Ibe Christogonus, fundador y director ejecutivo de African Youths Initiative on Crime Prevention: «Las intervenciones deben adaptarse a los contextos locales, teniendo en cuenta las creencias culturales, los valores tradicionales, las prácticas religiosas, las condiciones económicas, las estructuras familiares y las actitudes de la comunidad frente al consumo de sustancias»
En el marco del ‘Barcelona Forum on Drugs’, hablamos con Ibe Christogonus Chidiebere, fundador y director ejecutivo de la ONG ‘African Youths Initiative on Crime Prevention’, sobre el desafío al que se enfrenta la sociedad actual en relación con el consumo de drogas.
Director de African Youths Initiative on Crime Prevention, Nigeria (https://ayicripafrica.org/)
Pregunta. Basándose en su experiencia como experto en la sociedad civil, ¿cuál es el mayor desafío al que se enfrentan las sociedades hoy en día para reducir el consumo de drogas y sus consecuencias?
Respuesta. Entre los aspectos que no estamos abordando de manera adecuada en el ámbito de la prevención del consumo de sustancias, el tratamiento y la política sobre drogas, cabe señalar: la financiación insuficiente para los programas de prevención; el acceso limitado a tratamientos y procesos de rehabilitación basados en evidencia científica; la falta de sensibilización pública; la estigmatización de las personas que consumen drogas; la aplicación deficiente de las políticas existentes; la carencia de investigaciones y sistemas de recopilación de datos adecuados; y la escasa participación de los jóvenes en el desarrollo de políticas. Asimismo, es necesario abordar los factores socioeconómicos —tales como el desempleo, la pobreza, la presión de grupo y las dificultades familiares— que contribuyen al consumo de sustancias.
Para mejorar nuestro enfoque, debemos pasar de las medidas punitivas a estrategias fundamentadas en la evidencia científica, centradas en los derechos humanos y orientadas hacia la salud pública. Los gobiernos deberían invertir más en la prevención temprana, la educación en el entorno escolar, la participación comunitaria, el apoyo a las familias, el acceso a tratamientos, la rehabilitación y los servicios de recuperación a largo plazo. Es imperativo fortalecer la colaboración entre las instituciones gubernamentales, las organizaciones de la sociedad civil, los profesionales de la salud, las familias y los jóvenes. Además, las políticas sobre drogas deben basarse en la investigación científica, datos fiables, una evaluación continua y una participación significativa de los jóvenes, a fin de garantizar un impacto sostenible y lograr comunidades más saludables y seguras.
P. ‘Barcelona Forum on Drugs’ reúne a gobiernos, investigadores, profesionales, sociedad civil, jóvenes y personas expertas. ¿Qué debemos hacer para transformar esta colaboración en un cambio real?
R. Para transformar la colaboración en ‘Barcelona Forum on Drugs’ en un cambio real, debemos ir más allá del diálogo y convertir nuestros compromisos colectivos en acciones prácticas basadas en la evidencia. Los gobiernos, investigadores, profesionales, la sociedad civil, los jóvenes y las personas con experiencia directa deben trabajar conjuntamente para desarrollar políticas sobre drogas inclusivas que prioricen la prevención, el tratamiento, la rehabilitación y los derechos humanos.
Es necesario fortalecer las alianzas, compartir investigaciones, movilizar financiación sostenible y establecer responsabilidades claras, objetivos medibles y mecanismos de rendición de cuentas. Los jóvenes y las personas con experiencia directa deben participar de manera significativa en el desarrollo de políticas, la implementación de programas y la evaluación, en lugar de ser considerados meros beneficiarios.
Asimismo, debemos promover el intercambio de conocimientos, apoyar iniciativas comunitarias y alentar a los gobiernos a adoptar intervenciones eficaces basadas en la evidencia. Una cooperación regional e internacional más sólida resulta fundamental para abordar los nuevos desafíos relacionados con las drogas.
En última instancia, el éxito del Foro no debe medirse por el número de debates celebrados, sino por las políticas implementadas, las vidas mejoradas y las comunidades transformadas.
Espero que el ‘Barcelona Forum on Drugs’ contribuya de manera significativa a transformar las narrativas en torno a la lucha global contra el consumo de sustancias, especialmente entre los jóvenes
P. La adicción es un problema global, pero las realidades sociales y culturales difieren enormemente. ¿Qué debería compartirse a nivel mundial y qué debe adaptarse a cada contexto local?
R. La adicción es un problema global que requiere colaboración internacional, al tiempo que reconoce las realidades sociales, culturales, económicas y religiosas de las distintas comunidades. A escala mundial, debemos compartir estrategias de prevención basadas en la evidencia, modelos de tratamiento eficaces, resultados de investigaciones, normas sobre derechos humanos, formación profesional y prácticas de rehabilitación exitosas. La cooperación internacional resulta asimismo fundamental para abordar el narcotráfico, la aparición de nuevas sustancias, los desafíos en materia de salud pública y las consecuencias sociales de la adicción.
No obstante, las intervenciones deben adaptarse a los contextos locales, teniendo en cuenta las creencias culturales, los valores tradicionales, las prácticas religiosas, las condiciones económicas, las estructuras familiares y las actitudes de la comunidad frente al consumo de sustancias. En África, por ejemplo, los programas de prevención deberían involucrar activamente a las autoridades tradicionales, los líderes religiosos, las familias, las escuelas, las organizaciones juveniles y las instituciones comunitarias, con el fin de superar el estigma y fomentar la intervención temprana. Los gobiernos y la sociedad civil deben desarrollar políticas adaptadas al contexto local que respondan a las necesidades de las poblaciones vulnerables. En definitiva, si bien el conocimiento global debe servir de base, son las comunidades locales quienes deben definir la implementación, garantizando así que los programas de prevención, tratamiento y recuperación sean accesibles, aceptables, sostenibles y eficaces.
P. ¿Qué crees que puede aportar el ‘Barcelona Forum on Drugs’?
R. Espero que este foro contribuya de manera significativa a transformar las narrativas en torno a la lucha global contra el consumo de sustancias, especialmente entre los jóvenes. Entre las nuevas narrativas que se esperan, cabe destacar el paso de enfoques punitivos hacia intervenciones basadas en la evidencia, centradas en los derechos humanos y la salud pública; la priorización de la prevención temprana, la educación y la participación comunitaria; y el reconocimiento de los jóvenes como socios activos en el desarrollo de políticas, en lugar de meros beneficiarios pasivos. El Foro también fomentará una colaboración más sólida entre gobiernos, sociedad civil, investigadores, profesionales y personas con experiencia directa en la materia. Confío en que impulse estrategias de prevención culturalmente adaptadas, mejore el acceso al tratamiento y la rehabilitación, aborde el estigma y la discriminación, y refuerce la inversión en iniciativas lideradas por jóvenes. En última instancia, el Foro debería inspirar políticas sostenibles, una responsabilidad compartida y acciones prácticas que ataquen las causas profundas del consumo de sustancias, empoderando a los jóvenes para que se conviertan en agentes de cambio en la construcción de comunidades más saludables, seguras y resilientes frente a las drogas en todo el mundo.
Este foro debería prestar mayor atención a África y al conjunto del Sur Global, promoviendo asociaciones internacionales equitativas. Las naciones desarrolladas deberían colaborar con los países del Sur Global para abordar las causas fundamentales del consumo de sustancias, en particular la pobreza, el desempleo y la corrupción. Dichas asociaciones deberían fortalecer la prevención basada en la evidencia, el acceso a tratamientos, la investigación, el desarrollo de capacidades y la formulación de políticas inclusivas, garantizando que las realidades locales, los valores culturales y las voces de las comunidades afectadas se vean reflejados en políticas globales sobre drogas que sean sostenibles.