como nos comportamos ante los cambios en el ámbito laboral. Teniendo mucha importante, del mismo modo, la manera en como las empresas llevan a cabo estas modificaciones y las políticas para gestionar los periodos de adaptación.

Los dos problemas presentados, el del tecnoestrés y el de las conductas adictivas, se pueden y se deben de prevenir, priorizando la salud como un generador de bienestar, no solo al individuo concreto sino al entorno de trabajo, a la empresa y a la sociedad en general. La prevención, la reducción de los factores de riesgo y la promoción de los de protección, la formación y la creación de protocolos de actuación y acuerdos que recojan la opción de tratamientos cuando la prevención no ha bastado; son estrategias al alcance de todas las empresas a través de los profesionales especializados en ello. Una inversión con un alto retorno, según un análisis reciente de Cigna International Markets con la consultora Asia Care Group, de hasta 60 veces la inversión inicial.


Referencias:

  • Craig Brod (1984) «Technostress: The Human Cost of the Computer Revolution»
  • María Paula Botero González (2013) “Una reflexión sobre el tecnoestrés: implicaciones psicosociales en la salud laboral”.